domingo, 4 de diciembre de 2011

Venezuela: La mora gubernamental


Por Humberto Decarli

Si algo caracteriza a la presente administración ha sido el atraso en múltiples asuntos a pesar de haber contado con un soporte financiero como nunca antes lo hubo en la historia republicana. Ha sido su rasgo fundamental racionalizado en un magistral encubrimiento radicado en la publicidad, la propaganda y el carisma del Jefe del Estado. Frente a cada frustración por negligencia emerge un espectáculo capaz de olvidar las metas incumplidas.
Así, el problema de la vivienda define lo antes aseverado. Durante doce años no se ha llegado a construir más de treinta mil unidades habitacionales anuales lo cual significa un fracaso descomunal en esta materia. Sin embargo, esta situación fallida se ha transformado gracias a la iniciativa publicitaria apta para omitir tanta incuria.


Primero, explotando las estafas inmobiliarias existentes desde hace mucho tiempo. Una gran movilización del Indepabis materializó la maniobra para preterir tan pobre desempeño. Después con el manejo de la ley inquilinaria desde una normativa inclinada hacia los propietarios vigente desde el año 2000 y luego un gran escándalo con la puesta en vigencia de un nuevo cuerpo legal favorable al arrendatario.
Igualmente la política laboral del Estado ha sido de omisión. La Disposición Transitoria Cuarta constitucional ordena a la Asamblea Nacional la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo en dos aspectos: aumentar la prescripción de las acciones laborales a diez años y volver al anterior régimen de prestaciones sociales. Más de diez años ha tardado el órgano legislativo nacional sin legislar a pesar de que el Tribunal Supremo de Justicia ha declarado con lugar acciones de inconstitucionalidad por mora legislativa.
Ahora el presidente alega que va a promulgar una nueva Ley Orgánica del Trabajo antes del primero de mayo del próximo año y que la anterior fue impuesta por el F.M.I. pero durante doce años permitió unas normas diseñadas por ese organismo multilateral.
Asimismo, en el caso de la electricidad buscó en la naturaleza la responsabilidad de su incapacidad escondiendo la verdadera razón, vale decir, la ausencia de inversiones en el ramo no obstante haberse advertido esa necesidad con anticipación.
A la incapacidad del Estado para detener la inflación se apela a la lucha contra la especulación como si fueran lo mismo y así confundir a la gente en la apreciación de ambos fenómenos económicos.
La ineficacia en grado superlativo es la caracterización diáfana de este gobierno sin haber una justificación para ello por lo nutrido de los petrodólares derivados de la venta del barril a un alto precio. Frente a una praxis errática emerge un mecanismo de distracción para diluir la conciencia colectiva contando para esa meta con exceso de recursos financieros, los espectáculos televisivos y una devoción de ciertos sectores populares con el caudillo para creer lo imposible.
Esta actuación se inscribe en fenómenos sociales repetidos por experiencias conocidas como el nasserismo egipcio y árabe, el nacional socialismo alemán, el peronismo argentino, el fascismo italiano y el estalinismo soviético y el cubano. Empero, tantos retardos pueden horadar los dogmas de fe internalizados en sus seguidores y llegar a alcanzar coyunturas inesperadas como siempre nos ha sorprendido la historia.

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