domingo, 8 de julio de 2012

De las teorías de las crisis al terror staliniano

Domingo Alberto Rangel

Es posible reconciliar la teoría marxista de las crisis en el capitalismo con el enfoque keynesiano sobre el mismo fenómeno. Para Marx, en efecto, las crisis vienen de la contradicción fundamental del capitalismo que opone un crecimiento intensísimo del capital constante para abaratar costos y una baja sistemática del capital variable. El antagonismo entre estas dos tendencias desencadena las crisis periódicas en el régimen capitalista. Keynes ve el mismo problema como una contradicción entre la eficiencia marginal del capital y la propensión marginal a consumir. El capitalismo maduro como lo llama Keynes tiende a la baja de la tasa marginal de beneficio lo cual empuja hacia la recesión a todo el sistema.

Para ambos, Marx y Keyne el capitalismo tiende a arrojar la careta. Marx creía que el capitalismo no podría mantener por mucho tiempo el régimen de tolerancia democrática y Keynes creía algo más grave, sin intervención del Estado las libertades serían borradas pues tasas de desocupación hasta del 25% de la mano de obra, prohibitivas para todo el sistema serían posibles, no solo eso serían, o tenderían a hacerse banales. La intervención del estado, para Marx con despliegues policiales crímenes troperos, para Keynes, de mejor manera resultaba inevitable. La intervención del estado era o resultaba insoslayable. ¿Por qué? porque es, por sarcasmo, inevitable la intervención para salvar al sistema.
El dilema del capitalismo como lo mira Marx estriba en que la intervención es fatal. Se interviene a tiempo, con la urbanidad de Carreño en la mano o si se retrocede ante esta situación inevitable, entonces puede aplazarse la intervención, pero al precio de hacerla más severa cuando se adopte a la postre.

Los hechos ocurridos desde febrero de 1848, año del Manifiesto Comunista, comprueban la exactitud cronometrada de las previsiones de Marx y la exactitud no menos milimétrica, de las observaciones de Keynes. Sin Franklin Roosevelt y el New Deal, el capitalismo norteamericano, el más fornido y vigoroso que haya existido hasta ahora, habría volado en pedazos. En el “far west”, en estados como Montana y Nevada había signos de descomposición social cuando Roosevelt llegó al poder en marzo de 1933, que parecían precursores de una disgregación inevitable. En la que para mí es la novela más aguda y al mismo tiempo más tierna que se haya escrito, Viñas de la Ira de John Steinbeck, se pintan esos hechos, aún aislados en 1933, pero enderezados a durar más tiempo, no habrían tardado en desencadenar la guerra social en los Estados Unidos.

Pero no busquemos más pajas en el ojo ajeno cuando en el propio llevamos vigas. Aquí en Venezuela cursaba una revolución para 1989. La abortó Hugo Chávez. El papel de la Fuerza Armada es siempre negativo. Por lo general intervienen para crear lo que los militares llaman una diversión, o sea algo que es engañoso pero distrae al pueblo. Por un drama el golpe, no importa el militar o el civil que lo encabece los golpes son siempre una engañifa. Los golpes de Estado en la historia de Venezuela solo han promovido las ideas y los intereses del fascismo. Hay un fascismo indígena que sostiene no con tanta habilidad que engañe por completo. Los que gritan waraira repano hoy, son los que ayer decían “ans Caribe rot”, es decir fascistas. Hay un fascismo para necios que aquí toma como héroes a los caribes los cuales fueron tan funestos como los españoles, los ingleses y los yanquis de épocas posteriores.

Para repudiar el yanqui de hoy no es necesario convertir en arquetipo a unos miserables como fueron los Caribes que eran los SS del racismo precolombino. Escoger entre posibles opresores lo mismo que jugar o enfrentar a los explotadores de hoy con explotadores de ayer es una necedad insigne. El movimiento del Psuv es fascista por los cuatro costados. El fascismo europeo era obsesivo con la búsqueda de las raíces más antiguas de la lengua germánica. Eran los nazis unos antropólogos insignes pero el propósito que perseguían era demostrar que la lengua germana del siglo XX era tan pura como los pueblos que la hablaban. Aquí, por fortuna, no habrá racistas retrospectivos, no crearon nuestros aborígenes grandes imperios como los yanquis o los ingleses. El fascismo venezolano está condenado por ser pequeño o mejor enano.

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