lunes, 27 de agosto de 2012

Amuay explotó en 1984


Julio Marquez

“Sólo la mente del partido, que es colectiva e
inmortal, puede captar la realidad” O’Brien
George Orwell, “1984”

Winston Smith, protagonista de la célebre e imponderable novela escrita por George Orwell y titulada “1984”, fue detenido y sometido a varios interrogatorios en el Ministerio del Amor, que, pese a lo que enuncia su nombre, es el lugar donde se encarcela y reeduca mediante torturas a las personas cuyo pensamiento no comulga con los mandatos del partido de gobierno.

El crimen que cometió Winston Smith, y por el cual se le detuvo, es muy simple, había escrito en su diario personal la siguiente frase: “la libertad es poder decir que dos más dos son cuatro”.

O’Brien, el interrogador, le aclaró a Winston la razón por la cual era considerada aquella frase un delito diciéndole: “Tú crees que la realidad es algo objetivo, que existe por derecho propio. Crees también que la naturaleza de la realidad se demuestra por sí misma. Cuando te engañas a ti mismo viendo algo, das por cierto que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual que puede cometer errores y que, en todo caso, perece pronto. Solo la mente del Partido, que es colectiva e inmortal, puede captar la realidad. Lo que el Partido sostiene que es verdad es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del Partido. Éste es el hecho que debes aprender”.


Winston Smith con su “inocente” frase puso peligrosamente en entre dicho, tal vez sin quererlo, la línea del Partido que rige totalitariamente su sociedad; porque, le pregunta más adelante O’Brien, ¿qué pasaría si por ejemplo el partido dice que dos más dos no son cuatro sino cinco?, ¿se atrevería Winston, siguiendo su muy individual y humano instinto, a contradecir al Partido que es más que una persona un colectivo?, ¿se atrevería Winston, viendo cuatro dedos de una mano, a decir que hay cuatro dedos cuando el partido dice que no hay cuatro sino cinco? ¡Si esto fuera así, el Partido no lo puede permitir! Y por eso es que él está encerrado en el Ministerio del Amor, para que allí puedan curar su loca enfermedad y logre entrar en razón, y entienda que la verdad no es lo que uno objetivamente ve sino lo que el Partido dice que es, porque la percepción individual no vale nada en comparación con la colectiva, porque no es lógico que uno tenga la razón sobre el Partido que, inmortal y colectivo, nunca se equivoca.

Hoy Winston Smith vive en Punto Fijo. Igual que muchos coterráneos, sufrió la tragedia de Amuay muy de cerca porque es vecino del sector Alí Primera, urbanización que colinda con la refinería.

Winston recuerda que desde el viernes olía a gas más de lo normal. Él, que toda su vida la lleva viviendo cerca de la refinería, sabe muy bien que normalmente hay olores extraños en su vecindario, pero esa vez era distinto, la intensidad no era normal, y, en la noche, sobrevino la explosión.

Winston fue evacuado de los escombros a los que se redujo su casa. Al salir de ellos, miró atónito una escena solo comparable con Hiroshima.

Winston, pasadas las horas, buscando consuelo e información, prende el televisor y al sintoniza las noticias dos cosas lo perturban: la primera, Rafael Ramírez, Ministro de Energía y Minas y también Presidente de PDVSA, entre los escombros y las columnas de humo que solo acusan destrucción, dice inconmovible que “la refinería está intacta y 100% operativa”, “¡¿pero cómo va a ser?! si todo está consumiéndose en llamas” se pregunta para sus adentros Winston; la segunda cosa es que el caudillo llegando al sitio regaña a los que como él dicen que olieron gas la noche anterior a la explosión, y termina diciéndoles que todo lo que ellos dicen que vieron, olieron y vivieron son puras mentiras y especulaciones, “¡¿pero cómo va a ser?! si yo estoy seguro de lo que viví” vuelve a preguntarse Winston .

Winston, confundido, mira a su alrededor y, hasta donde le llega la vista, solo ve escombros y humo, lo que hace pensar que difícilmente la refinería, como dice el Ministro, esté trabajando al 100%. Hace un esfuerzo, recuerda de nuevo el día viernes y está seguro de haber olido el gas antes de la explosión. Busca su casa y no la encuentra, al tiempo que un soldado lo invita a despejar la zona que ahora es “de seguridad”.

Winston duda de sí mismo, se mira una mano y cuenta cinco dedos y se da cuenta que todo es real, que no es un sueño o un truco de su imaginación; pero, en ese momento, el partido, representado en su caudillo, dice que no se olió nada y que no se desalojó a nadie, y que no hay cinco dedos en una mano sino seis.

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