miércoles, 26 de octubre de 2011

Cotidianidad política en Venezuela


Por Humberto Decarli R.

Hegel decía que las épocas tranquilas eran las páginas en blanco de la historia. Podríamos sostener la pertinencia de tal afirmación debido a los acontecimientos presentes en Venezuela. Nos referimos a la inercia apreciada en el país a pesar de la existencia de graves anomalías en diferentes planos porque el sedante electoral y el espectáculo se han encargado de suavizar o dar la sensación de normalidad.

La coyuntura de hoy

En efecto, atisbamos una situación de equilibrio ante la opinión pública derivada de varias consideraciones. En el sector oficialista se ha empleado la grave enfermedad del presidente como un atenuante frente a los ingentes problemas suscitados por el pésimo desempeño gubernamental además de las limitaciones inferidas de la renta petrolera, insuficiente para atender las necesidades clientelares y asistencialistas propias del populismo.

Ciertamente, se apela a la conmiseración generada por la salud presidencial para darle un suspiro y limitar el mal ejercicio del poder expresado en el fracaso demostrado en todos los órdenes. No existe ningún rubro donde la ineficacia de la actual gestión no esté presente. Es elemental ver como la salud, la educación, la vivienda, la inflación, los sueldos, la inseguridad y los servicios en general transitan por precipicios.


La maldición opositora

Asimismo la conducta de la oposición apunta al mismo camino. La agenda electoral asfixia totalmente a la M.U.D. Su único objetivo es el escenario fijado para fines del año venidero quizá para enjugar su pasado conspirativo, también por la presión de alcanzar el gobierno dadas las debilidades chavistas y en fin de cuentas porque forman parte del juego de la democracia formal.

La tragedia de la oposición radica en la ausencia de liderazgos nacionales. El anterior candidato presidencial, Manuel Rosales, era de tan poca relevancia que podrá ser reemplazado con total facilidad. Ahora se encuentra polarizada entre Capriles Radonski y Pablo Pérez, quienes no detentan mucha ascendencia en los sectores populares y no poseen, aparte de escasa formación intelectual, carisma ante la gente. Confían en una buena promoción mediática y el empuje de las otroras poderosas maquinarias.

La conmoción mundial

Los acontecimientos internacionales presentan un rostro diferente. En España se ha iniciado una impugnación a la representación y su modelo político, la democracia representativa. Los indignados simbolizan el rechazo al hastío formal y están luchando por desenmarañar el cartabón inventado desde la Revolución Gloriosa en Inglaterra y por la Ilustración francesa que luce ostensiblemente agotado. Será cuestión de tiempo la orientación del movimiento pero realmente están acertando en sus propuestas, fundamentadas en las asambleas de base.

Los estudiantes chilenos tienen contra las cuerdas al presidente Piñera debido al modelo educativo privado impuesto desde el comienzo de la dictadura pinochetista. Hubo ya un buen antecedente cuando estremecieron a la administración Bachelet y ahora han tomado la calle en un país donde la desigualdad socio económica está a la orden del día.

El pueblo en Israel salió a los espacios públicos a manifestar su angustia porque el esquema militarista gobernante ha generado inflación y desempleo. El sionismo está asfixiando a los seres humanos que habitan Israel bajo el pretexto de un peligro palestino sólo superable el día en el cual sus fuerzas armadas dejen de ser un ejército de ocupación en Cisjordania.

Igualmente en Islandia hubo una transformación política al desalojar del poder a una claque corrupta, persiguieron a los banqueros, desconocieron la deuda externa y hay un proceso constituyente. Todo bien silenciado por el significado de tal movilización y por lo pequeño del país.

Asimismo continúa la llamada primavera árabe que dio al traste con Ben Alí, Moubarak y al gran cancerbero de occidente, Muammar Gaddafi. Tienen sus barbas en remojo Alí Saleh en Yemen y Bashar Al Assad en Siria. A pesar de que los factores mundiales y locales de poder han manejado hasta ahora la rebelión de esos pueblos, efectuando maquillajes con la finalidad de seguir con la dominación, no puede negarse la apertura hacia nuevos aires de los seres humanos ancestralmente sometidos por las dictaduras de la región.

Presenciamos una fase de transición del modelo democrático representativo, muy limitado y agotado, a otras formas de injerencia de los hombres y las mujeres en la toma de decisiones y donde el alfa y la omega sean los seres humanos y no el poder.

La trampa electoral

El oficialismo tiene tiempo llevando a cabo una interminable campaña electoral y con los recursos financieros de la renta petrolera mediatiza la precariedad de la vida en Venezuela. Adicionalmente, el carisma del presidente con el agregado de su salud a la baja, genera un espectáculo capaz de buscar el quiebre de los conflictos sociales.

A través del mecanismo comicial pretenden crear todavía esperanzas en los sectores mayoritarios de donde emana el voto. Colocan al Estado con todo su peso a participar en el evento para coaccionar y, al mismo tiempo, sobornar a la gente.

Independientemente del desarrollo de la salud del Jefe del Estado hay una gran angustia en el chavismo por la gran debilidad mostrada. Dependen de un caudillo al cual le han rendido culto máximo a su personalidad quien ha destruido cualquier liderazgo dentro del PSUV. Los grupos aliados son figurines esperando la recepción de sinecuras y cuotas clientelares.

La ansiedad también es internacional porque el gobierno venezolano a punta de sus recursos financieros ha creado una dependencia que concomitantemente refuerza al presidente venezolano no conforme con sus límites fronterizos. A Cuba y los hermanos Castro, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, las islas de Barlovento captadas por el hechizo dinerario así como sectores de la intelectualidad europea y americana también tienen temor por un futuro incierto.

Qué hacer

Parafraseando al fundador del proyecto autoritario soviético cabe preguntarse cuál conducta asumir ante tamaña paralización y al bombardeo mediático, oficialista y opositor, engullidor de la dinámica política nacional.

 La ineficacia del Estado se ha hecho presente en todos los ámbitos de su actividad. Los conflictos sociales están contenidos pero pueden estallar por muchas causas: la ausencia de contratación colectiva, la bonificación, la tercerización, la inseguridad y la violencia elevadísimas, la inflación indetenible, el desempleo creciente, la economía informal en aumento, la ausencia de viviendas, el desastre penitenciario, la corrupción desbordada y notoria, la flexibilización laboral, la salud pública disminuida y muchos dígitos denotativos del fracaso.

Emergen algunas manifestaciones de trabajadores diferentes a lo tradicional y existen dirigentes sindicales honestos y distintos. Asimismo, las zonas de exclusión social viven días oscuros por la precariedad de la vida y la represión policial y delincuencial mas presentan signos de organización para responder. El movimiento estudiantil lamentablemente está electoralizado y los intelectuales polarizados entre la defensa del proceso o de la democracia populista.

La participación en todos los frentes de la sociedad es la salida para romper el marasmo. Colocar énfasis en las luchas sociales por encima de las demás es indispensable para la búsqueda de opciones distintas a las existentes. Es una tarea titánica si tenemos en consideración la fortaleza de un poder instaurado prácticamente desde la llegada de Colón. Además, el músculo financiero derivado de la renta petrolera es un elemento más para frenar las expresiones de inconformismo.

Queda la constancia y los logros inmediatos que abonen perspectivas hacia luchas contra el Estado y demás manifestaciones de control y disciplina. Son arduas y duras las posibilidades pero hay que aprender de las experiencias donde un poder omnímodo en circunstancias específicas se desmorona. Esa es la dirección a la cual deben apuntar los esfuerzos para cambiar las relaciones de sumisión.

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