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jueves, 18 de julio de 2019

Carácter ético del anarquismo



Luce Fabbri (1908-2000)

* Texto de conferencia dictada en los Encuentros Anarquistas de Uruguay en 1997.

El tema de hoy no es muy cómodo. Es difícil hablar de ética, especialmente por parte de una persona de mi edad. Estamos acostumbrados a ridiculizar a los viejos que sermonean a los más jóvenes. Nadie se siente impulsado a escuchar. Sin embargo, no podemos prescindir de la ética: la vida sería imposible si, en lo cotidiano, no juzgáramos continuamente nuestros actos y los ajenos con un criterio ético, por más que lo violemos a menudo.

Cuando pensamos en nuevas normas de convivencia, instintivamente nos remitimos a lo que creemos que sea bueno para todos y no solo para nosotros o, por lo menos, cuando hacemos, en este terreno, una propuesta, la presentamos como conforme a lo que es "justo" o la conciencia entiende como "justo".

martes, 5 de marzo de 2019

Malatesta y el “mal menor”



Davide Turcato

El tema que quisiera abordar es el de la postura de Malatesta (y se podría decir de los anarquistas en general) respecto al principio del “mal menor”, así frecuentemente denominado tanto en política como en la vida cotidiana.

Este principio es comúnmente considerado como una expresión de realismo y sentido común. El hecho de que los anarquistas lo rechacen es a su vez considerado una confirmación de su falta de realismo y de sentido común. Por ello considero importante mostrar cómo en Malatesta este rechazo era dictado por consideraciones de realismo y de sentido común.

martes, 4 de diciembre de 2018

La respuesta anarquista ante la corrupción, esa lacra inseparable de todo poder estatal



Revista Libre Pensamiento (Madrid)

La corrupción es la esencia es consustancial al sistema capitalista - sea en versión neoliberal privatizadora o burocrática seudosocialista - y al tipo de relaciones humanas y de sociedad que dicho sistema genera y en el que el poder se ejerce con el aval de la representatividad y de la delegación, regulada mediante las comedias electorales. En ese sistema estando tan interiorizados en la mayoría de la población los valores del dinero, la fama y el poder se da el caldo de cultivo tanto para la corrupción de los grandes escándalos como de esa corrupción de pequeña escala que con "vista gorda", sobornos de unos cuantos billetes y favores a retribuir es ya parte de la cotidianidad en tantos lugares.

Pero ¿qué nos puede librar de la corrupción - de la macro y de la microcorrupción - si en este contexto y sistema social, económico y político solo puede esperarse la realidad de la explotación y humillación de la mayoría? La corrupción es fruto del poder y la evidencia práctica política da la razón al postulado anarquista de rechazar no solo la corrupción sino el poder, cualquier tipo de poder autoritario y opresivo.

sábado, 13 de enero de 2018

La primacia de lo ético sobre lo político en el anarquismo


Capi Vidal

El anarquismo clásico considera la mejor organización social, en oposición a la regulación por parte de una instancia objetiva externa (el Estado), surgida de la voluntad de individuos libres, autónomos y conscientes con el paradigma de la solidaridad frente a cualquier otro; se trata de una primacía de lo ético sobre lo político.

Aunque, objetivamente, el anarquismo se ve obviamente muy condicionado por Bakunin, a partir del tercer tercio del siglo XIX, las influencias filosóficas son diversas. De hecho, el propio pensamiento de Bakunin, aunque a menudo se le presenta como un heredero de Hegel, uno de los filósofos más influyentes en el siglo XIX, se le puede considerar también como una reacción contra el pensador alemán. Si en un principio, el anarquista ruso formó parte de los círculos de la llamada "izquierda hegeliana", dedicándole incluso elogios desmedidos, llegará un punto en que se apartará de dicha concepción filosófica para, decididamente, apostar por el progreso, la ética y el antiautoritarismo. Es por eso que existen autores que consideran la evolución del pensamiento de Bakunin como una reacción contra Hegel acercándose más a Kant, ya que acabó proponiendo la primacía de las cuestiones éticas sobre las políticas. Al margen de disquisiciones filosóficoas, consideramos que dicha visión forma parte ya para siempre de las señas de identidad del anarquismo. Así, podemos analizar la acción del ser humano desde perspectivas diversas, y dos de las más importantes son la política y la ética. Si la primera remite a la polis, la ciudad, la ética deriva del vocablo griego ethos, que viene a significar una manera de ser, uso, carácter o lugar habitual de la vida. Ambos conceptos se refieren a las acciones buenas y justas, si bien el ámbito de la política sería el social y el de la ética el individual. La política estudia igualmente al hombre, pero como ciudadano y miembro de una comunidad, incluyendo propuestas de vida y organización social, leyes y métodos de reglamentación y control; su objetivo último podría ser la justicia. La ética estudia más bien las normas de comportamiento individual, lo que atañe a la vida y la conciencia de cada uno, por lo que puede decirse que tiene como meta la felicidad. El problema de la organización social se ha visto como un equilibrio entro los dos extremos, el de la ética y el de la política.

martes, 15 de agosto de 2017

Humanismo y anarquismo

Camillo Berneri


El movimiento Giustizia e Libertà ha puesto en circulación una palabra que no es nueva ni insólita entre los cultos, pero que ha suscitado sonrisas de desprecio y sugerido ironías fáciles entre los jefecillos de la emigración antifascista. Esta palabra, Humanismo, se entiende en un sentido más amplio que el significado que se le atribuye generalmente de regreso filosófico y literario a la Antigüedad. Humanismo es una palabra que resume el espíritu del Renacimiento y significa, además y sobre todo, el culto al hombre entendido como base de toda concepción estética, ética y sociológica. El humanismo se define, sustancialmente, por la célebre fórmula de Terencio: Homo sum, humani nihil a me alienum puto, es decir, “soy hombre, y pienso que nada humano me es ajeno”. Sólo será humanista quien vea en cada hombre el hombre. El industrial codicioso que en el obrero sólo ve un obrero, el economista que en el productor sólo ve al productor, el político que en el ciudadano sólo ve al elector, son tipos humanos que están lejos de una concepción humanista de la vida social. Igualmente lejos de esta concepción están los revolucionarios que en el plano de clase reproducen las generalizaciones arbitrarias que en el campo nacionalista se denominan xenofobia.

