lunes, 24 de octubre de 2011

Vzla: La otra fuga de divisas


Por Humberto Decarli

El control de cambio en Venezuela se ha mantenido desde su implementación en los inicios del año 2003. El sentido de su aplicación residía en detener la acelerada fuga de divisas que se estaba produciendo en ese entonces. Fue una medida materializada tmabién en Europa por muchos años a partir de la finalización de la segunda guerra como vehículo de protección de las economías del Viejo Continente.

Igualmente los países del socialismo autoritario la llevaban a efecto para controlar la economía desde el Estado y regular de esa manera la moneda nacional en su convertibilidad respecto al dólar. Era una manifestación más del totalitarismo en materia monetaria.

Sin embargo, en el caso nuestro esta decisión no ha cumplido la finalidad propuesta porque las transferencias desde aquí hacia el exterior se han incrementado descomunalmente a pesar de regularse la libre circulación de divisas e incluso tipificarla como delito para sancionar a quienes transgredieran las normas cambiarias.

Así, las nacionalizaciones de ciertas empresas como la Electricidad de Caracas y la C.A.N.T.V. fueron canceladas en monedas extranjeras con el precio del valor del mercado de las acciones a las transnacionales Aes Corporation y Verizon, al igual que en Sidor a la empresa argentina Techint. Esos enormes pagos representaban ingentes erogaciones para el Estado en unidades no precisamente venezolanas.

De la misma manera, la dependencia alimentaria del exterior ha generado el empleo de la chequera estatal para buscar en la muy limitada oferta de los mercados mundiales la adquisición de estos bienes dada la baja producción interna en este rubro.

Es importante resaltar que los pagos del servicio de la enorme deuda externa venezolana se hacen en divisas lo cual redunda en conformar una salida más de dinero desde Venezuela.

También existe una incidencia desproporcionada en los gastos por múltiples compromisos internacionales contraídos, en muchos casos ilegítimamente, con naciones y organismos allende las fronteras. La política clientelar en el exterior genera muchos pagos superfluos para el país pero es consecuente con el estilo asistencialista y populista llevado a cabo desde los tiempos de la tristemente Gran Venezuela así como también lo hizo Muammar Gadaffi como experiencia de búsqueda de liderazgo durante los años sesenta y ochenta con nulos resultados.

Mientras exista una economía de puerto, una dependencia rentista y la ausencia de producción nacional, Venezuela será un país importador y por ende, una nación con desplazamientos permanentes de divisas y de capitales hacia el exterior. Tratar de esconderlo a través del control de cambios y de expresiones como “desarrollo endógeno” y “soberanía alimentaria”, totalmente inexistentes pero enmarcados dentro del espectáculo como lo describía el intelectual situacionista Guy Debord.
            Es la concreción de un modelo extractivista y monoproductor que se asocia con el rol destinado por los grandes centros de poder a Venezuela como una nación exportadora de una materia prima tan sensible para el mundo contemporáneo como es el petróleo y cuya renta crea la ilusión de un país autosuficiente cuando la realidad es totalmente opuesta. Las distintas bonanzas acontecidas así lo han confirmado.

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