miércoles, 9 de abril de 2014

Para quien llega ahora o hace poco: ¿qué es eso del anarquismo y por qué El Libertario es anarquista? - 3


Desde febrero pasado y en medio de la agudización de la crisis que en todo sentido padece Venezuela, este blog ha recibido (y continúa recibiendo) un alud de cientos de miles de visitas por parte de quienes han buscado en Internet información alternativa sobre tal situación.

Para la mayoría – o al menos un porcentaje importante de esa gente – éste ha sido su primer contacto con El Libertario, que como vocero impreso existe desde 1995 y se divulga en parte o por completo en el ciberespacio desde 1998. También para esas personas suele ser la primera vez que se leen materiales escritos por anarquistas, o que desde un vocero de esta tendencia se difunden como afines a nuestras acciones, ideas, propuestas y opiniones. Por lo tanto, es de suponer que se hagan las preguntas arriba anotadas, de modo que les interesaría la respuesta que demos.

Por supuesto, para satisfacer tal inquietud, lo más sencillo para nosotr@s es remitir a la extensa documentación, tanto impresa como accesible vía Internet (por ejemplo en este mismo blog y en nuestra web www.nodo50.org/ellibertario), donde se esclarece la teoría y práctica del anarquismo, e igualmente a las múltiples explicaciones que ha dado nuestro grupo sobre su postura desde 1995. Pero entendemos que se agradecería si respondemos de una manera que sea todavía más clara, precisa y, especialmente, resumida, en comparación a lo que hay en dicha documentación.

Por eso hemos preparado este breve compendio, reuniendo 7 textos particularmente precisos y didácticos que se han publicado en diversas ediciones de nuestro periódico, con los cuales estimamos se atiende de modo apropiado y en palabras concisas a esas complejas preguntas sobre qué es el anarquismo y por qué aquí y ahora asumimos ese ideal. Para simplificar aún más las cosas los distribuiremos entre 4 posts, de modo que no sea tan agobiante la lectura  en pantalla que se haga de estos escritos.

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Anarquismo y Violencia

Nelson Méndez y Alfredo Vallota  -   [El Libertario # 37, abril/mayo 2004]

[Tomado de Bitácora de la Utopía. Anarquismo para el Siglo XXI, Caracas, UCV, 2001, pp. 33-35.]

Una de las características de los gobiernos latinoamericanos ha sido la represión violenta de las protestas colectivas; represión que testimonia la incapacidad de los aparatos de poder de estas latitudes para asumir o solucionar los conflictos sociales de manera tolerante. En cada caso que el gobierno de turno quitó el bozal a sus fuerzas represivas, argumentó que lo hacía para defender el orden y los bienes (no a los ciudadanos) de la amenaza de la subversión y la “anarquía”, pues es un lugar común para el poder reinante y sus defensores equiparar anarquía con la violencia y desorden que se atribuye a sus oponentes. Pero, ¿qué dicen los propios anarquistas cuando se identifica de ese modo a su ideal?...


Negar la posibilidad de la violencia como un momento en la lucha revolucionaria está lejos del anarquismo. En algún lapso el enfrentamiento destructivo que ella conlleva se hace presente, pues siempre habrá que responder a grupos que apelen a la fuerza como argumento para defender sus privilegios. Pero si la violencia puede ser necesaria, en modo alguno es la guía para la transformación que se pretende, que es un cambio total en la organización social y económica de la humanidad fundado en un cambio de los valores de cada persona. De ninguna manera este cambio radical puede ser el resultado de una revolución puntual y catastrófica, que a lo más podría llegar a dominar el poder político, lo que es contradictorio con la esencia del movimiento libertario pues su objetivo precisamente es destruir tal poder. Está totalmente fuera de la tradición anarquista pensar que una algarada callejera, así logre tomar La Bastilla o el Palacio de Invierno, consiga transformar la sociedad tal como se desea, ni que sea el primer paso. En todo caso podría ser el último, porque la pretensión anarquista no se limita a la mera socialización de la economía ni menos aún a la adquisición del poder institucionalizado en alguna de sus formas, sino que busca modificar las relaciones entre los hombres fundándolas en la libertad, la igualdad y la solidaridad, lo que hace que la revolución se extienda a todos los aspectos de la vida de todos y de cada uno y encierre tanto un cambio de las relaciones comunitarias como un cambio personal.

No es por tanto que el anarquismo niegue la violencia, sino que rechaza esa violencia que es únicamente manifestación de la pasión destructiva y no está subordinada a la acción constructiva, y que ni siquiera sirve de detonante de un vasto movimiento popular revolucionario. No es en la violencia de un grupo de donde ha de surgir la creación de un mundo nuevo, sino de la participación e incorporación de todos y cada uno en esa tarea generadora. La violencia como momento destructivo es un punto de un proceso constructivo mucho más largo y amplio.

