martes, 31 de julio de 2012

Argentina: Dos formas de aplicar la misma política represiva: desaparición y criminalización de la protesta


Por Correpi

La represión selectiva, la que caracterizamos como aquella que el Estado descarga sobre los que se organizan y luchan contra la explotación, tiene varias formas de ser aplicada según las circunstancias específicas de cada caso y de lo que requiera el poder para cada necesidad. El objetivo siempre es el mismo: frenar la lucha y disciplinar a los trabajadores para que agachen la cabeza y acepten la explotación.

En este caso tenemos el ejemplo de dos formas diferentes de aplicar esta política: por una parte, la desaparición de Daniel Solano en Choele Choel y por otra la criminalización de la protesta que sufre la comunidad de Indio Colalao, donde la justicia libró órdenes de detención para 25 integrantes de esta comunidad en Tucumán, misma provincia donde la policía asesinó al dirigente indígena de 68 años, Javier Chocobar.

Daniel Francisco Solano desapareció el 5 de noviembre de 2011 en la localidad rionegrina de Choele Choel. Había viajado desde Salta, de donde era oriundo, para trabajar en la cosecha de frutas. La explotación sufrida, las precarias condiciones de trabajo y vivienda y la paga miserable lo llevaron a organizarse contra la patronal de Agro Cosecha, pata local de la multinacional Expofrut. Fue elegido delegado por sus compañeros y estaba impulsando una huelga a la que iban a adherir 250 de los 300 trabajadores golondrinas que trabajaban con él. En un principio, la patronal intentó comprarlo como alcahuete de sus compañeros. Ante la negativa de Daniel, se planificó su desaparición en Macuba, un boliche de la zona, donde dos testigos vieron como cuatro policías lo golpeaban y subían a un móvil. Estos dos testigos, una pareja que iba en moto, siguió al patrullero hasta un descampado, donde Daniel fue subido a otro vehículo en el que iban tres policías de civil y ahí les perdieron el rastro.


Cuando esta pareja se dirigió a la comisaría a hacer la denuncia, vieron que dos de los policías que estaban ahí, eran los mismos que habían levantado a Daniel. A partir de ese momento, comenzaron a recibir amenazas, al igual que la familia de Daniel Solano, que se trasladó a Choele Choel para buscar su cuerpo y exigir justicia.

El padre de Daniel permanece en Río Negro, y levantó, junto con la solidaridad de los vecinos, nucleados en la Comisión Solidaridad y apoyo a la familia Solano, una carpa para continuar denunciando lo que pasó con Daniel y lo que sufren los jóvenes cotidianamente: aprietes, torturas y detenciones arbitrarias. Gualberto Solano se encadenó en la fiscalía y realizó una huelga de hambre para exigir la detención de los policías Sandro Berthe, Pablo Bender, Juan Barrera, Diego Cuello, Héctor Martínez, Pablo Albarrán y Roberto Quidel, todos ellos implicados materialmente en el secuestro y torturas de Daniel. En total hay 22 policías imputados y desde la familia se exige que se investiguen las responsabilidades de la empresa y se busque al que entregó a Daniel. La única respuesta que obtuvo la familia por parte del gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, fue la orden de que levanten el campamento.

En Tucumán, el fiscal Guillermo Herrera ordenó la detención de 25 comuneros de Indio Colalao a pedido del terrateniente Fredy Moreno Núñez Vela. La comunidad viene llevando a cabo desde hace tiempo una lucha contra el avance sojero sobre sus tierras y esta medida, claramente, es un intento de amedrentamiento para que la comunidad abandone la lucha. El gobierno kirchnerista de Alperovich echa mano a todas las herramientas que el menú represivo le ofrece: desalojos, asesinatos y en este caso el código penal. Bien le vino enviar a su gabinete a la Reunión Plenaria del Consejo de Seguridad Nacional (ver boletín N° 602) para saber que herramienta aplicar según el caso.

La política es la misma, lo que cambia es la herramienta. En Río Negro se recurrió a la desaparición y en Tucumán al poder judicial. Lo que representan también es lo mismo: los intereses de los explotadores: terratenientes, multinacionales y pooles sojeros. Al igual que el gatillo fácil y las torturas en lugares de detención, es una política de Estado, ejecutada por sus empleados: policías, jueces y fiscales. Nuestra respuesta por ello, no puede ser otra que la organización y lucha.

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