sábado, 22 de octubre de 2016

La base moral del anarquismo



Errico Malatesta (1853-1932)

Ya que es un hecho que el hombre es un animal social que no puede existir como hombre sino estando en continuas relaciones materiales y morales con los otros hombres, es necesario que estas relaciones sean o de afección, de solidaridad, de amor, o de hostilidad y de lucha. Si cada uno piensa sólo en su propio bien, o en el del pequeño grupo consanguíneo o coterráneo, se encuentra necesariamente en conflicto con los otros y sale vencedor o vencido: opresor si vence, oprimido si es vencido. Las armonías naturales, la natural confluencia del bien de cada uno con el bien de todos son invenciones de la pereza humana, la que más bien que luchar por realizar sus propios deseos imagina que ellos se realizarán espontáneamente, por ley natural. En el hecho, en cambio, el hombre en la naturaleza se encuentra continuamente en oposición de intereses con los otros hombres por la ocupación del sitio más bello o más sano, por la cultivación de los terrenos más fértiles y, a menudo, por las explotación de todas las diferentes oportunidades que la vida social va creando para los unos y para los otros, y por ello la historia humana está llena de violencias, de guerras, de desastres, de explotación feroz del trabajo ajeno, de tiranías y de esclavitudes infinitas.

lunes, 11 de enero de 2016

El principio moral de la anarquía


Diego Abad de Santillán (1897-1983)

Como todos los principios de la filosofía anárquica, el principio moral carece de inmutabilidad, de perfección y acabamiento; está formándose constantemente en la sucesión de los actos humanos; es una fuerza de acción, en movimiento, dependiente de las oscilaciones y cambios mentales del individuo.

No es un principio normativo como todo los principios éticos de la vieja tabla de los valores morales; no se propone dirigir la conducta individual ni la conducta colectiva; deja al individuo y a la sociedad la más completa libertad de acción, según las condiciones de tiempo y espacio en que se encuentren.

Por estar en formación constantemente, no resuelve los casos generales, sino los hechos particulares; afirma que la vida no se hizo en  vista de fines morales, sino al contrario, la moral es la que se hizo en vista de la vida misma.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Carácter ético del anarquismo


Luce Fabbri (1908-2000]

El tema de hoy no es muy cómodo. Es difícil hablar de ética, especialmente por parte de una persona de mi edad. Estamos acostumbrados a ridiculizar a los viejos que sermonean a los más jóvenes. Nadie se siente impulsado a escuchar. Sin embargo, no podemos prescindir de la ética: la vida sería imposible si, en lo cotidiano, no juzgáramos continuamente nuestros actos y los ajenos con un criterio ético, por más que lo violemos a menudo. Cuando pensamos en nuevas normas de convivencia, instintivamente nos remitimos a lo que creemos que sea bueno para todos y no sólo para nosotros o, por lo menos, cuando hacemos, en este terreno, una propuesta, la presentamos como conforme a lo que es “justo” o la conciencia entiende como “justo”.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Desmoralizando el moralismo


Jason McQuinn

La moralidad obligatoria involucra la auto-subyugación a un sistema o un sistema de valores, los cuales, por una u otra razón, se cree que exigen su cumplimiento obligatorio incluso si la persona estima que no se encuentra –como dice el cliché – “a la altura de ellos”. Aunque la moral obligatoria potencialmente puede ser conectada a tierra dentro de la experiencia subjetiva de un individuo, en vez de esto lo es casi siempre a algún lugar fuera del ámbito de la experiencia humana vivida directamente.

Por ejemplo, las formas religiosas de moralidad están comúnmente basadas en fundamentos tan improbables (inexistentes) como “la Palabra de Dios”, u otras formas de supuesta revelación directa de alguna clase de espíritu invisible, incorpóreo, (irreal). (Por supuesto, esta base esta generalmente mediada a través de los supuestos representantes elegidos de dios en la tierra, sin importar cuán irracional la creencia en la autenticidad de estos representantes pueda ser.) En esta forma de moralidad obligatoria, Dios (o Satán, o los Dioses, o la Diosa, o el Gran Espíritu, etc.) son supuestamente la fuente de valores morales que deben ser seguidos, porque la fuente – sea cual sea – es en algún sentido considerada mas real e importante que cualquier persona, individual, única, en quien no se puede confiar que él o ella sabrá que debe hacer sin la guía de un sistema de fetichizados, sagrados valores. La estructura formal de la moralidad religiosa obligatoria es así: valores sagrados desde una fuente invisible a ser seguidos por un ser humano insignificante, en cualquier contexto. Con un sistema de valores así, sea cual sea el contenido especifico de la moralidad, ¿es sorprendente que la gente intentando vivir esta forma de alienación estén constantemente perplejos ante sus vidas, deseos y relaciones sociales?

viernes, 31 de julio de 2015

Reflexiones éticas desde el anarquismo


Élisée Reclus (1830-1905)

Por su misma definición, el anarquista es el hombre libre, el que no admite amo. Las ideas que el profesa son hijas de su razonamiento; su voluntad, nacida de la comprensión de las cosas, se concentra hacia un fin claramente definido; sus actos son la realización directa de su pensamiento personal. Al lado de aquellos que repiten devotamente las palabras de otros o los chismes y tradiciones que abaten el ser al capricho de un individuo poderoso, o lo que es más grave aún, a las oscilaciones de la multitud, él solo es un hombre; él solo tiene conciencia de su valer en frente de todas las cosas débiles y sin consistencia que no osan vivir de su propia vida.

lunes, 8 de junio de 2015

Debate (A): El activismo pro-legalización de la marihuana está al servicio del Capital y el Estado

Cristian (desde Antofagasta)

Desde hace mucho tiempo, en todo el mundo han surgido voces pidiendo la legalización de la marihuana. Los motivos son varios: mayores libertades individuales, fin al narcotráfico, no más detenciones arbitrarias por plantar cannabis, pero más que nada el acabar con la “criminalización” a la que se ve expuesta el consumidor del fruto de esta planta.