Sin olvidar que entre fines del S. XIX y comienzos del XX cierto número de anarquistas – impacientes ante la enorme injusticia y desigualdad que les rodeaba - se relacionó directa o indirectamente con las acciones violentas de lo que se llamó entonces “propaganda por el hecho”, eso es insuficiente para asociar anarquía y violencia de manera tan directa como se pretende en este continente. En todo caso, recuérdese que tanto en aquel momento histórico como en todos los otros habidos en dos siglos en los que se vio involucrado, la gran mayoría del movimiento libertario no ha seguido vías estratégicas o tácticas que impliquen el uso sistemático del llamado terrorismo revolucionario. Tampoco se puede olvidar que los anarquistas han padecido, en el mundo entero y bajo cualquier régimen, más violencia que la que pueden haber ocasionado, pues lo cierto es que la represión policial de cualquier gobierno democrático- representativo latinoamericano ha matado más gente que, por ejemplo, los fallecidos por causa del gran movimiento filo-anarquista del mayo francés de 1968. Los anarquistas inmolados se cuentan por miles, muy pocos por la violencia ciega que ellos hubiesen propiciado, en cambio casi todos por defender - frente a los explotadores y opresores - ideas que son capaces de elevar a la humanidad a un nuevo estadio de dignidad. Ha habido menos violencia en los anarquistas que en las guerras santas de las religiones, en los conflictos por conquistar mercados o en los movimientos por apoderarse del poder político; en cambio han aportado como nadie su permanente activismo a las manifestaciones pacifistas, en defensa de las minorías y en pro de los derechos de todos y cada uno.

Si esto que decimos es así, entonces ¿de dónde surge la asociación anarquía-violencia?. Un recorrido por la historia ayuda a explicar esto. La violencia anarquista nunca fue del estilo de los guerrilleros fundamentalistas (religiosos, étnicos o políticos) actuales, que igual atacan una patrulla del ejército, masacran a un poblado desguarnecido, o colocan bombas en escuelas y zonas comerciales muy transitadas. La violencia anarquista se ha caracterizado por ser puntual, específica, por atentar contra un Rey, un obispo, un Presidente, un torturador, por robar bancos, atacar a instituciones o empresas símbolos de la opresión. Los anarquistas siempre golpearon en las estructuras de poder, donde los privilegiados se sienten seguros y atacándolos directamente. De allí que los afectados se ocupasen especialmente de sobre-dimensionar esa violencia, porque les llega de cerca, haciendo que los medios de difusión señalen el horror de la desgracia de uno de ellos como más notable que lo padecido a diario por los miles que sufren sus desmanes.


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Anarquismo: respondiendo a las críticas

Brian Morris  -  [El Libertario # 62, marzo/abril 2011; # 63, mayo/junio 2011; y # 64, septiembre/octubre 2011]

[Fragmentos de artículo incluido en la compilación de varios autores Anarquismo y Antropología, editada por LaMalatesta de Madrid en 2010.]

1) Se dice que l@s anarquistas son demasiado inocentes y tienen una idea idílica de la naturaleza humana, pues al igual que Rousseau la perciben románticamente, como esencialmente buena y pacífica. Pero, por supuesto, los humanos no son así en realidad; son crueles, agresivos y egoístas, por lo que la anarquía es sueño inalcanzable, visión irreal de una pasada edad dorada que nunca existió, pues algún tipo de autoridad coercitiva es siempre necesaria. La verdad es que l@s anarquistas no siguen a Rousseau. De hecho, Bakunin fue muy crítico de los filósofos del siglo XVIII. Much@s anarquistas tienden a pensar que los humanos tienen tanto tendencias buenas como malas. El hecho de que se opongan a todas las formas de autoridad coercitiva se debe precisamente a  tener una visión realista, en lugar de romántica, de la naturaleza humana. Están contra todo poder en el sentido de la palabra francesa puissance (“poder sobre”) – en lugar de pouvoir (“poder para hacer algo”) -, y creen como Lord Acton, que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Como Paul Goodman escribió, la cuestión nos es si la gente es lo “suficientemente buena” para un tipo particular de sociedad, sino que es cuestión de desarrollar instituciones sociales más adecuadas para expandir nuestras potencialidades de inteligencia, honor, sociabilidad y libertad.

2) La anarquía, se cree, es sinónimo de caos y desorden, pues así la gente suele emplear el término. Sin embargo, la anarquía es entendida por l@s anarquistas en un sentido completamente opuesto. Significa una sociedad basada en el orden impuesto desde la autonomía del individuo, la cooperación y sin gobernantes o autoridad coercitiva. Como Proudhon apuntó, la libertad es la madre del orden. No obstante, igualmente l@s anarquistas no denuncian el caos, pues ven en el caos y el desorden un potencial inherente; como dijo Bakunin, destruir es un acto creativo.

3) Se quiere igualar anarquismo y violencia. El anarquismo, según se dice, aboga por las bombas y el terror. Pero como Alexander Berkman escribió, el recurso a la violencia contra la opresión, o para lograr determinados objetivos políticos, ha existido siempre a lo largo de la historia de la humanidad, siendo ejercida por seguidores de todos los credos políticos y religiosos. Y todo gobierno está basado en la violencia organizada. L@s anarquistas que han recurrido a la violencia no son peores que los demás, sin olvidar que la mayor parte de l@s anarquistas se ha posicionado contra la violencia y el terrorismo, existiendo desde siempre una fuerte conexión entre el anarquismo y el pacifismo. L@s anarquistas incluso han dado un paso más al denunciar la violencia que la mayoría no reconoce y que es siempre la peor posible: la violencia legal.

