martes, 10 de julio de 2012

Paraguay: Tras el golpe, los despidos: Un tema en pleno desarrollo


Pelao Carvallo 

Quienes hemos vivido la situación de estar sin empleo, siendo personas dependientes de un sueldo para sobrevivir en lo que nos toca como mundo para vivir, comprendemos bien la zozobra y angustia de quien es despedido de su trabajo con o sin argumentos. Estos días en Paraguay cientos (ya miles) de personas han perdido sus empleos en una campaña político social para aumentar la sensación de derrota y desánimo de quienes se han opuesto al golpe de estado parlamentario. En esta nota, no hablaré de quienes por razones éticas han renunciado a sus cargos y trabajos.

Por la rapidez con que ha sucedido todo no ha habido preparación posible. Los despidos han sido sin preaviso. Aunque, claro, algo se huele en el aire. El escenario del despedido por razones políticas, como en este caso, es terrible: de nada vale tu profesionalismo, el desempeño que has tenido, los logros obtenidos ni las soluciones aportadas. De nada vale la forma en que ingresaste si por concurso de oposición, solicitado por la experticia en ciertos temas e incluso más golpeador aún: se ha despedido a personas que entraron a la función pública antes, mucho antes, del gobierno Lugo, pero por haber desplegado bajo ese gobierno todo su potencial, han sido signados como “zurdos”.

Zurdos. Un calificativo. Algo que es, a los ojos de la nueva administración, un insulto, una tara, una discapacidad. Zurdo como izquierdista. Como alguna vez se dijo masón, comunista, ateo, anarquista. Zurdo, como exactamente los zurdos: alguien a quien había que corregir prohibiéndole el uso de la mano siniestra para obligarles a usar la diestra, paso en que se les dejaba en desventaja, enviándoles al campo del menos valor, convertidos en ineficaces por el despojo de su naturalidad.

Zurdos, llevados al desempleo y la cesantía para su corrección y castigo. Castigo por no pertenecer a la normalidad paraguaya bicolor, por intentar ser parte de quienes deciden en Paraguay. Corrección para que no intenten ganar nuevamente un sueldo elevado (en el contexto paraguayo) en tanto la izquierda, para la mitología bicolor, ha de ser pobre, o no ha de ser.


Podríamos decir esto es así, la costumbre, en Paraguay. Entre liberales y colorados (la amplia gama de colorados) un juego de “el ganador se lo lleva todo” forma parte de la cultura política prebendaria. Llegado el nuevo partido o la nueva facción al poder, quien no se amolda o quien estuvo en el otro bando es despedido sin más. Podríamos decir algo de eso hay ahora. La Santa Alianza de la derecha no ha hecho más que lo habitual: sacar de ahí a lo que ahora es la oposición y llenar los cargos con su gente y sus parientes.

No, esto es distinto: se trata de romper proyectos personales, familiares, dejar deudas en el aire, compromisos sin cumplir, sueños inconclusos. Se trata además de una obra de venganza: eliminar de la función pública a todo zurdo y a toda zurda. Eso hace una diferencia con los procedimientos similares entre los partidos tradicionales: ellos no se descalificaban entre sí ni intentaban quitar a todos los contrincantes de en medio, solo lo justo y necesario para retomar el control. Hoy es la persecución. Lo dijo Eugenio Alejandrino Garay, secretario general del STEIBI Sindicato de Trabajadores de Itaipú Binacional, lado paraguayo: “todos los zurdos de la era Lugo deben ser incluidos en ese recorte”. No es lo mismo porque el procedimiento de inclusión en la función pública que implementó cierta parte de la izquierda en el poder fue radicalmente diferente de lo usual en la época de transición: se abrió la entrada a quien quisiera y pudiera participar de los concursos públicos para proveer los cargos, sin considerar pertenencia partidaria o ideológica, sólo su idoneidad para el cargo. Este esfuerzo ciertamente no fue homogéneo en la izquierda, sectores hubo que imitaron y remedaron el estilo líbero-colorado e intentaron llenar secretarias, direcciones, entes y ministerios con gente adscrita a su corriente de pensamiento. Fueron los menos y los menos felices en su desempeño. Lo que marcó la diferencia fue el sistemático empeño en instaurar procedimientos trasparentes para el ingreso de nuevo personal a la función pública, incluyendo un especial cuidado respecto al nepotismo. Una pregunta específica sobre parientes trabajando en la función pública fue incluida en los cuestionarios de postulación a los concursos para llenar cargos vacantes o nuevos.

Se quiere entonces legitimar estos despidos masivos propuestos y en realización (500 despidos en Itaipu; 150 en el Servicio Nacional de la Sanidad y Calidad Vegetal de las Semillas, SENAVE; 250 en IPS; otros 400 en distintas reparticiones públicas incluyendo comunicadores sociales y personal del servicio exterior1) como parte de una forma de hacer las cosas, como una costumbre sin daño.

Ese intento es fallido, lo que se está haciendo, por sus resultados y formas, es intentar excluir del juego a quienes se salen del molde binario, por la izquierda. Se trata de romper también el intento de instalar una cultura profesional para la incorporación de personal a la función pública. Se trata al mismo tiempo de hacer explícita la demanda de afinidad ideológica para la incorporación al estado en calidad de trabajador. No es un retroceso a los tiempos de Stroessner, sino un pacto de sangre de liberales y colorados en una unión estratégica que los terminará indiferenciando.

La expulsión de los zurdos es la condición necesaria, el sacrificio propiciatorio para el establecimiento de una alianza prebendaria de largo plazo, explícita, entre liberales y colorados. El intento del nuevo saqueo del Estado para sostener una dictadura parlamentaria bipartidista.

Pelao Carvallo
(en resistencia)
Asunción Paraguay 09072012

1Datos del FDD

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