martes, 6 de diciembre de 2011

Kadafi: Tirano versallesco


Por Domingo Alberto Rangel

Moamar Kadafi solicitó antes de ser capturado y ajusticiado negociar la transición en Libia. El Consejo que ya gobernaba al país del Norte del África rechazó, con destemplanza, tal solicitud.

Mezclando la caridad con la ironía, pudo haberse aceptado tal gestión. Pero sometiéndola al calvario de anexarle unas condiciones. La primera que Kadafi pidiese, antes de penetrar a cualquier salón libio perdón por los delitos cometidos durante los cuarenta y dos años de su tiranía. En realidad, Kadafi fue más enemigo del Tesoro libio que de los habitantes del país. Era imposible, cuando advino Kadafi al mando superior de la nación libia, implantar una tiranía de tipo latinoamericano.

El advenimiento de Kadafi coincidió o siguió a la huida poco gallarda de los dictadores del Río de la Plata allá por los años setenta. No podía configurarse una democracia burguesa o siquiera una tiranía a la suramericana cuando en Atlántico sonaba la hora de la demagogia.
No todo empero fue fraudulento o malsano en los primeros ensayos gubernamentales del joven coronel libio que a fines de 1969 capturó el poder en su país. El movimiento libio coincidió en el tiempo con la gestión de Omar Torrijos en Nicaragua y con la interrumpida Presidencia de Salvador Allende en Chile. De allí que el líder libio podía imitar, con firmeza absoluta los regímenes del momento, pero sin extremar el parecido.

Hay algo que silencian ahora las crónicas de estos días en que Kadafi, convertido primero en un delincuente que deambulaba por las sombras de una huida sin grandeza. El régimen libio instaurado por aquéllos días llegaba a las alturas del poder e introducida en el texto del libro verde una experiencia nacida en Libia siglos atrás y robustecida o reivindicada por los oficiales del ejercicio de los cuales era Kadafi y exponente. París tribal, Libia tiene tres troncos tribales diferentes, el de Cirenaica, el de la Tripolitania y el Fezzam. Esas tribus tienen unos consejos deliberantes que dictan las leyes que regulan la vida pública o lo que podríamos llamar vida pública entre ellos y escuchan los informes de los líderes ejecutivos.

Es curioso ese régimen los oficiales que derrocaron al rey en 1969 implantaron en la Libia petrolera y arrogante de 1969. Kadafi era o fue durante décadas miembro de un supremo organismo de gobierno, la transformación del régimen en una especie de dinastía- republicana con un monarca vanidoso y giratorio fue obra de los últimos quince años. El modesto beduino que llevaba las insignias de coronel en sus dos hombros hasta transformarse en un caudillo iracundo, de efervescencia permanente, es obra del postrero decenio en las cimas supremas del poder.

Las tribus libias, como casi todas las tribus o muchas de ellas suelen combinar un caudillismo raudo y fulminante con un asambleísmo antediluviano. Cuando Kadafi, en su libro Verde reivindicaba la Jamagiriya o República de los Consejos atendía mas la voz de los desiertos de Libia que las palabras de monsieur Charles de Secondat, conde de Monstesquieu. Las tradiciones libias se remontan a los tiempos que siguieron a la muerte del profeta Mahoma cuyos sucesores de los primeros tiempos cruzaron el desierto libio camino de España donde iban a terminar su peripecia.

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