Sin embargo, creemos que esta lucha es, directa o indirectamente, servicial al poder. Acá no hablamos de la sustancia en si (las drogas están ahí y son los anestésicos del pueblo, pero cada uno decide anestesiarse o no), sino que hablamos del activismo cannabico, esos seres que dedican toda su vida, todas sus energías y su tiempo a luchar por la legalización de esta planta.

martes, 11 de noviembre de 2014

Cultura obrera y autogestión en la ruta de la libertad humana


Heleno Saña

[Nota de El Libertario: He aquí la parte final de la conferencia pronunciada por el autor en la Universidad Politécnica de Atenas el 29 de septiembre de 2014, con motivo de la presentación de la edición en griego de su libro ANTROPOMANÍA - En defensa de lo humano. El texto completo de la disertación es accesible en http://fal.cnt.es/?q=node/35820.]

La cultura obrera

A lo largo del siglo XIX y primer tercio del siglo XX se gesta y desarrolla la cultura obrera de la solidaridad y la ayuda mutua. En el curso de este memorable ciclo histórico, el proletariado europeo funda cooperativas de producción y consumo, sindicatos, cajas de solidaridad, escuelas, ateneos, centros recreativos y otras organizaciones destinadas a autoeducarse, mancomunar sus esfuerzos y deliberar sobre la manera más idónea de ofrecer resistencia a la burguesía y luchar por el advenimiento de una sociedad basada en la igualdad y la justicia distributiva. De la misma manera que en los tiempos de Sócrates los atenienses acudían al ágora para deliberar en común sobre sus problemas, los trabajadores se reunían en sus locales para asistir a actos culturales, para coordinar su proceso de resistencia o simplemente para conversar con sus compañeros.

En el curso de su confrontación con los capitanes de industria y los magnates financieros, el proletariado crea paulatinamente formas de conducta y hábitos mentales radicalmente opuestos a los del mundo burgués. La fuerza motórica de la cultura obrera arrancaba de la idea de que la vida humana sólo puede desarrollarse dignamente a partir de la puesta en pie de un sistema económico y social basado en el mutualismo, el comunitarismo y el colectivismo. Se olvida que el signo más genuino y específico del proletariado heroico no fue su lucha económica contra sus explotadores burgueses , sino los valores humanos, éticos, espirituales e intelectuales que postulaban. Eso explica que junto a las reivindicaciones de orden material, la preocupación central de la militancia obrera era la de cultivar la pureza de costumbres, la rectitud moral y el ennoblecimiento del alma. Juan Peiró, destacado militante de la Confederación Nacional del Trabajo, expresaba muy bien esta voluntad de autoperfeccionamiento al hablar de la "espiritualidad revolucionaria" que alentaba en su corazón y en el de sus compañeros. Benoit Malon, una de las figuras más representativas del sindicalismo francés, no quería expresar otra cosa cuando en los tiempos de la I Internacional dijo que "toda transformación económica y política de la sociedad significa una revolución moral". Fueron los valores éticos que profesaban y practicaban los que les dieron la fuerza interior necesaria para sostener su lucha encarnizada contra la injusticia y afrontar con serenidad el riesgo constante de la persecución, el ostracismo, la cárcel o el piquete de ejecución.

Autogestión

Si he traído a colación el testimonio de la cultura creada por la clase obrera en el período clásico de la lucha de clases no ha sido ciertamente para practicar arqueología histórica o por nostalgia sentimental, sino porque creo firmemente que esa cultura es hoy más actual que nunca y puede servirnos de base a la hora de plantearnos la confrontación a fondo con la civilización de la muerte. Y por eso mismo estoy persuadido de que rescatar del olvido y reactualizar esa cultura se ha convertido en una necesidad imprescindible.

Aunque el término técnico de autogestión no empezó a ser usado hasta años después de terminada la II Guerra Mundial, la esencia de su contenido se halla en el humanismo obrero que acabamos de describir. Y para convencernos de ello no necesitamos más que tener presente el cordón umbilical que une la idea autogestionaria y la praxis del sindicalismo de origen libertario. En sentido etimológico, la palabra "autogestión" significa gestión propia y autónoma, libre de toda heteronomía o coación externa. Es, pues, sinónimo de autodeterminación o autogobierno. En sentido sociológico, indica la gestión independiente de un grupo o colectividad de individuos voluntariamente unidos entre sí para realizar un fín común. En términos más específicamente político-económicos, se entiende por autogestión un modelo de organización laboral-productivo basado en la gestión autónoma de los propios trabajadores. Creo que no se necesita ningún gran esfuerzo mental para convencerse de que lo que desde hace varias décadas viene denominándose "autogestión", lejos de ser una novedad histórica, corresponde a la vieja praxis del ideario libertario, desde la Comuna de París a la colectivización de la economía durante la guerra civil española de 1936-1939.

Y a quienes me objeten que los tiempos han cambiado y que en la sociedad actual ya no es posible realizar el ideal autogestionario, les responderé que de la misma manera que existe una philosophia perennis invulnerable al paso del tiempo, existen valores humanos y sociales con vigencia eterna como la libertad, la dignidad o la conducta ética. Y por si esto no bastara para responder a quienes estampillan el humanismo autogestionario como un bello recuerdo del pasado y como un anacronismo, añadiré que los principios constitutivos de la concepción autogestionaria tienen su fundamento en la misma estructura antropológica del hombre: el instinto individual y el instinto social. El pensamiento autogestionario no es más que la síntesis de estos dos principios genéticos que la naturaleza nos ha dado.

Como hemos visto más arriba, el gran crimen histórico cometido por la burguesía ha sido el de fomentar únicamente los instintos egóticos del hombre y asfixiar sus instintos societarios. Producto de esta concepción unilateral e irracional de la criatura humana es una sociedad basada en la castración permanente del instinto comunitario y en el desarrollo ilimitado de lo que Max Horkheimer llamaba "el imperialismo del yo".

El camino de la liberación

¿Cómo llevar a la práctica los valores que acabamos de exponer? Lo primero que respondo al respecto es que a mi modesto entender el camino de la liberación sólo puede adquirir una dimensión colectiva si antes se gesta en nuestro propio interior. El proceso de liberación presupone, pues, como condición previa, lo que Schiller denominó en una de sus obras la "revolución de las conciencias". Sin esta revolución subjetiva no habrá ninguna revolución objetiva digna de este nombre.

