viernes, 6 de abril de 2012

Debate: Sobre el Anarquismo de Estado


1. Introducción
Anarquismo de Estado es un oxímoron; es decir una expresión contradictoria en sí misma, como por ejemplo,”fuego helado” o “CGT anarcosindicalista”. Pero el anarquismo es como el papel que lo aguanta todo. Además no cuesta nada calificarse como anarquista ni compromete a nada por eso proliferan los autodenominados anarquistas en los medios de formación de masas porque en la calle están ausentes. Abad de Santillán, consejero de la Generalitat de Catalunya, usaba la expresión de anarquismo gubernamental en lugar de anarquismo de Estado.

2. La época dorada del anarquismo de Estado
Sin duda el período de la guerra civil en España es la época de mayor desarrollo de esta tendencia hasta ahora. ¡Quién sabe qué desagradables sorpresas nos depara el futuro! Mejor ir prevenidos. Antes de las elecciones de febrero de 1936 la CNT barajó apoyar la participación electoral en las mismas, olvidando la anterior postura abstencionista pero como dice Santillán en la página 349 en “El anarquismo y la revolución en España” todavía no era posible porque se habría interpretado como dejación de principios. Pero con la aproximación a la UGT para la Alianza Obrera y la entrada de numerosos afiliados en el 36 el anarquismo de Estado gana fuerza. La participación de los anarquistas en distintos organismos del Estado fue general: ministros, consejeros de gobiernos regionales, alcaldes, concejales, cargos en las fuerzas policiales, en el Ejército, en las Prisiones, etc. La justificación fue ganar la guerra. Pero si en circunstancias bélicas los principios antijerárquicos y los fines antiestatistas se relegan eso implicaría que el anarquismo es imposible en tiempo de guerra. Juan Pablo Calero en “El gobierno de la anarquía” saca a colación una cita de Tarrida del Mármol que reproduzco: “si no podemos adaptar nuestra conducta a nuestras ideas, lo hacemos saber, tratando así de acercarnos lo más posible al Ideal. Hacemos lo que haría un viajero que quisiera ir a un país templado y para llegar a él debiera atravesar los trópicos y las zonas glaciares; iría provisto de ropa liviana y de buenas mantas, que dejará a un lado llegando a destino”. Pero el símil no es adecuado porque tirar una manta no es lo mismo que abandonar una costumbre y sino ahí tenemos a Segundo Blanco que no quería abandonar su cargo de ministro ya terminada la guerra. Lo que hacemos nos transforma.

La participación en el Estado trajo escisiones durante muchos años después de la guerra además de fracasar en la guerra.


Las aportaciones de N. Chomsky y M. Bookchin.

Chomsky, votante fiel en las elecciones locales y compañero de viaje de los anarquistas admite que su objetivo final es la abolición del Estado pero “mis objetivos a corto plazo son defender e ,incluso, reforzar elementos de la autoridad del Estado que ,aún siendo ilegítimos desde puntos de vista básicos ,resultan esencialmente necesarios ahora mismo para obstaculizar los denodados esfuerzos dirigidos a “dar marcha atrás” en los progresos logrados en la expansión de la democracia y los derechos humanos” (pg. 156 del libro “Sobre el anarquismo”).

Habría que combatir a la ultraderecha que pide un Estado mínimo porque aunque el Estado hace cosas atroces también hace cosas buenas, según él. Afirma que vivimos en una jaula con el Estado dentro y el Capital fuera, entonces habría que ampliar el tamaño de la jaula y preocuparnos del enemigo de afuera. Se trata de un ejemplo desafortunado en la línea de los socialdemócratas que consideran enemigo número uno al Capital pero no al cada vez más poderoso Estado que en España acapara el 40% del PIB y a 3,2 millones de empleados.

M. Bookchin, por su lado insiste en la participación en elecciones locales siguiendo el ejemplo de los Municipalistas Libertarios que en 1948 iniciaron esa estrategia, hasta que con el triunfo de las listas libertarias establecer un sistema asambleario votando. Como si el Estado central lo fuera a permitir. Tiene el atractivo esta propuesta de que el cambio revolucionario va a ser pacífico algo muy valorado en los tiempos del 15M que atravesamos.

3. Las aportaciones del ICEA al anarcosindicalismo de Estado.

El Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión lanza en su Cuaderno nº 1 de abril de 2009 y en su artículo de la revista “Viento Sur” de octubre de 2010 reconoce la necesidad de una transformación social profunda para a continuación proponer una serie de medidas diversas.

Hay un apartado dedicado a medidas para la recuperación económica o sea el crecimiento económico objetivo de cualquier partido político pero que no debería ser el de la CNT porque en sus finalidades figura claramente la distribución igualitaria, además de razones ecológicas relacionadas con la contaminación y la escasez de recursos propios de cada municipio libre. Habría que añadir razones sociales relacionadas con la insatisfacción de los aumentos de ingresos per cápita más allá de cierto nivel que ya hemos alcanzado de media.

También sorprende el control sindical de varios impuestos entre ellos el de movimientos de capital a escala internacional, lo que propone ATTAC integrando a la CNT en el aparato del Estado como un organismo más a engordar la burocracia como en tiempos lejanos. No estaría de más que los miembros del ICEA que son afiliados a la CNT partieran de los acuerdos sobre principios, tácticas y finalidades en lugar de beber en tantas fuentes socialdemócratas que prosperan en Internet.

4. A los/as anarquistas enamorados/as del Estado.

Como los amores son pasiones también son temporales, pero esto ya dura demasiado. Así que, tal vez sirva de algo señalar algunos defectos del objeto de vuestro persistente afecto. El Estado subyuga al pueblo correspondiente y -en la medida en que puede- a Estados ajenos a su voluntad; restringe -a la vez física y psicológicamente- la libertad del individuo para perseguir sus propias metas; se apropia injustamente de lo que es del pueblo (y en la medida en que puede, de otros Estados); distorsiona la personalidad tanto de la élite dominante como de las víctimas oprimidas; mina la armonía en las relaciones humanas, y genera una cultura de dependencia.

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