Por Carlos Solero
El sociólogo contemporáneo Norbert Elias explicaba que una de las características del proceso civilizatorio era la atenuación de la violencia, pero marcaba también que había momentos históricos des-civilizatorios en los que la belicosidad alcanzaba altos grados de virulencia.
La saña exhibida por las fuerzas estatales reprimiendo a puro garrote y gases a los manifestantes en New York en días pasados, la ferocidad de los ataques a multitudes en Grecia y santiago de Chile deberían llevarnos a reflexionar sobre esta cuestión que Elias plantea.
Como colofón liminar de la campaña Africana fue asesinado Kadaffi, quien reinó más cuatro décadas haciendo buenos negocios con los jerarcas imperiales de Occidente. Ahora lo muestran liquidado como parte del espectáculo de sangre que las fuerzas de la OTAN y sus aliados libios despliegan flotando en petróleo.
Alguna vez el luchador antifascista y sobreviviente de los Lager nazis Primo Levi escribió “que una sociedad que no respeta la igualdad de las personas tienden a ser concentracionaria”, es decir a constituirse en un gigantesco campo de trabajos forzados y exterminio. Es posible que este sea el proyecto no declarado de los jerarcas mundiales y sus mandantes de las megacorporaciones capitalistas.
Nosotros seguimos bregando por frenar esas acciones y maniobras y considerando que la presencia en las calles de personas autoorganizadas y concientes de propuestas solidarias es un rumbo frente a las excluyentes coartadas belicistas.

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