sábado, 15 de septiembre de 2012

La milicia revolucionaria y las elecciones.


Por Mariana.

El nombre es atractivo,
milicia revolucionaria, parece de novela, el sueño de cualquier revolucionario antimilitarista, trae ecos de la guerra civil española, del asalto al Palacio de Invierno. Lástima que es, y no más, que una fábula, un cuento, que oculta una maniobra de las neo-dictaduras militaristas de los últimos años. Pasó en Libia, en Irak, en Panamá y pasa en Irán y en Venezuela, donde los autoritarismos gobernantes han modificado el viejo modelo de apoyarse en los ejércitos nacionales para pasar a sostenerse en grupos armados personales.

La gente no ha seguido la enseñanza de la democracia de Atenas que, luego de la batalla naval de Salamina, la más grande la antigüedad en la que derrotaron al imperio persa, enviaron al ostracismo a Temístocles, el general que comandó las fuerzas griegas, porque su prestigio militar era un peligro para la democracia. Y tenían razón porque todos los gobiernos, pero en especial las dictaduras, en todas partes, se han apoyado en la fuerza armada. Sin ejército, no había, ni hay, vida para dictadores, emperadores, señores feudales, monarcas o cualquiera que deseara encumbrarse. Pero algo ha cambiado en los últimos tiempos quizás recordando la decadencia del imperio romano cuando los emperadores devinieron cada vez peores en sus cualidades personales y la sociedad entró en una franca decadencia, entonces ya no fueron las legiones las que respaldaban a los dictadores sino que abiertamente eran las que los elegían.


Esta conducta la hemos visto sucediendo una y otra vez en América Latina, en la que los ejércitos dejaron de ser defensores de uno u otros grupo para tomar el poder y hacerse cargo de sus propios intereses como casta. MicoMandante-Presidente-Candidato-jefe del partido-mando de la Fuerza Armada sabe esto. Él mismo encabezó el grupo que, cuando sus ambiciones superaron las prebendas recibidas, dio un golpe. Muchos lo apoyaron por acción, muchos lo hicieron en las sombras y por omisión, muchos los que lo traicionaron y muchos a los que él traicionó. Y sabe también cómo el apoyo militar se puede voltear, como se volteó en abril del 2002, aunque después lo volvieron a poner sin que él pudiera hacer nada ni en un caso ni en el otro. En pocas palabras, conoce que el ejército ya no es una institución confiable para sostener un gobierno cuando las cosas se ponen difíciles, ni siquiera un gobierno encabezado por militares mesmos. No en vano lleva casi 10 años tratando de borrar la imagen de que, en abril del 2002, él fue un yo-yo político en manos de los generales.

Adelante a luchar milicianos

De que los militares institucionalizados son un buen apoyo para ascender al poder pero que luego se convierten en un peligro permanente se han dado cuenta bastantes dictadores y es por ello que han decidido volver a una tradición tan vieja como la guerra misma: los ejércitos personales nutridos y/o entrenados por mercenarios. Y entonces aparecieron milicias revolucionarias, guardianes de la revolución, guardias de este o aquel color o como quieran llamarlas cuya más reciente prueba de fuego fue la defensa de Gadaffi en Libia que, por supuesto, Mico-etcétera siguió con atención porque es determinante para su futuro.

Claro que el camino para organizarlas no ha sido fácil entre nosotros, porque el ejército estaba allí y no deja de tener influencia por lo que primero hubo que minar su poderío. Los altos oficiales fueron neutralizados, expulsando a los dudosos y dándoles poder a los que quedan en las empresas nacionalizadas, en la gestión del gobierno y en cuanto negociado ilícito haya en el país desde contrabando de gasolina hasta narcotráfico. Mientras, la oficialidad media obtenía sus galones mostrando la más abyecta sumisión porque a todos los anima llegar a los grandes negocios y esto los hace acentuar su obsecuencia. Si no, están fuera y Baduel es un ejemplo para todos ellos. Los de bajo nivel contribuían con su actividad al desempleo participando en cuanto cosa se le ocurriera al Mico-etcétera, desde invadir fincas hasta vender pollos evitando, dicho sea de paso, que la gente trabajara en esos menesteres y, lo que es peor, pretendiera cobrar por ello. De vez en cuando se les regalaba a esos militares un carrito iraní o alguna otra prebenda minúscula, según el ánimo de un régimen que había dejado de ser un Estado distributivo para ser uno dispensador de limosnas. Cierto que se compraron armas, pero se sabe que los militares venezolanos no son ya los que las controlan ni manejan.

