domingo, 28 de abril de 2019

Debate (A): La droga como mercancía, el narcotráfico como una forma de dominio



Revista Kalinov Most

Es imposible obviar la comprensión de la droga dentro del funcionamiento como mercancía en el capitalismo, es así cómo, por su particular condición de ilegalidad, se desenvuelve en un específico mercado internacional, caracterizado con los más violentos ritmos del capitalismo salvaje globalizado, adquiriendo brutales niveles de explotación a lo largo de su cadena de producción. Si quisiéramos tener un buen ejemplo de cómo funciona el capitalismo, la ganancia a toda costa, la salvaje explotación o la sangre derramada en pos de los dividendos económicos, no necesitamos mirar a la banca, ni el trabajo en la mina: una somera pero detenida mirada al negocio de las drogas explicaría muy bien cada elemento.

Si bien no nos interesa centrarnos en hacer una crítica solo desde su aspecto productivo, mercantil o economicista, ni mucho menos apelar a consumos y producciones éticas de ninguna mercancía, sí nos parece prudente evidenciar y no desligar el consumo de drogas con su cadena productiva y de transacciones.
 

Al comprender el dominio en su forma más amplia, y no solo en la minuciosidad de gobernantes de turno o representaciones estatales, es que observamos cómo el negocio de las drogas desarrolla al unísono una eficaz herramienta de control social para algunxs sujetxs, con la certera posibilidad de contribuir enormes ganancias económicas

.Pero la crítica al narcotráfico no solo puede centrarse en alguna consigna sin una comprensión de la compleja realidad en que se desenvuelve y convive con el Estado. Entonces, en ese orden ¿Cómo se explica el continuo endurecimiento de legislaciones antidrogas? ¿Los millones de pesos gastados en policías y equipos antidrogas? ¿La gran cantidad de presxs por causas ligadas a las drogas? La realidad es palpable en las prisiones, poblaciones, ciudades y juzgados. El endurecimiento de penas, la persecución policial y el encarcelamiento tanto de narcotraficantes, “pequeños traficantes” y consumidorxs es un hecho real.

¿Qué sucede entonces? ¿Es toda una gran pantomima para endurecer legislaciones al menor atisbo de lucha contra el Estado? Pues no, al igual que otros grandes conflictos, se hace necesario evidenciar, por un lado, la continua convivencia y relación endógena entre traficantes y representantes del poder, quienes cooperan por la supervivencia del negocio y el control, pero al mismo tiempo se producen pugnas de intereses frente al monopolio de la violencia y el control con el Estado. Lo que realmente genera una problemática a lxs poderosxs no es el envenenamiento a poblaciones completas sino el correcto uso y en los porcentajes adecuados de las distintas herramientas para el control. Es de esta forma que a veces el instrumento legal, jurídico, policiaco sirve para cubrir algún aspecto en la pacificación y buen funcionamiento de la sociedad pero al mismo tiempo se hace necesario servirse de estos emprendedores de la represión y el control, como lo son los narcotraficantes, en un plano ilegal. La real pugna es una cuestión de estilos y porcentajes con que se administra cada una. Mención aparte merece las enormes ganancias económicas que produce el negocio de las drogas en la economía mundial, no por nada es considerado una de las actividades que mayor riqueza produce a nivel planetario; sus beneficiarios, entonces, siguen siendo, de una u otra forma, los poderosos.

Rechazamos tajantemente hablar de corrupción ante las evidentes complicidades de traficantes con autoridades, por el hecho de que éstas denuncian, buscan y apelan al buen funcionamiento de la estructura social, a la división de poderes y una esencial pulcritud de las instituciones, pues para nosotrxs, sencillamente, los abusos o corrupciones no existen, siendo ésta la esencia del poder.

Narcotráfico y control social

Así pues ¿cuál es la real función de las drogas y el narcotráfico en el dominio? Para responder esta pregunta se hace necesario analizar dos aspectos. Por una parte observamos cómo las drogas, en contextos urbanos y modernos, se transforman en venenosas sustancias que tienen como fin específico la alteración de las sensaciones, buscando “evadir” la realidad, pero esta evasión de la realidad trae consigo diversos elementos paralelos, tales como la adicción, transformar el tiempo de ocio en tiempo de consumo, situar esta sustancia como elemento mediador en las relaciones o transformar su consumo en el motor principal de la vida. La droga, entonces, se transforma en un elemento clave a la hora de conseguir el control social en sectores donde otros dispositivos de control no bastan. Difícilmente puede haber algo más eficaz y rentable para el dominio.

Nos alejamos de los discursos de varias ONG y algunas concepciones políticas que buscan victimizar a lxs consumidorxs como individuos presos y determinados por contextos imposibles de rebelarse y romper, si bien varias de estas violentas realidades son claves en la trayectoria de los sujetos, creemos en la fuerza de los individuos para romper con los contextos impuestos...si no fuese así, ¿Sería posible oponerse a este contexto que determina la sumisión y control? Pues el reinado del orden sería perfecto e incuestionable, pero la praxis revolucionaria sabe romper con su contexto.

Volviendo a un segundo aspecto para definir la función de la droga en el dominio, nos encontramos no solo con su consumo, sino por sobre todo, con la existencia de la administración económica de ésta en el llamado narcotráfico, donde las lógicas de poder y las distintas formas en que se expresan evidencian la fuerte jerarquía con que se manejan y el asfixiante control que pretenden imponer para administrar su mercado.