La historia no es ningún deus ex machina o instancia providencial que se encarga por sí misma de conducirnos automáticamente a la tierra de promisión, función milagrosa que Hegel asignaba al "espíritu universal" y Marx al desarrollo de las fuerzas de producción. No necesito decir a estas alturas que ambas cosmovisiones parten de un concepto determinista y positivista de la historia y no son en el fondo más que la versión dialéctica del emanantismo de Proclo, del sustancialismo de Spinoza o, si quiere, del equivalente securalizado del profetismo hebreo.

La sociedad será siempre el reflejo de lo que el hombre es en tanto que persona. De ahí la importancia capital que el humanismo obrero y autogestionario, siguiendo en esto a los maestros griegos, ha concedido siempre a la paideia o educación. Prisionero de su concepción abstracta y teleológica de la historia, Marx consideraba que no existe ninguna moral con valor intrínseco e independiente de los flujos y reflujos históricos, sino únicamente la moral de clase reinante en cada respectiva época. Su sistema de ideas es aquí también, la negación más crasa de la cultura griega. Eso explica asimismo su afirmación de que los valores culturales, morales y humanos son siempre el reflejo o superestructura de la base económica y carecen por ello de entidad propia. De ahí su absurda y escandalosa tesis de que el fin de la historia es el de hacer innecesaria la filosofía. En última instancia, Marx degrada al ser humano a receptor o producto pasivo de la historia, le despoja de la dimensión poietica o creadora que la naturaleza le ha concedido.

Precisamente porque el hombre es todo lo contrario de un ser pasivo condenado a aceptar de antemano la dinámica de la historia, está en condiciones de oponerse activamente a todas las deformaciones e injusticias engendradas por ella. La naturaleza no nos creó en todo caso para que nos convirtamos en esclavos de quienes se valen de su poder o de su dinero para oprimirnos y humillarnos. Hemos nacido para elegir libremente nuestro destino, no para someternos a la prepotencia de los energúmenos que consideran a sus prójimos como propiedad suya. Como soberanos de nosotros mismos, la única ley que estamos obligados a cumplir es la que nos impone el respeto a la lbertad y a los derechos de los demás.

No hay ninguna razón ni ningún mandamiento legitimado para condenar a la criatura humana a ser utilizada eternamente como carne de cañon por los mandamases de turno. La tarea a cumplir no puede, por ello, ser otra que la de movilizar al máximo nuestra voluntad de resistencia e intentar poner fin al caos, la injusticia y la arbitrariedad reinantes a lo largo y ancho de la geografía mundial. Hemos llegado al point of no return del proceso nihilista y tanático a que nos ha conducido la irresponsabildad, el cinismo y la falta de escrúpulos morales de las clases dirigentes, y hemos de hacer todo lo humanamente posible para que la historia de la humanidad no termine en un infierno. Obrando de esta manera cumpliremos dos objetivos fundamentales: dar un sentido profundo a nuestro paso por la tierra y mostrarnos como dignos sucesores de los militantes obreros y de todas las personas de buena voluntad que en el pasado pusieron su vida al servicio de un ideal superior.


Derechos Humanos y Anarquismo


Rafael Uzcátegui

En los últimos días, a raíz de mi designación como coordinador general de Provea para el período 2015-2018, varias personas me han hecho la pregunta “¿Cómo un anarquista defiende los derechos humanos? Como soy parte de quienes han promovido la versión antiautoritaria del socialismo, conocida como anarquismo desde el siglo XIX, comparto mis reflexiones.

Sólo un párrafo para aclarar que anarquismo es una propuesta que conjuga la justicia social con la libertad para las personas, disolviendo las relaciones de dominación entre los individuos. Siendo la rebelión permanente contra todo autoritarismo, los anarquistas o libertarios -como también se denominan- han identificado al Estado como el dispositivo central y la red de relaciones sociales que permiten el mantenimiento de la injusticia. A pesar de su invisibilización, anarquismo y anarquistas han realizado importantes aportes a la historia de la humanidad, desde las sociedades de socorro mutuo que fueron los embriones de las organizaciones sindicales, sus aportes para una pedagogía menos coercitiva, formas de organización asamblearias y horizontales hasta la obra concreta de personas como Darío Fo, Albert Camus, Ricardo Flores Magón, González Prada, Emma Goldman por citar sólo algunas.

La teoría tradicional de los derechos humanos ha delegado en el Estado la responsabilidad de garantizarlos. Muchos de sus activistas intentan fortalecer el llamado “Estado de derecho”, proponiendo leyes que faciliten el acceso a los mínimos de la dignidad humana, sancionando delitos de tortura y violaciones al derecho a la vida. Para ellos el denominado cabildeo institucional y el diálogo con las autoridades tiene como objetivo el diseño de políticas públicas con perspectivas de derechos humanos. Esta interpretación vigorizaría la propia función estatal de administrar las relaciones sociales.

Un énfasis diferente sería en sentido contrario: Destinar la mayoría de los esfuerzos en acompañar a los afectados por la acción del Estado: las víctimas de violaciones a los DD HH. La propia historia de Provea como organización se ha caracterizado por su labor de acompañamiento a los colectivos sociales afectados, jerarquizando como beneficiarios de su acción a los más vulnerables. La mirada de Provea al trabajar de manera privilegiada los denominados derechos sociales, la ha motivado a calificar a la pobreza como la situación de mayor violación a la dignidad humana, lo que ofrece una interpretación favorable para equilibrar el trabajo por derechos civiles y políticos -especialidad de la mayoría de las ONG venezolanas- sino para reivindicar la universalidad de los derechos.

He reconocido en diferentes oportunidades que la dedicación por los derechos humanos ha mejorado mi propia visión del anarquismo. Al atender a tantos casos particulares, en diferentes puntos del país, darme una mejor idea de la complejidad de la experiencia humana. Y como consecuencia, el valor de la diversidad y la tolerancia. Que la libertad como valor supremo significa, también, la libertad de ser y pensar diferente a uno. Pensadores acratas como Tomás Ibáñez han descrito lo contraproducente y negador, de cualquier atisbo de libertad, la imposición de una idea de “emancipación” a los demás. Esto no es fácil de entender para los que, como la mayoría de quienes nos hemos educado bajo la influencia del cientificismo, necesitamos un método racional acabado para abordar la realidad.

