Miquel Amorós
… Nuevas autopistas, nuevas
ampliaciones portuarias y nuevas pistas de aterrizaje han de situar a
la urbe en el mapa de la «nueva economía», por lo que todo el mundo dirigente
trabaja a marchas forzadas. Cada año se construyen en el Estado Español
veinticuatro catedrales del relax consumidor, los centros comerciales,
visitados anualmente por más de 23 millones de paisanos. A veces ocurre que el
ciudadano anda un poco rezagado por culpa de recuerdos del pasado, no tan
lejano, y tiene dificultades en ver el confort y la belleza de las
nuevas «máquinas del vivir» (o «ecopisos») y de sus emblemas monumentales. Pero
son precisamente esas formas nuevas, construidas con nuevos materiales en cuya
fabricación puede que no haya «intervenido mano de obra infantil», empleando
nuevas técnicas que «no perjudicarán al medio ambiente», y, eso sí fundadas en
la privatización absoluta, el desplazamiento constante y la videovigilancia,
las que traducen las nuevas relaciones sociales. El nuevo hábitat ciudadano es
una especie de molde, o mejor, un aparato ortopédico que sirve para enderezar
al nuevo hombre. De forma que, viviendo en tal medio, el hombre artificial del
presente sea el hombre sin raíces del futuro.




