
Humberto Decarli
Estamos presenciando, urbi et orbi, una regresión histórica en lo atinente a los derechos humanos. Creyendo haber superado las grandes matanzas y genocidios del siglo veinte, tales como el horror de la Gran Guerra con el empleo de los gases letales, el holocausto cometido por los nazis, las persecuciones de Mussolini contra sus oponentes, el Gran Crimen armenio hecho por los turcos,los pogromos y persecuciones llevados a cabo por Stalin, las dos barbaridades ejecutadas por Mao Ze Dong denominadas el Gran Salto hacia Adelante y la Revolución Cultural o Proletaria, el arrase ecológico y humano cometido por las fuerzas americanas en Vietnam y toda Indochina, los asesinatos materializados por MegitsuHaileMariam en Etiopía, los homicidios llevados a cabo por los mercenarios belgas en el Congo y luego por los militares asesinos de Lumumba, los horrores del Apartheid, los traslados forzosos ejecutados por Pol Pot y los jemeres rojos en Camboya, la masacre de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco en México perpetrado por la dictadura del P.R.I., la represión franquista y salazarista en la península ibérica, las oleadas de torturados, desaparecidos, muertos y heridos dejados por las dictaduras latinoamericanas (Trujillo, Somoza, Stroessner, Manuel Odría, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, Pinochet, los gorilas argentinos, brasileños y uruguayos), y muchísimos otros procesos transgresores de los derechos de los hombres y las mujeres, se abrían las luces del siglo veintiuno como un referente de avance hacia espacios libertarios pero no ha sido así.