Un segundo aporte personal del activismo en DD HH ha sido la experiencia del apoyo desinteresado y sin condiciones, base de la verdadera solidaridad, diferente a la que se brinda sesgadamente sólo a los del propio partido, que es la más frecuente. Una solidaridad mediatizada que al final es fidelidad con la ideología y no sensibilización con la persona de carne y hueso.

Siendo la estrategia de Provea brindar las herramientas para que los afectados sean los protagonistas de su propio proceso de exigibilidad de sus derechos, de allí el término de “acompañamiento”, los activistas limitan su propia “autoridad” como portadores de un conocimiento, algo llamado derechos humanos. Es por ello que las víctimas y sus familiares siempre tendrán la primera y última palabra sobre el qué hacer. Es en este movimiento de lucha contra una injusticia, de rebelión contra una inequidad, que las víctimas dejan de serlo y se transforman en otra cosa. Y cuando se ponen de acuerdo con otras personas que han sufrido situaciones similares para actuar juntos, se generan las condiciones para la creación de relaciones diferentes a las de dominación: Iniciativas democratizadoras y potencialmente libertarias que renueven los cimientos de la propia sociedad. Esta capacidad que hombres y mujeres sean dueños de su propio destino es lo que han defendido los anarquistas de toda la vida.

Anarquismo no es un corsé ideológico ni una etiqueta -de allí su vigencia. Son valores de libertad y justicia social que deben ser vividos, lo más intensamente posible, por personas de todas las procedencias imaginables. Y si entendemos a los derechos humanos como el piso mínimo para la dignidad humana, son un campo fértil para su realización.

[Publicado originalmente en el diario Correo del Caroní, Ciudad Guayana, 9/11/2014; accesible en http://www.correodelcaroni.com/index.php/opinion/item/22753-ddhh-y-anarquismo.]

martes, 9 de septiembre de 2014

La coherencia en el anarquismo


Anónima

Una amiga me escribió para preguntar por una persona que nos había mandado un correo colectivo a las dos, y ella me decía que al parecer era anarquista pero luego me lanzó un comentario devolviéndome a una reflexión que constantemente he tenido: “debería haber anarcómetro, así se define que los anarcos verdaderos dejaron de existir hace rato”. Solo por seguirle el juego, porque a veces esas conversaciones hay que tomarlas con un poco de humor, yo le respondí: “ De los mismos creadores de no me aguanto a la gente y por eso genero prejuicios, ahora puede tener en su tienda más cercana: Anarcómetro! úselo en dosis moderadas para mantener solo a la gente más coherente a su alrededor. El exceso puede ser perjudicial para su salud, podría terminar sola en el mundo”.

Uno de las características menos enorgullecedoras que he encontrado en muchas libertarias, y claro está en muchas ocasiones también yo, es una superioridad moral frente al resto del mundo, que se recrudece aun más cuando es entre compañeras. Si andamos mirando que tan autoritario es el mundo que nos rodea y que tan poco coherente es mucha de la izquierda por reproducir modelos de dominación en sus prácticas, mucha mayor acidez se pone cuando estamos en desacuerdo con alguna de nuestras compañeras, a las que terminamos no solo tachando de incoherentes sino que inclusive dudamos de su militancia. Esa superioridad nos hace constantemente generar juicios que no solo no colaboran en nada para construir una crítica colectiva a las cosas que hacemos, sino que en muchos casos se hacen con tan poca delicadeza que lo que logramos más es herir sensibilidades que promover reflexiones.

Creo que, aunque esa superioridad moral está inspirada en un honesto sentimiento de rabia acompañado de la esperanza de un cambio de las cosas, en la práctica promover esos juicios lo que hacen hacia el resto de la sociedad es hacernos ver como unos fundamentalistas que en nuestro purismo aburrimos, mientras que hacia adentro de la escena libertaria nos provocan dispersión entre personas que tenemos algunas afinidades y que podríamos estar construyendo colectivamente a pesar de las diferencias que también nos habitan. En fin, si bien es interesante reflexionar sobre la coherencia, de plano deberíamos desterrar de esa discusión la superioridad moral en donde nos volvemos casi peor que los tribunales de la inquisición. Por lo tanto, la coherencia no es un ideal estático perfecto, es un proceso constante de cuestionamiento sobre el que hacer.

Entonces, creo que si es pertinente hablar de la coherencia porque realmente es algo que nos aqueja en los colectivos y procesos sociales en las que muchas militamos. Teniendo en cuenta que las anarquistas vemos nuestra acción política tanto en lo cotidiano como en la apuesta social más general, entender la coherencia no puede estar desasociada de las dos. Es decir, por una parte está clarísimo que los valores libertarios deben estar presentes en todas y cada una de nuestras relaciones cotidianas (de pareja(s), amistad, familiares, etc…), escenarios que por ser más íntimos implican un mayor esfuerzo de constantemente estarnos preguntándonos si no reproducimos dinámicas autoritarias. Creo que en esos espacios íntimos tendemos a relajarnos y a olvidarnos de nuestras apuestas políticas, creyendo que solo es afuera en la calle donde se materializan y no en la casa. De allí que se recuerde el dicho de: “en la calle El Ché y en la casa Pinochet”. En esos escenarios es donde debe empezar la militancia anarquista, construyendo relaciones constantes de libertad con las demás de tal forma que demostremos con nuestros propios actos que otra forma de entendernos es posible.

Pero claro, no es suficiente si solo nos quedamos con ser coherentes en nuestra vida cotidiana. Y acá es donde muchas compas creen que simplemente con escuchar un estilo musical, vestir de una forma, proponer dinámicas de autogestión personales o de pequeños colectivos, o en general apostarle simplemente a un estilo de vida libertario con ello se logra construir la libertad. Pero no, el anarquismo no puede ser una experiencia solamente individual o de pequeños grupos, es además una propuesta de organización social que implica no solo construir alternativas de organización distintas al capitalismo y al Estado, sino además confrontar las opresiones que provienen de aquellos que dominan la sociedad, y en ese camino de ir construyendo autogestión y quitándole la legitimidad y el espacio a la opresión logrando construir un movimiento general que le apueste a formas solidarias y no autoritarias de vivir en sociedad.