Claro es que con el ejército nunca se sabe y en consecuencia, paralelamente, lento pero con seguridad, la supuesta milicia se desarrollaba manejada por mercenarios, tratando de minimizarla al público, mostrando unas señoras y unos señores maduros y gorditos, permitiendo burlas y chascarrillos, haciendo una campañita contra el dengue y hasta que fuera tímidamente demorada por parte de los mismos militares, temerosos de perder favores si adoptaban posiciones firmes, pero sabiendo que era cuchillo para su garganta. Finalmente, gracias a una ley habilitante autorizada para solventar los problemas derivados de las lluvias de diciembre, se oficializaron las milicias en la ley. Esto abre todo el espacio necesario para su funcionamiento legal como parte del cuerpo armado de la república, con acceso a recursos y armas que paulatinamente tomarán bajo su control a pesar de las declaraciones de los mandos militares y la oficialidad vende-pollos.

Preguntas incómodas

Con esta institucionalización, la milicia llegó para quedarse en defensa del MicoMandante-Presidente-Candidato-jefe del partido-mando de las fuerzas armadas-comandante único de las milicias. Esto abre una serie de atemorizantes interrogantes. Si la milicia, como renacidos tontons-macoutes, se desarrolla adecuadamente (y los mercenarios que se ocupan de encuadrarlas suelen ser efectivos, sean cubanos, faracos, franceses o iraníes) ¿Qué harán si el susodicho pierde las próximas elecciones y le toque dejar el gobierno? Más aún ¿Qué papel jugarán cuando meses antes se sepa por encuestas que su Mico-etcétera puede perder las próximas elecciones? ¿Qué rol tendrán cuando, en alguna de las eventualidades anteriores, el ejército deje de apoyar a Esteban?

Las milicias puede llegar a ser el factor determinante en el cambio de gobierno, si lo hay, porque ellas dependen solamente de MicoMandante-Presidente-Candidato-cabeza del partido-mando de las fuerzas armadas-jefe unipersonal y exclusivo de las milicias, son su ejército personal. La creación de las milicias ha concretado uno de los objetivos importantes que sintetizamos en este razonamiento: La revolución es armada, Las milicias son revolucionarias. Chávez es la revolución. Las milicias son el cuerpo armado de Chávez. Pero bueno, dirán los rojo-rojitos cándidos, ¿Y el pueblo no importa? Para quienes todavía se amarran a este cantinflérico recurso, la función del pueblo también está clara: Desnudos y con hambre por la revolución, y la revolución es Chávez. En todo caso, una de las posibles misiones de la milicia será ayudarlos a entender esto cuando tengan dudas, para lo cual dispone de entrenamiento y la dotación de armas adecuada. En esto, bien podemos considerar a la difunta Lina Ron como La Precursora.

En pocas palabras, con cualquier excusa (este gobierno es un fabricantes de excepción en montar excusas increíbles que muchos creen), las milicias pueden llegar a ser El Elector del próximo proceso electoral, encargados de la tarea de convencer a los descontentos, atender a los que están en huelga, de hambre o no, apaciguar a los exaltados, neutralizar a los estudiantes, controlar a los militares díscolos, sapear a los vecinos, desaparecer a los peligrosos, infiltrarse en todas partes hasta ser el instrumento de fuerza cuando se decida si vamos a elecciones o no, si se entrega el poder o no, si se da un autogolpe o no. Quienes crean que eso no será posible vean lo que sucedió en Libia, Siria, Irán y, en la historia un poco más lejana, con los guardias de Hussein en Irak, los paramilitares de Centroamérica, la AAA de Juan Perón, o los tontons-macoutes de Papa Doc en Haití. Si no, basta con mirarse en el espejo de Costa de Marfil donde en el año 2000 ascendió a la presidencia Laurent Gbagbo y luego, modificando constituciones y dictando leyes a su medida, logró extender su mandato, que vencía en 2005, hasta 2010 cuando perdió las elecciones. Pero recién más de 1 año después, contando muchas muertes en una casi guerra civil, con intervención de la ONU y de Francia, se logró que entregara a su sucesor el poder que conservaba para defender la revolución y la soberanía contra el ataque imperialista.

Como dice el refrán, más vale prevenir que lamentar y se sabe que en esto de prevenir no somos muy buenos, porque nuestro gurú favorito sigue siendo Eudomar Santos con su mantra: como va viniendo vamos viendo, lo cual frente a desvergonzados afanes de poder, puede ser muy grave. Por supuesto, de esto poco sabemos y, para muchos, esta ignorancia hace de los venezolanos una de las poblaciones más felices del mundo.

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