Estos miserables patrones o empresarios son la hipertrofia del propio poder estatal. Con represión, vigilancia y control en sus territorios, pero también ofreciendo una que otra mejora para conseguir la adhesión o simpatía, no presentan mayor diferencia a la lógica administrativa y territorial del poder establecido. Legal o ilegal, solo es una cuestión de forma y no de fondo.

Narcotráfico y guerra social: algunos momentos claves y algunas respuestas

A lo largo de los últimos años el tráfico de drogas en ningún caso se ha encontrado ajeno como instrumento de lxs poderosxs en la comprensión del enfrentamiento y la guerra social. A continuación solo mencionaremos algunos breves ejemplos donde su uso ha sido evidentemente instalado para desarticular y desmantelar la conflictividad. Como un muy buen ejemplo encontramos los programas de inteligencia del FBI, particularmente el COINTELPRO, encargado durante la década de los 60 y 70 de neutralizar los distintos movimientos y agrupaciones insurgentes en suelo norteamericano. Particular fue su sistemática inserción de drogas en barrios negros para desarticular desde adentro, y a los propios entornos de los Panteras Negras. La acción de contrainsurgencia trajo violentos enfrentamientos, asesinatos y transformar una población activa en zombis minando la organización desde sus propios territorios.

Una realidad para nada distinta a la ocurrida en Europa. Francia y España, por ejemplo, en la misma década vivieron la inundación de heroína en los barrios marginales, con agitación y conflictividades mientras en simultáneo desaparecía el acceso a la marihuana; el mercado ilegal sabe regularse perfectamente cuando de control social hablamos.

En el País Vasco, cuando la heroína instalada sistemáticamente y cuasi institucionalmente por parte de la policía conseguía desmovilizar cada vez a más sujetos, la organización ETA y otras expresiones de resistencia, por su parte, deciden combatir el tráfico atacando con explosivos distintos pubs o casas de reconocidos traficantes, dando vida a la consigna de “Amonal o metralleta, traficante a la cuneta”.

En plena confrontación y agitación frente a Inglaterra, el IRA también decide frenar las continuas expresiones de narcotráfico al interior de Irlanda que amenazaban con desmovilizar el contexto de enfrentamiento, es así como mediante disparos en las rodillas se expulsaba a traficantes de las calles.

Los incendiarios disturbios en Francia durante el 2005 que se expresaron multiformes por los distintos barrios terminaron siendo confrontados y reprimidos por el poder con distintas tácticas. Además de la intervención policial en los barrios, el tráfico de drogas fue un elemento clave de control social, incrementando y aumentando la cantidad de cocaína a precios ridículos afectando directamente a los sectores que apostaban por quemar las ciudades. Se buscaba cambiar las urgencias y prioridades de lxs participantes en la revuelta.

En Grecia, durante los últimos años distin-txs compaeñrxs anarquistas se han enfrentado con traficantes en continuos combates y manifestaciones de demostraciones de fuerza, buscando expulsarles de las calles. Un traficante abatido por balas y varios compañeros anarquistas heridos en ataques con golpes y cuchillos, han sido parte de la batalla que en estos momentos se sigue dando. La necesidad de expulsar a quienes colaboran con la policía, a quienes buscan mantener el control y orden de la ciudad, se hace cada vez más urgente.

El caso chileno no escapa a esta realidad global de confrontación, es así como durante la dictadura el incremento de pasta base de cocaína, en las poblaciones más combativas fue, sin lugar a dudas, una fuerte herramienta desmovilizadora del enfrentamiento; efectos que continuaron y se profundizaron ya entrada la transición democrática. En la actualidad nos encontramos con dos casos que evidencian este antagonismo innegociable en contextos de guerra social: en mayo de 2015 una manifestación estudiantil se desarrollaba en Valparaíso, un miserable narcotraficante se asoma por la ventana de su casa disparando contra la multitud, su objetivo era buscar controlar la tranquilidad del territorio para que no arruinar su negocio, de esta forma asesina a dos jóvenes.

En Santiago, la combativa conmemoración de la muerte de jóvenes revolucionarios en dictadura en la población Simón Bolívar, era comúnmente recordada con barricadas incendiarias, enfrentamientos con la policía y la participación activa de varixs compañerxs antiautoritarixs, en los últimos años se vio interrumpida por los disparos de narcotraficantes hacia la manifestación. Nuevamente el objetivo era atacar sobre el montón y disolver la manifestación que les arruinaría el negocio.

Con este breve recuento situamos al narcotráfico en la guerra social, y si bien nos mantenemos lejos de las lógicas armadistas, jerárquicas y nacionalistas de algunas organizaciones que los han enfrentado, sí nos permite conocer el nivel y profundización de las armas del enemigo en su arsenal para enfrentar a quienes perturben el orden establecido.

Entonces no basta la consigna, sino que se hace necesario reflexionar, comprender y enfrentar al tráfico y su cultura desde una perspectiva anárquica e insurreccional, que vaya trazando un camino propio, no solo de ruptura total con estos sujetos, sino de confrontación y ataque multiforme.

[Fragmento extraído de un artículo más extensa, titulado “Desde el combate anárquico: reflexiones en torno al narcotráfico y el dominio”, incluido en la revista Kalinov Most # 1, cuyo texto completo está disponible en https://kalinovmost.files.wordpress.com/2019/04/kalinov1.pdf.]


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