Por eso es que la coherencia anarquista implica participar activamente en los procesos sociales que se desarrollan tanto en lo laboral, como en relación a la vivienda, a donde estudiamos, las identidades culturales y religiosas que poseemos, en fin, todas aquellas estructuras sociales donde mediante la asociación colectiva se busca mejorar las condiciones de existencia. Claro, al participar en esos espacios nos encontramos con compañeras que no son libertarias y para muchas el llegar a acuerdo con ellas es difícil en la medida que muchas postulan formas jerárquicas. Allí es donde está el reto de mediante la paciencia y la práctica poder persuadirles que hay formas que nos convienen a todas por que nos permiten tener mayor libertad sin que eso implique arriesgar la autonomía o la solidaridad. El hecho de que nos encontremos en espacios de construcción colectiva con gente que no comparta nuestras formas de hacer o pensar no es un problema, solo es precisamente mediante la coherencia que tengamos entre nuestro discurso y nuestra práctica lo que nos permitirá demostrarle a las otras personas que podemos romper las tradiciones y crear estrategias a favor de procesos horizontales. Entonces, allí la coherencia no implica solo una cuestión personal sino termina siendo una de las cartas de presentación más importantes de nuestra propuesta política.

Por lo tanto, no es suficiente con prácticas o personales o sociales para construir la militancia anarquista: es en el constante trabajo de ambas donde podemos encontrar la más nítida relación entre nuestras ideas y nuestros hechos. Aun así, creo que es importante recordar algo: el hecho que la gente no sea coherente no debería ser una razón para dejar de apostarle a construir con ellas, sabiendo ya los límites de cada uno pero también que el proceso de construcción es eso, un camino de aprendizajes colectivos. Creo que lo peor que nos puede pasar es tener anarcómetros o coherenciómetros con quienes nos rodean. ¿Que si podemos hacer comentarios y críticas entre nosotros o con otras personas?, pues claro que sí, pero estos deben hacerse de tal forma que abran posibilidades de diálogo y construcción, ya que de otra forma lo que hacen es interrumpir la posibilidad de realizar socialmente procesos colectivos. No hay que temerle a la crítica, pero hay que saber hacerla y recibirla.

La coherencia anarquista no es una moda ni una utopía irrealizable, es el ejercicio constante de crítica y autocrítica que todas las individualidades y organizaciones libertarias debemos hacer para afinar aquellas partes en donde nuestro discurso no esté en relación de nuestra práctica, ya que a diferencia de otras ideologías el anarquismo se caracteriza por ser una en donde la práctica se desarrolla aquí y ahora y no en futuros paradisiacos a donde nunca se termina llegando. Apostémosle a la coherencia como una forma de construir entre anarquistas pero también con otras distintas a nosotras. Una sociedad anarquista solo será posible en ese diálogo de diversidades.

[Tomado de http://www.unionyfuerza.info/2014/08/la-coherencia-en-el-anarquismo.html.]

viernes, 5 de septiembre de 2014

Federación Anarquista de México: Estatutos


F.A.M.

PRINCIPIOS ÉTICOS

1.- La Federación Anarquista de México (FAM) se declara anarquista, esto es, anti estatista, enemiga de todo tipo de gobierno instaurado o que pretenda instaurarse. La Federación se declara anti estatista porque toda la historia humana muestra que ahí donde ha habido gobierno, del tipo que sea, siempre han existido explotados y explotadores; gente que vive en la más amplia comodidad, y una mayoría de gente que trabaja sin descanso para mantener clases acomodadas e inservibles para la producción y organización de la sociedad. Sabemos que la existencia del Estado es una pesada carga para todos los pobres, que a cambio de mantener en la opulencia a un puñado de ricos, obtienen solo miseria, explotación, ignorancia y muerte para mayor bienestar de las clases acomodadas.

2.- En consecuencia la Federación Anarquista de México declara que conforme a sus ideas, el poder político no debe ser tomado y pensar que ello supondrá la conquista de la libertad. La Federación declara sin tapujos, que el objetivo de la revolución no es la conquista del poder político, sino su destrucción. No pretendemos solamente destruir y no construir algo. La Federación, inspirada por los principios del comunismo anarquista, lucha y alienta la toma de los medios de producción por los trabajadores; los campos, fábricas, talleres, escuelas, medios de comunicación y de transporte, así como los almacenes hoy detentados por la burguesía, han de ser socializados y puestos a disposición inmediata de los trabajadores que los sabrán poner en marcha. Los oficios inútiles de policía, militar, cura, monja, y toda la burocracia del Estado ha de ser eliminada. La Federación tiene como objetivo final una sociedad de productores y consumidores libres, organizados bajo los términos de la libre asociación y distribución equitativa. Eliminada la propiedad privada, y socializados los medios de producción y de consumo, la producción irá en sentido contrario al actual. En la actualidad se produce para satisfacer a un voraz capitalismo. En la sociedad anarquista comunista que propugna la FAM, se producirá pensando ante todo en la satisfacción de las necesidades del pueblo.

3. Consecuente con los dos puntos anteriores, la Federación Anarquista de México no admitirá en su seno a personas pertenecientes a ningún tipo de partido político, incluido aquí mismo los partidos políticos que, sin ser grandes (las llamadas “planillas ciudadanas”) aspiran también a un pedazo del pastel que los ricos se reparten, otorgando las migajas a los pobres. Pensamos que es incoherente hacer lo que hacen otros movimientos sociales, que mientras lanzan las más incendiarias diatribas al Estado y al capital, reciben de ellos los medios económicos o materiales para ejercer sus actividades. No es posible servir a dos causas a la vez. Si se sirve al Estado se está forzosamente en contra del pueblo; si se sirve al pueblo se está en contra de todo lo que significa gobierno, se es anarquista. La FAM prefiere su dignidad y sinceridad a la lucha por la libertad de todo el pueblo trabajador, a la indigna posición que le hace el juego al capitalismo y al Estado. La FAM, en consecuencia, no recibe ningún tipo de financiamiento proveniente del Estado, ni de institución alguna ligada al capital.

