viernes, 11 de abril de 2014

Opinión: El diálogo de los negociantes

Humberto Decarli

La cadena televisiva del día de ayer 10 de abril presentando un supuesto diálogo entre el gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática ha sido un esfuerzo del oficialismo y la oposición para la búsqueda de acuerdos en ciertos aspectos donde hay la necesidad de transar. Se dijeron algunas cosas ciertas de parte y parte en la vía de romper efímeramente la hegemonía comunicacional impuesta por esta gestión.

Esta actuación se fundamenta en el requerimiento del oficialismo para remozar ciertos nombramientos orientados a dar la sensación de institucionalidad. Me refiero a los votos en el parlamento nacional para designar al Contralor de la nación con acefalía desde el fallecimiento de Clodobaldo Russian hace tres o cuatro años, a tres rectores del C.N.E. cuyo mandato se venció hace aproximadamente un año y los 11 magistrados del máximo tribunal también expirados desde diciembre de 2012. Esta mora delata la ausencia de formalismos elementales de cualquier modelo que se repute democrático.

Este llamado al diálogo no tiene iniciativas oficialistas para dar un paso orientado al intercambio. Me refiero a no dar la libertad a los presos políticos, los estudiantes, los sindicalistas, los obreros y vecinos inicuamente detenidos al criminalizarse la protesta. Tampoco hay una tentativa de desarmar a los paramilitares del régimen quienes actúan descabelladamente a sus anchas en la represión de las manifestaciones. Mucho menos pensar en colocar expresiones de combate a la corrupción y a la impunidad ni tampoco en una política eficaz contra el delito.


Simplemente se trata de hacer las designaciones atrasadas para dar la sensación de apertura y amplitud. Para ello van a ofrecer algunos señuelos para que la oposición acepte un pacto patriótico destinado a reforzar la institucionalidad chavista. Concretamente se ofrecen algunos magistrados y un rector del poder electoral para satisfacer las apetencias clientelares de la M.U.D., quienes se conforman con algunas cuotas de poder para seguir y oxigenar su política populista.

Es importante hacer notar la ausencia de los estudiantes, protagonistas de la resistencia ante un militarismo desbordado, de los vecinos, partícipes de las barricadas y las movilizaciones; de los sindicalistas perseguidos por los juicios penales ordenados por el gobierno ni de la gente en general opositores reales a la experiencia peronista.

Mientras tanto, continúan las calles testigos de la actividad de la gente en rebelión pacífica y se profundiza la lucha con modalidades diferentes. Los que actúan en los espacios públicos tienen una agenda y una dinámica propias sin la supeditación a los ucases partidistas ni a los arreglos a trastiendas característicos del esquema político vigente en Venezuela.

La solución pasa porque el gobierno abra las puertas a la concordia y abandono del combate violento a las justas protestas de los hombres y mujeres cansados de la opresión de un cartabón rígido típico del estalinismo y las penurias causadas por la inflación, la inseguridad, la escasez y el desabastecimiento, diademas de las desacertadas políticas de esta aciaga administración.

No obstante, hay que reconocer la imposibilidad de tales esfuerzos porque estamos en presencia de un gobierno militarista cuya naturaleza se expresa y fundamenta en el monopolio del poder. Es muy poco probable que haya concesiones maduristas por el espíritu cubano inherente al socialismo autoritario simbolizado por el comité político militar gubernamental.

La lucha continuará con seguridad hasta haber un desenlace apto para buscar una solución con el saldo lamentable de muertos, heridos, presos, torturados y desaparecidos por los administradores de la violencia del Estado, los escuadrones parapoliciales y las policías. Además, la crisis económica y social se incrementa ante la horcas caudinas del racionamiento, ausencia de alimentos y medicinas y los homicidios, secuestrados y lesionados por el hampa cuyos valores están en boga por la conducta de los cuadros superiores del poder.


La participación por la base es una de las respuestas ante las ruinas del país provocadas por el desastre significado por el camino de la destrucción asumido por el Estado venezolano. Solamente de esa manera habrá un cauce óptimo para responder a la gente. 

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