lunes, 19 de noviembre de 2012

Reminiscencias de Kropotkin. Visita al Gran Reformista


Dos años en Rusia
Diez artículos publicados en The World por Emma Goldman
Tomado de la Revista quincenal New York 1923
Traducidos y editado por AURORA
Pequeña biblioteca calamvs scriptorivs
Barcelona 1978


Entre los que yo deseaba ver cuando llegué a Rusia en enero de 1920, era Pedro Alexeivitch Kropotkin. Inmediatamente averigüé la manera de encontrarlo. Me informaron que el único medio que ería cuando fuese a Moscow, debio al hecho que Kropotkin vivía en Dmitroff, una pequeña aldea a unas 60 versts de distancia de la ciudad. Debido al país estar tan desvastado por la guerra, no me quedó otro recurso que esperar  a una oportunidad de ir a Moscow, pero afortunadamente pronto se me presentó una oportunidad.
A principios de marzo varios comunistas prominentes fueron a Moscow,entre ellos Radek y Gorky, y me permitieron ir en su mismo coche. Cuando llegue a Moscow, procuré medios de llegar a Dmitroff pero volví a encontrar obstáculos. Me enteré que era casi imposible viajar. El tifus estaba en su apogeo y las estaciones de ferrocarriles estaban agotadas de gentes que esperaban semanas enteras por trenes. Cuando aparecía un tren se trataba de una lucha por la posesión de una pulgada de espacios en los vagones. Quinientas personas se aglomeraban en un vagón que tenía capacidad tan sólo para cincuenta. Hambrientos y cansados se subían hasta el techo de los vagones in preocuparse del frío intenso, y del peligro de caerse, no había un viaje que no contase con varias víctimas que perecían heladas. Yo estaba desalentada pues había oído de que Kropotkine se estaba encontraba enfermo y temía que no viviese hasta la primavera;  no me atrevía a pedir un carro especial ni podía reunir la suficiente energía para ir en la forma ordinaria. Una circunstancia inesperada me vino a sacar del dilema. El editor del Diario Herald de Londres, acompañado de unos de sus corresponsales me había precedido en Moscow. También los que querían visitar a Kropotkin, y se les había otorgado un carro especial. Junto con Alejandro Perkman y A. Shapiro pude reunirme con el Sr. Lansbury y hacer el viaje a salvo.
La casa de Campo de Kropotkin estaba situada detrás de un jardín a poca distancia de la calle;  en la oscuridad de la noche se notaba tan sólo la opaca luz de una lámpara de petróleo que alumbraba el camino hacia la casa. Luego me enteré que el petróleo estaba escaso en casa de Kropotkin  y que era necesario economizarlo. Después de que Pedro hacía su trabajo diario, la misma lámpara tenía que ser usada en la sala donde se reunía la familia en la noche. Fuimos muy bien recibidos por Sofía Kropotkin y su hija, quienes nos condujeron  a la habitación donde estaba el gran hombre.
La última vez que le había visto fue en 1907 en París, después del Congreso Anarquista de Ámsterdam. Kropotkin  que por muchos años se le había prohibido la entrada a Francia, acababa de recibir permiso para volver. En aquel tiempo tenía ya sesenta  y cinco años, pero aparentaba tan lleno de vida y estaba aun tan alerta, que parecía mucho más joven. Fue de gran inspiración para todos los que tuvimos la fortuna de tener algún contacto con él. Nadie podía creer que Pedro Alexivitch fuese viejo, pero no sucedió así en marzo de 1920. Me sorprendí de su transformación, estaba enflaquecido, extenuado. Nos recibió con su característica gracia. Desde un principio comprendimos que nuestra visita no podría ser satisfactoria; Pedro no podría hablar con franqueza en presencia de dos desconocidos y más siendo corresponsales. Después de una conversación general, rogamos a la Sra. Kropotkin y Sasha que entretuvieran  a los visitantes ingleses mientras nosotros hablábamos en idioma ruso con Kropotkin. Además de mi interés en su salud, estaba también muy deseosa de recibir de él alguna luz sobre asuntos de importancia que ya comenzaba a perturbar mi mente, la relación del Bolchevique con la revolución; los métodos despóticos que, según me aseguraban habían sido impuestos a los gobernantes por la intervención y el bloqueo. ¿Qué pensaba Kropotkin de esto y cómo explicaría su largo silencio?
No he hecho nota alguna de nuestra conversación y daré tan sólo la esencia de ella. Esta fue al efecto de que la Revolución Rusa llevó al pueblo a una gran altura y había empavonado el camino hacia grandes cambios sociales. Si entonces se le permitiera utilizar al pueblo sus energías, Rusia no estaría ahora en situación tan arruinada.
Los Bolsheviques que fueron empujados al frente por la ola revolucionaria, pusieron atención en un principio a los cantos revolucionarios del pueblo, y en esta forma ganaron la confianza de las masas y la ayuda de los militares revolucionarios.
A principios de octubre los Bolsheviques empezaron subordinar el interés de la revolución a la edificación de la dictadura, y esto paralizo toda actividad social. Kropotkin se refería a la Co-operativa como el medio principal que en su opinión, podría unir los intereses del campesino con los de los trabajadores. Pero estas
co-operativas fueron las primeras que se destruyeron. Habló acaloradamente de la depresión, persecución y cruel acecho de cualquier sombra política u opinión. Sobre todo estaba más firme contra el gobierno Bolshevique por haber desacreditado así al Socialismo y el Comunismo ante el pueblo ruso.

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