4.- La FAM desea la eliminación de la propiedad privada. El capitalismo contemporáneo explota las más diversas fuerzas de trabajo (manual, intelectual, afectiva, comunicacional, etc.) y somete al dominio de la propiedad privada a bienes, saberes, afectos, cuerpos, información, y a la vida misma. En este contexto de barbarie, la FAM se propone subvertir el trabajo asalariado y enajenado, así como la propiedad privada y estatal, que en el mundo contemporáneo son algunos de los fundamentos económicos del capitalismo. La FAM se declara anticapitalista porque busca la libertad económica de l@s trabajadores atrapados en los grilletes del trabajo asalariado y enajenado. La libertad económica se logrará cuando la riqueza material e intangible sea propiedad común de tod@s l@s productores y el trabajo sea una actividad creativa autónoma y libremente asociada. El comunismo anarquista promulgado por la FAM pondrá a disposición de todo trabajador los medios necesarios para vivir y para producir.

5. La Federación Anarquista de México no reconoce fronteras nacionales. Reniega del nacionalismo porque divide a la humanidad y enfrenta a hermanos. Desea la Federación la destrucción de las fronteras, de las naciones y de toda barrera que divida a la especie humana. Desea la Federación la hermandad de todos los oprimidos por el Estado y el capitalismo sin importar su lugar de residencia. Por encima de las fronteras, la Federación extiende su solidaridad y apoyo mutuo a todos los explotados.

6. La Federación Anarquista de México aceptará en sus filas a todos los explotados y oprimidos del mundo trabajador, así como a estudiantes, amas de casa, desempleados, etc., que sufren las consecuencias del régimen estatal, capitalista y neoliberal, sin hacer exclusión de ninguno de ellos, ni tomando a ninguno de estos elementos como el principal en la lucha. Deseando la creación de una sociedad de hermanos liberados del capitalismo y del Estado, la FAM desea hacer de la lucha una semblanza de ese mundo nuevo que propugna, propagando la solidaridad y apoyo mutuo entre todos los componentes del mundo.

7.- La Federación Anarquista de México considera que la lucha por la emancipación del pueblo debe incluir, de manera implícita y explicita, la emancipación de la mujer de todo tipo de opresión. En consecuencia se declara antipatriarcal. No puede comprenderse la libertad si un solo miembro de la humanidad es esclavizado bajo cualquier manera. Por eso, la Federación Anarquista de México propugna la equidad entre mujer y hombre. No pretendiendo solo cambiar el rol del opresor, la Federación se manifiesta contraria a que en la lucha se privilegie a algún género, masculino o femenino, sino que ambos deben luchar juntos, comprendiendo que la opresión de la que todos somos víctimas, se debe ante todo al régimen de poder, opresión y explotación que se impone ante nosotros.

8.- La Federación se declara antiteista. Esto es, no partidaria de los movimientos de tipo religioso, aun cuando estos presenten tintes pseudo socialistas. Respetuosos de la libertad de las personas, la FAM desea la eliminación del culto religioso, que hoy por hoy es una de las mayores fuerzas económicas y políticas. Enemiga de la ciencia y del progreso, la religión ha de ser eliminada de manera que lo que hoy son iglesias propagadoras de la ignorancia, mañana sean escuelas donde se estudie y supere la mitología religiosa. La Federación desea que la religión sea sustituida por la ciencia. Que nuestras y nuestros niños crezcan educados por igual en una educación científica y no religiosa, real y no fantasiosa. Considera la federación que órganos oscurantistas que propagan la ignorancia y el alejamiento de los problemas actuales, son precisamente aquellos que mejor sirven a los fines de esclavitud que ejercen los gobiernos de todo el mundo.

PRINCIPIOS ÉTICOS O ÉTICA ANARQUISTA EN LA ORGANIZACIÓN FEDERADA:

9.- La Federación Anarquista de México se propone trabajar con base a la solidaridad, la fraternidad y la igualdad remarcando la responsabilidad y el compromiso siendo estos puntos parte esencial de la militancia libertaria. La Federación, al luchar por la eliminación de la autoridad, recomienda también una buena autodisciplina, que no sólo acabe con la tutela de los dirigentes, gobernantes o curas, sino que haga más funcional la lucha y el trabajo de los adherentes a la FAM.

10.- Se enfatiza promover la libertad individual y colectiva, donde el individuo no se imponga al colectivo ni el colectivo al individuo. La Federación es respetuosa de la libertad tanto individual y colectiva de cada persona u organización que trabaje dentro de la federación.

11.- Enfatizar en el consenso y la descentralización de las funciones en la organización federada, la horizontalidad. La FAM no es un organismo vertical, ni su existencia responde a aspiraciones dictatoriales que manden e impongan la voluntad de una persona o de un grupo de personas. Aspirando a la libertad, la practicamos en nuestra organización. En la FAM no hay líderes ni dirigentes, se practica la libertad y la solidaridad.

12.- Rotatividad: Sobre la rotatividad de las funciones de los delegados y comisionados. Es de 6 meses. La decisión sobre el nombramiento de cada uno de ellos o ellas es una cuestión de cada grupo federado y se hace en asamblea general de la FAM

13.- Revocabilidad en las funciones: esta se dará por monopolio de la información, por sobrepasar sus funciones en otras comisiones o funcionalidades de las que no fue delegado, o por incumplimiento o falto de interés (según el caso) en torno a los trabajos de las que fueran delegados por los grupos y personas federadas. La revocabilidad de los miembros o de la comisión entera puede darse en asamblea general por consenso de los asistentes de acuerdo y previa preparación de la asamblea para que ésta sea lo más nutrida posible.

14.- En la FAM se practica la solidaridad y la fraternidad, que están estrechamente ligadas a la idea de apoyo mutuo, donde se expresa la fraternidad y la confianza, ser solidarios con personas o grupos que necesiten nuestra ayuda, como ser solidarios entre nosotros.

15.- Reciprocidad en funciones, tareas o actividades: compromiso real de las personas y que es lo que van hacer. Cuando algún compañero se propone para realizar alguna labor organizativa dentro de la FAM, debe ser consciente de que se deposita en ella/el la confianza de la FAM para que cumpla con su labor, apelando al sentido de autodisciplina del que hablamos líneas arriba.