4) L@s anarquistas han sido acusados, en especial por los marxistas, de ser zoquetes teóricos, de ser anti-intelectuales y de crear un culto absurdo a la acción. Lo cierto es que sería fácil citar a much@s anarquistas y personas con simpatías hacia el anarquismo que han estado entre los intelectuales más destacados de su respectiva generación, personas realmente creativas. Además, l@s anarquistas han producido muchos textos básicos subrayando su propia filosofía y sus propias propuestas sociales, obras generalmente libres de la jerga y pretensiones académicas con las que muchos liberales, marxistas y postmodernistas disfrazan su trivialidad.

5) Otra crítica es opuesta a lo anterior: el anarquismo es ridiculizado como una doctrina inactiva por ser apolítica. L@s anarquistas solo se miran al ombligo porque no participan en la política partidista, de modo que “no viven en el mundo real”. Lo cierto es que el anarquismo no propugna el retiro para la auto-indulgencia o la meditación intelectual; es hostil a la política parlamentaria o de partidos porque la única democracia que cree válida es la democracia directa, sin delegación en representantes. Por ello, propugna variadas formas de desafiar y transformar el sistema actual de violencia y desigualdad, surgidas de la acción directa, la autogestión y la solidaridad. Una de las razones por las que han resaltado la publicación de propaganda y la educación es por considerar la organización de los partidos como opresiva, por parecerles que lleva obligatoriamente a cierto tipo de despotismo. Y en relación con las Revoluciones conducidas por partidos (como la Rusa), la historia ha demostrado que sus premoniciones eran correctas.

6) La crítica marxista califica al anarquismo de utópico y romántico, una ideología campesina o pequeño-burguesa, una manifestación de sueños milenaristas. Estudios históricos como el de John Hart sobre el anarquismo y la clase obrera mexicana, o el de Jerome Mintz sobre los anarquistas de Casas Viejas en España han refutado, más que de sobra, algunas de esas falsas pre-concepciones. El movimiento anarquista no ha estado confinado al campesinado: como anarcosindicalismo ha florecido entre los trabajadores urbanos. Tampoco es utópico o milenarista. L@s anarquistas han creado colectivizaciones reales y siempre han sido muy críticos frente a la religión. Como las diversas obras de Reclus o Berkman atestiguan, ninguno de los primeros anarquistas esperaba ningún cambio inmediato o cataclismo a través de la “propaganda por el hecho” o la “huelga general”. Sabían que sería un camino largo.

7) Se afirma que el anarquismo tiene una concepción muy estrecha de la política pues ve al Estado como fuente de todo mal, ignorando otros aspectos de la vida económica y social. Esta imagen falsa deriva parcialmente de la forma en que el anarquismo ha sido definido por sus detractores. Pero cuando se examinan los escritos anarquistas clásicos, así como el carácter de los movimientos anarquistas en diversos lugares del mundo, se hace evidente que nunca ha existido esa visión tan limitada. Siempre ha desafiado todas las formas de autoridad y explotación, siendo tan crítico con el capitalismo y la religión como lo ha sido con el Estado. Much@s anarquistas eran feministas, much@s lucharon contra el racismo y defendieron la libertad de la infancia. La crítica ecológica y cultural al capitalismo ha sido siempre una dimensión importante de los escritos anarquistas.

8) Se ha sentenciado que el anarquismo es poco realista y que la anarquía nunca funcionará. Este juicio parte de la creencia en que no podrían existir de ningún modo sociedades sin algún tipo de gobierno centralizado, ignorando la larga existencia de lo que el antropólogo S. Diamond llamó “comunidades de parentesco” dentro, y frecuentemente en oposición de los sistemas estatales, y que redes de intercambio han existido a lo largo de la historia sin ningún tipo de control estatal. El Estado, en todo caso, es un fenómeno reciente y su forma actual de Estado-Nación tiene tan sólo quinientos años de existencia. Las comunidades humanas han existido por mucho tiempo sin autoridad central o coercitiva. Si es posible la existencia de una sociedad tecnológicamente compleja sin autoridad centralizada no es una cuestión fácil de responder. Tampoco es una cuestión que deba obviarse. Much@s anarquistas creen que dicha sociedad es posible aunque la tecnología deberá estar a una “escala humana”. Los sistemas complejos existen en la naturaleza sin que haya en ellos ningún mecanismo privilegiado de control. De hecho, muchos teóricos contemporáneos están empezando a vislumbrar el panorama social libertario que puede emerger en la era de la tecnología informática.

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 Nota final: los otros 3 posts con los demás textos de esta serie están en

- http://periodicoellibertario.blogspot.com/2014/04/para-quien-llega-ahora-o-hace-poco-que.html

- http://periodicoellibertario.blogspot.com/2014/04/para-quien-llega-ahora-o-hace-poco-que_9.html

- http://periodicoellibertario.blogspot.com/2014/04/para-quien-llega-ahora-o-hace-poco-que_7371.html



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