Andrés Cañizález
En los últimos días he tenido mucha nostalgia por Teodoro Petkoff. Sostuvimos una relación no tan larga, pero de aquella interacción quedaron en mi recuerdo dos o tres conversaciones significativas. También me permitió Teodoro que estuviera presente en varias reuniones que ayudé a organizar, con periodistas o académicos extranjeros de visita en Caracas, y en cuyas agendas estaba entrevistarse con Petkoff.
De época más reciente, y a propósito del apoyo de la izquierda internacional al chavismo, Petkoff compiló ensayos y artículos en un volumen titulado Dos izquierdas. Fue aquel texto una manera de reivindicar su condición de hombre con convicciones de izquierda, pero nada ortopédico en su pensamiento y acción.
En los últimos días he tenido mucha nostalgia por Teodoro Petkoff. Sostuvimos una relación no tan larga, pero de aquella interacción quedaron en mi recuerdo dos o tres conversaciones significativas. También me permitió Teodoro que estuviera presente en varias reuniones que ayudé a organizar, con periodistas o académicos extranjeros de visita en Caracas, y en cuyas agendas estaba entrevistarse con Petkoff.
De época más reciente, y a propósito del apoyo de la izquierda internacional al chavismo, Petkoff compiló ensayos y artículos en un volumen titulado Dos izquierdas. Fue aquel texto una manera de reivindicar su condición de hombre con convicciones de izquierda, pero nada ortopédico en su pensamiento y acción.
