16.- Basarse en la crítica y la autocrítica siempre en pro de la construcción y solidificación del proceso, nunca en la destrucción. No consideramos ser poseedores de la verdad absoluta, por lo que es sumamente importante que constantemente veamos la manera en mejorar nuestro actuar. Nuestras finalidades no son cosas sencillas, pero hacia ellas debemos encaminar nuestros esfuerzos.

17.- La Federación Anarquista de México respeta de hecho la autonomía de cada organización o individuo que milite en la misma, pero ruega a la vez que éstos pongan todo su empeño en el trabajo organizador y militante que precisa la Federación. No pensamos que nuestros fines vayan a realizarse por algún tipo de fatalismo. Precisamos la voluntad activa de todos los militantes, respetando la libertad de cada uno, pero conjugando nuestros esfuerzos en pro de una labor y fines comunes.

Comprendiendo que la Federación Anarquista de México es una organización específica del anarquismo, es como se comprenderá el carácter de los principios éticos presentes.

[Fuente: http://federacionanarquistademexico.org/.]

martes, 12 de agosto de 2014

Ética y Anarquismo


Félix García

Posiblemente una de las características esenciales del anarquismo, uno de los rasgos que le diferencian notablemente de las demás corrientes políticas, incluso de las demás corrientes socialistas, es su dimensión ética. No hay anarquismo sin ética. Frente a toda una tradición de la política que tiene sus origenes en la Baja Edad Media y su máxima expresión teórica en Maquiavelo, los anarquistas van a negar el carácter autónomo de la política y a mantener con perseverancia y coherencia que la política debe estar regida por la ética, por una determinada forma de entender las relaciones sociales entre las personas. Es fundamental recuperar, analizar, desarrollar actualizándola, pero sobre todo practicar esa dimensión ética en la actualidad, en un momento en que la necesidad de comprometerse, de ser fiel a unos principios éticos, está absolutamente desprestigiada o, por lo menos, olvidada. Malos tiempos corren para hablar de ética en una sociedad en la que todos estamos cogidos en el consumismo, en el individualismo, el egoísmo, en el fetichismo de la mercancía, en una sociedad en la que todo se mide por el valor de cambio, por la utilidad que puede reportarnos en nuestro beneficio personal, convirtiendo a todo lo que nos rodea, personas y naturaleza, en simples cosas que pueden ser manipuladas, instrumentalizadas, avasalladas, perdiendo así la posibilidad no sólo de reconstruir una comunidad humana, sino al menos de recobrar la libertad y la dignidad que a cada uno de nosotros nos corresponde. Renunciar a esta dimensión ética es renunciar a que el anarquismo y los anarquistas tengamos algo que decir y mostrar con nuestra práctica cotidiana.

martes, 8 de julio de 2014

La lata de Coca Cola y la consecuencia - Breve apunte de ética anarquista para jóvenes


Guadalupe Rivera

Dice Wallerstein que “el uso abierto de la fuerza por parte del aparato de Estado para controlar a sus trabajadores es una técnica desestabilizadora y costosa y que generalmente es más un signo de debilidad que de fuerza. Los aparatos de estado verdaderamente fuertes han podido, de una y otra forma, controlar a los trabajadores por medios más sutiles”. De esta manera podemos referirnos a grandes espectros de la población -no sólo trabajadores- de México, como por ejemplo los jóvenes y jovenas (como dijeran lxs compas de Chiapas). La población juvenil en su mayoría se encuentra lastimosamente enajenada en su mundo Pop, escuchando música estéril y  consumiéndose, buscando sobresalir en una sociedad uniformadora, preparándose para un trabajo que les garantice una bonita casa, un bonito carro, una linda familia y un lindo perro. Juventud que forma en países como México el grueso de la población, que gracias a la hegemonía buscan su identidad solamente en su corte de cabello, en algún artista de moda, en su ropa, en tal o cual bebida o en tal o cual coche, jóvenes que de esta manera tratan de derrocar la máxima de Salvador Allende de “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta genética”.

Gracias al movimiento oaxaqueño de 2006, muchxs de esxs compas que de otra manera hubieran terminado enajenados tuvieron la oportunidad de conocer el anarquismo, el punk, el veganismo, el black block, el arte callejero, el software libre y otras formas contemporáneas de lucha. La identidad que de otra manera hubiera sido suplantada por la violenta sociedad de consumo se nutrió de todas estas experiencias en la lucha en las calles. Ahora en Oaxaca hay varios colectivos libertarios.

viernes, 24 de enero de 2014

Contra los jueces - El anarquismo frente a la justicia del Estado y el Capital


Aníbal D’Auria

Cuando alguien es acusado de un delito cualquiera, es común que acepte o niegue los cargos en su contra. Pero en los casos contra los anarquistas, siempre encontramos que, independientemente de la aceptación o negación de los actos juzgados, el acusado inexorablemente desconoce la legitimidad del proceso incoado. Repito: esta desautorización del juicio y de los jueces no implica necesariamente la negación de los actos delictivos que se les imputa. En general, los anarquistas no solían mentir al respecto; los que efectivamente cometían un atentado o cualquier otro acto perseguido por las leyes, lo reconocían sin tapujo, y con orgullo; pero cuando el proceso estaba “armado”, también lo denunciaban abiertamente (por lo demás, estos últimos casos han sido tan frecuentes que en casi todo proceso a un anarquista la sentencia condenatoria, en general, se ha dado por descontada de antemano). Por lo tanto, las críticas y la desautorización que vemos en los discursos analizados, para nuestro propósito, pueden desligarse del hecho específico de que el acusado haya o no cometido el “ilícito” imputado.

Creo que en los discursos que vimos es posible distinguir tres niveles de desautorización del proceso; tres niveles de negación del rito judicial que no son incompatibles entre sí, pero que revisten diversa importancia desde el punto de vista anarquista de la vida y de la sociedad.

1°- El primer nivel de esa crítica se refiere a los procedimientos policíacos y a las formas sumariales y procesales en que se basa la acusación fiscal. En general es una crítica a la ilegalidad o bajeza de los métodos de investigación empleados: espionaje, pago de testigos falsos, manipulación del jurado y toda otra gama de “fabricación de evidencia”.

Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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