lunes, 13 de agosto de 2012

¿Revolución de qué?


Asdrubal Pulido

Sin preámbulos. Soy de los que piensan que hoy más que nunca, un mundo más solidario y menos desigual, continúa siendo la esperanza de la humanidad. De igual manera, estoy convencido que el destino de nuestro país tiene que ser la democracia plena. Sin embargo, no deja de ser preocupante que se esté vaciando de contenido el discurso de la izquierda, de la doctrina social, de la iglesia y del bolivarianismo.  Sea dicho de paso, en diferentes épocas, el pensamiento del libertador ha sido  utilizado aún para sostener las peores dictaduras. Pues, como decía Rosa Luxemburgo: “Los muertos son víctimas indefensas de los vivos”.

En la actualidad, una implacable guerra de clichés, de frases hechas y calificativos furibundos, caracteriza un espacio altamente  polarizado entre dos fanatismos. Por otra parte, hoy como ayer, se continúa persiguiendo  la disidencia, se antepone   la filiación partidista a la capacidad profesional, se premia al mejor adulador, se otorgan canonjías a quienes se prestan para sostener posiciones  con fines inconfesables, el desempleo, la inseguridad y la corrupción lucen imbatibles.

Este panorama  nos exige  mantenernos despiertos, alejados de la somnolencia mediática que arropa a los “pobres de espíritu”. Esta siempre diferida “revolución”  genera muchas interrogantes y muy pocas respuestas. ¿Qué pasó con la “Revolución dentro de la revolución”? ¿En qué consiste el “socialismo del siglo XXI”?  ¿Cuáles son sus asideros ideológicos?  ¿Hasta qué punto tiene razón Douglas Bravo cuando afirma que esta “revolución”  es lo más parecido a un capitalismo de estado y que “La vieja izquierda se transformó en la nueva derecha”?  ¿Qué ha pasado con ese pensar crítico que otrora caracterizó a los intelectuales progresistas? ¿Hipotecaron su capacidad reflexiva? ¿Dónde comienzan y donde terminan los linderos existentes entre la neo-izquierda y la nueva derecha? ¿Se puede ser marxista sin haber leído, analizado y reflexionado sobre la obra de Marx? La cantidad de preguntas resultan innumerable.


Nadie sabe  en qué consiste el socialismo del siglo XXI.  Lo más cercano a este concepto son las misiones. Especie de analgésico que temporalmente calma el dolor pero no cura la enfermedad. Por nuestra parte, en reiteradas oportunidades, hemos señalado que dicho socialismo no es más que una metáfora, un cascarón vacio en el cual cabe cualquier cosa. Desde banqueros como Orlando Castro, “revolucionarios” con el corazón a la izquierda y los bolsillos a la derecha; contratistas con extraordinarias capacidades miméticas que, como los buenos bailarines, al son que les tocan bailan; los arribistas de ayer, de hoy y de siempre; una izquierda muy parecida a “El lobo estepario” de Herman Hess, animal que durante su juventud fue el mejor cazador de la manada pero de tanto andar con hienas terminó comiendo carroña; y,  finalmente, un pueblo adormecido que continúa esperando  un mesías.

Como puede deducirse, este es un “socialismo” con rasgos muy particulares, inventado fundamentalmente con la intención de detener el avance  de las fuerzas progresistas. A decir verdad,  el populismo “Revolucionario”  nada tiene que ver con la justicia social. Nos encontramos frente a un gobierno caracterizado por el protagonismo del estamento militar, un gobierno militarista disfrazado de revolucionario. Arma que hasta ahora le ha permitido manipular la esperanza de un pueblo cada vez más empobrecido y victima de las peores calamidades.

Conviene recordar que en nuestro continente, los gobiernos militaristas son vistos con gran recelo por la población civil; en el caso de Venezuela, la “izquierda” le regaló su apellido al actual mandatario y lo convirtió en “líder del socialismo en América Latina”.

¡Qué cosas tiene la vida! En estos lares, después de Lula Da Silva, uno de los mejores aliados que tiene el pentágono es el presidente de la República Bolivariana de Venezuela. ¿Contradictorio? No. Para el gobierno estadounidense, un mandatario puede ser espiritista, “revolucionario”,  musulmán, etc., e, incluso, hacer gargarismos verbales con un discurso antiimperialista, siempre y cuando no toque sus intereses. Y este “proceso” mantiene excelentes relaciones  con el vecino del norte por cuanto le asegura estabilidad política y por ende, suministro regular de petróleo. Como bien lo señala Agustín  Blanco Muñoz: “por encima del componente cubano en nuestra política  y el anti-imperialismo verbal   desatado, a USA se le otorgan beneficios sin precedentes en este ex país. Además de la entrega de gas  y la paralización de la explotación de la orimulsión se inscribe la gran regalía de los contratos mixtos. Un 60 por 40 que en la práctica significa que aportamos el yacimiento y la infraestructura y las compañías perciben la referida ganancia por su ‘trabajo’ de sacar y llevarse el petróleo”.

Reiteramos para concluir, que, tal como lo subraya un articulo publicado en la pagina de art\gentina.Indymedia.org por EL LECTOR, “El Marketing ‘terrorista’ y ‘desestabilizador’ que Washington y el Departamento de Estado endosan a Chávez esta orientado a neutralizar la aparición de verdaderos enemigos”.

Hemos descendido a un cambiar para que nada cambie, inmensa trampa gatopardiana con la cual nuestro “revolucionario” presidente, bajo la fachada de preocupación por los pobres, aspira disfrutar de las prerrogativas del poder hasta que el cuerpo aguante.

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