viernes, 13 de abril de 2012

Opinión: La Crisis Económica y una Nueva Ética del Trabajo


Por Gustavo Godoy

Después de la inseguridad, los temas económicos  se imponen como  la principal  preocupación  del  venezolano.  De la misma manera,  sobre todo después de  la crisis mundial, el mundo esta dudando de la validez  del pensamiento económico dominante.  Esta  crisis fue una señal de que algo anda mal y la humanidad necesita  nuevos modos de proceder.   La economía requiere  un cambio estructural porque el sistema  actual  quita más de lo que da, no solo a la sociedad sino también  al planeta.   Un  estilo de vida más humano  requiere  eliminar las atracciones  y añadir   lo verdaderamente importante. Simplemente,   hay que volver  a los principios y   establecer  la sensatez.

Como todos reconocemos, tradicionalmente, Venezuela ha dependido en exceso de los ingresos por el petróleo. La creación de bienes y servicios  por los propios venezolanos  sigue siendo  muy limitada y tiende a reducirse. Tenemos una economía de puertos y  somos hoy más dependientes que nunca del petróleo.

Sorprendentemente y a pesar  de los altos precios,  el país continúa en la pobreza y en la desigualdad.  En Venezuela,  un malentendido común es  creer que  somos ricos solo  porque tenemos petróleo y que la solución a la pobreza es sencillamente  distribuir mejor esos ingresos  a través del gobierno.  Sin embargo, una renta es el fruto de una buena inversión. En realidad, no estamos viviendo de una renta sino de la liquidación de un recurso natural irremplazable y lo despilfarramos alegremente.


Para superar la pobreza, no solo es un error poner la mirada  en el consumo en veces de ponerla en la producción sino también es un error poner nuestra fe en el gobierno y en las grandes corporaciones en vez de poner nuestra  fe en  la gente. En nuestro caso,  la ambigüedad macroeconomía, el discurso incendiario,  el  control de cambio ,  los controles de precios, la inseguridad jurídica y las  expropiaciones  son factores que contribuyen la improductividad de la gente. En la práctica, se exalta el gasto consumista  y se  desestima la producción  como generadores  de prosperidad.   La  inflación,  el desempleo, la  escasez, el  déficit habitacional y las  deficiencias en los servicios de salud son consecuencias de este modo de pensar insensato.

Por otra parte,  los modelos mundiales no son dignos de imitación. De la misma manera,  la economía mundial tiene mucha debilidad sistémica. Los países desarrollados  tienen un modelo similar al de Venezuela porque  la sociedad industrial contemporánea  está basada en el consumo excesivo   de recursos no renovables. Sin duda,  la crisis mundial fue un alerta de lo inadecuado del sistema. 

El aumento demográfico mundial,  el crecimiento de la clase media  y  los países emergentes como China e  India aumentaron  la demanda. Al mismo tiempo, los  inventarios decrecientes de materias primas  y  malas cosechas debido a la crisis  climática redujeron  la oferta. En consecuencia, un alza de precios a nivel global  fue inevitable principalmente en los rubros: petróleo,  cobre y  alimentos.    En Estados Unidos,  esta inflación sumada al estancamiento de los salarios,  la cultura del  consumo ostentoso,  la adicción al crédito, y la avaricia corporativa generaron una  crisis en el sector financiero  que llevo a una recesión generalizada.   Nuevas maneras de actuar  a  nivel planetario  son necesarias porque este sistema  no puede mantenerse por mucho más  tiempo.


Ciertamente, el hombre de hoy es demasiada inteligente como para ser capaz de sobrevivir sin sensatez.  Una vida prudente  determina que es lo verdaderamente valioso  y suficiente. La esencia del progreso no está en el incremento constante  de las necesidades materiales sino en buscar el desarrollo de las capacidades y los poderes humanos a  través de la actividad creadora.  El fomento de las necesidades es la antesis de la sabiduría, la libertad y de la paz porque  tienden a incrementar  nuestra dependencia. Realmente,  el carácter verdaderamente humano no  considera  las cosas más importantes que la gente y el consumo más importante que la actividad creadora. No hay que confundir calidad de vida con el nivel de consumo.  Lo ideal  sería la obtención del máximo bienestar con un mínimo de consumo dado que el consumo es meramente un medio para el bienestar humano.

La realización de la personalidad se alcanza por la expresión activa de su potencial en el proceso de creación. Los modelos establecidos deben ser sustituidos por modelos mejores y  la tendencia hacia lo mecánico, aparatoso, extravagante  deben ser remplazada por lo orgánico, elegante y bello. La prosperidad llegara a todos cuando  el trabajo llegue a ser visto como un proceso creador y  cuando todos tengamos la oportunidad de crear prosperidad   por nosotros mismos de manera directa. Un modelo económico bueno  está orientado a crear condiciones favorables al desarrollo  de las personas.

Toda actividad económica debería estar provista  de un sentido ético.  Los sistemas económicos actuales  necesitan un cambio de orientación. Este tren sin frenos debe transformarse a través de   una nueva  ética de trabajo basada en la creatividad y la moderación.  El apetito voraz que quiere  consumir todo a su paso debe ser sustituido por el afán de contribuir a pesar de las incertidumbres.

Estimados amigos: Confía en Venezuela. Confía en ti e invierte en mejorar.  Cambia  tu televisor por un huerto,  los centros comerciales por bibliotecas y la lotería por un abrazo. Fomenta las ideas, el arte, la música, las buenas obras y la amistad.  Crea paz, felicidad, prosperidad y  progreso.  Apuesta a un futuro hecho en Venezuela!

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