viernes, 6 de julio de 2012

Al otro lado de lo imposible


Raoul Vaneigem

Titulo original: Par delà l’impossible.
Publicado en el Nº2 de la revista L’Impossible en Abril del 2012.
Traducido por MLB

El imposible es un universo cerrado. Sin embargo, nosotros poseemos la llave y como lo sospechabamos hace milenios, la puerta se abre sobre un campo de infinitas posibilidades. Este campo, nos pertenece más que nunca y debemos explorarlo y cultivarlo. La llave no es ni mágica ni simbólica.

Los griegos antiguos la llamaban “poesía” del verbo “poiein”, construir, formar, crear. Desde que, junto con la civilización mercantil, se instauró el reino de los príncipes y los sacerdotes – cuyos lamentables residuos siguen apiñados en el cadáver de Dios – el dogma de la debilidad nativa del hombre y de la mujer no dejó de ser enseñado, a costas de la creatividad, facultad humana por excelencia. ¿La ley del poder y del lucro no condena al niño a la vejez prematura cuando aprende a trabajar, a consumir, a exhibirse en el mercado de esclavos en donde la picardía competitiva ahoga la inteligencia del corazón y de la solidaridad?

Estamos expuestos a una desnaturalización constante donde la vida es vaciada de su substancia mientras que la necesidad de sobrevivir se reduce a la búsqueda animal de la subsistencia. El derecho aleatorio a la existencia se adquiere al precio de un comportamiento predador que negocia y rentabiliza el miedo.

Mientras que el trabajo socialmente útil – agricultura natural, escuelas, hospitales, metalurgia, transportes – se rarifica y se degrada, el trabajo parasitario, sujetado a los imperativos financieros, gobierna los Estados y los pueblos dentro de una burbuja financiera condenada a la implosión. El miedo reina y responde al miedo. La derecha populista recupera el descontento popular. Muestra culpables intercambiables: judíos, árabes, musulmanes, gente sin trabajo, homosexuales, extranjeros, intelectuales y prohíbe así que nos enfoquemos en el sistema que amenaza el planeta entero. Al mismo tiempo, la izquierda populista canaliza la indignación en manifestaciones cuyo carácter espectacular dispensa de todo verdadero proyecto subversivo. La “flor de la canela” del radicalismo consiste en quemar bancos y organizar combates de gladiadores entre policías y “encapuchados” como si este combate en la Arena pudiera estremecer siquiera la solidez del sistema de estafa bancaria y de Estados, quienes, unánimemente, asuman el trabajo sucio.

En todas partes, el miedo, la resignación, la fatalidad, la servidumbre voluntaria oscurecen la conciencia de los individuos y atraen a las masas a los pies de representantes del pueblo, que sacan de su estupidez los últimos provechos de un poder vacilante.


¿Cómo luchar contra el peso del oscurantismo quien, del conservadorismo hacia la revuelta rabiosa y impotente del izquierdismo, mantiene esa letargia de la desesperanza, aliada de todas las tiranías, tan indignantes, tan ridículas, tan absurdas? Para acabar con las diversas formas de gregarismo, cuyos gritos marcan el camino al matadero, no veo otra manera que reanimar el diálogo que está al corazón de la existencia de cada uno, el diálogo entre el deseo de vivir y el culto de una muerte programada.

¿Con que aberración consentimos pagar los bienes que la naturaleza nos prodiga: el agua, los vegetales, el aire, la tierra fértil, las energías renovables y gratuitas? ¿Con que desprecio de nosotros-mismos juzgamos imposible barrer, bajo el soplo vivificante de las aspiraciones humanas dicha economía que programa su aniquilación acaparando y saqueando el mundo? ¿Cómo seguir creyendo que el dinero es indispensable mientras contamina todo lo que toca?

Que los explotadores se obstinan en convencer a los explotados de su ineluctable inferioridad, está en la lógica de las cosas. Pero que unos revoltosos y revolucionarios se dejen encarcelar en el círculo artificioso de lo imposible, esto sí que es escandaloso. Ignoro cuanto tiempo se demorará antes que vuelan en pedazos las tablas de la ley del lucro, pero ninguna sociedad verdaderamente humana nacerá sin que se rompa el dogma de nuestra incapacidad en fundar una sociedad sobre la verdadera riqueza del Ser: la facultad de crearse y recrear el mundo.

Hasta que las palabras portadoras de vida se hagan un sendero en el bosque petrificado, donde las palabras heladas y gelatinosas consagran el poder de una muerte fríamente rentabilizada, quizás es indispensable repetir incansablemente: sí es posible acabar con la democracia corrupta, instaurando una democracia directa; sí es posible empujar más adelante la experiencia de las colectividades libertarias españolas de 1936 y poner en obras una autogestión generalizada; sí es posible recrear la abundancia y la gratuidad, negándose a pagar y poniendo un fin al reino del dinero; sí es posible deshacerse del mercantilismo tomando al pie de la letra la recomendación “hagamos nuestras cosas nosotros-mismos”; sí es posible sobrepasar las imposiciones del Estado, las amenazas de las mafias financieras, los predadores políticos de cualquiera etiqueta que se revindican. Si no salimos de la realidad económica construyendo una realidad humana, permitimos una vez más a la crueldad mercantil de castigar y perpetuarse.

El combate que se está dando en el terreno de la vida cotidiana entre el deseo de vivir plenamente y la lenta agonía de una existencia empobrecida por el trabajo, el dinero y los placeres echados a perder, es el mismo que trata de preservar la calidad de nuestro medio ambiente contra los estragos de la economía de mercado. Es a nosotros que pertenecen las escuelas, los productos de la agricultura natural, los transportes públicos, los hospitales, las casas de tercera edad, la fitoterapia, el agua, el aire vivificante, las energías renovables y gratuitas, los bienes socialmente útiles fabricados por trabajadores hoy en día cínicamente expoliados de su producción. Dejemos de pagar por lo que es nuestro.

La vida antes que la economía. La libertad de lo vivo revoca las libertades del comercio. Es en este terreno que, a partir de ahora, el combate empezó. 

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