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domingo, 5 de mayo de 2019

Debate (A): ¿No es el dinero un objeto?


Mike Peters

El dinero no es imaginario: parece ser tan objetivo como un muro de hormigón, pero esta objetividad es social. No tiene nada que ver con la forma sólida de las monedas, sino en última instancia con la solidaridad de la burguesía. Cuando la sociedad es burguesa, el poder del dinero equivale al poder concentrado de la burguesía. El cadáver de Marx ha vuelto como un aparecido para atormentarnos en el presente.

La tan cacareada ‘inmaterialidad’ del dinero no afecta a aquellos que nunca tienen suficiente para sus necesidades. Si no existe tal cosa, ¿cómo puede estar distribuida tan desigualmente? Su presencia fantasmagórica espanta a todos los que no pueden comprender su funcionamiento, es decir, a casi todo el mundo incluyendo a los supuestos expertos. Su ausencia fantasmal está provocando actualmente la misma consternación (¿dónde ha ido a parar?). Cualquiera que se tome en serio la idea de que el dinero ‘no tiene sustancia’, o que finja hacerlo, nunca podrá comprender el capitalismo, porque toda la gente actúa exactamente de la forma opuesta: esta sociedad se imagina que el dinero es la única cosa realmente vital de la que depende el resto de la creación, pues al convertirse en la vara de medir general se ha vuelto más importante que las cosas que mide. No es ilusión, la locura es que haya que darse cuenta de que es demasiado real.

domingo, 25 de febrero de 2018

Contra la monetarización y sus supuestas alternativas (incluido el “petro” y demás cripromonedas)



Revista Al Margen

Desde los lejanos tiempos neolíticos, a partir de la sedentarización y el desarrollo de la agricultura y la ganadería, en los años de buenas cosechas o de notable fertilidad del ganado, se producían acumulaciones de existencias que -al menos eso pensaban ciertas personas de aquella época- no podían resolverse únicamente mediante el trueque. Esa situación propició el nacimiento de determinadas formas de intercambio simbólico y la aparición de formas arcaicas de moneda. Esa moneda siempre venía condicionada por una cuestión de confianza en el emisor, dado que su valor real de cambio solía ser siempre superior e independiente de su valor de uso, un valor de uso que -dado que las monedas no se comen- era prácticamente nulo.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Venezolan@s sin dinero en efectivo para gastos básicas: Indignación y saqueos



Agencias

Venezuela es un caos. Maduro despotrica con lengua filosa contra todo el que ose criticarlo. Y su pueblo se siente estafado y ve cómo los devaluados bolívares revolucionarios cada día valen menos. Ayer en medio de la rabia y las quejas por la falta de dinero en efectivo miles de venezolanos intentaron depositar en el Banco Central de Venezuela BCV los billetes de 100 bolívares que son los de mayor denominación pero que ya no tienen valor en todo el país.

lunes, 11 de enero de 2016

Debate (A): El problema del dinero





















Periódico Todo por Hacer

Para quienes no aceptamos representantes políticos porque nos negamos a  delegar en nadie nuestra capacidad de decisión, el parlamento es la casa del amo. La urna, su herramienta. Por eso nos negamos a votar. Y nos negamos a votar todos los días del año. No votar sólo cada cuatro años es un gesto tan simbólico e inútil como votar sólo cada cuatro años.

El sistema nos convoca a elecciones todos los días de nuestra vida, no una vez cada cuatro años: Las cajas registradoras de las tiendas y los cajeros de los bancos son urnas donde nos piden que depositemos nuestro voto a diario. El euro es la papeleta que usamos para refrendar diariamente a nuestras autoridades monetarias (bancos centrales, ministros de economía y hacienda, etc.) Y quien dice “euro” dice “dólar”, “libra”, “yen”, etc. Todas estas son monedas comprendidas dentro de una categoría de dinero muy peculiar, conocida como “dinero fiat”. El término hace referencia al dinero que es creado por decreto del Estado (“fiat” viene del latín “hágase”). Todas las monedas fiat tienen en común que están respaldadas por la maquinaria coercitiva de un Estado que asegura su emisión y circulación mediante la imposición del pago de tributos en esa moneda y otra serie de garantías provistas por los cuerpos legislativos, judiciales y policiales.

martes, 6 de enero de 2015

La Deuda: Los primeros cinco mil años



David Graeber

A lo largo de sus 5.000 años de historia, la deuda siempre ha involucrado instituciones – ya sea la monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos Mosaicos, o la Sharia o ley canónica - – que imponen controles sobre las consecuencias sociales potencialmente catastróficas del endeudamiento.  Es solo en la era actual, escribe el antropólogo David Graeber, que estamos presenciando el primer sistema efectivo de administración planetaria creado en gran parte para proteger los intereses de los acreedores.

Lo que sigue es un fragmento de un proyecto mucho más grande para el estudio de la deuda y el dinero de la deuda en la historia de la humanidad. La primera e irresistible conclusión de este proyecto es que al estudiar la historia económica, tendemos sistemáticamente a ignorar el rol de la violencia, y el papel absolutamente importante que juega la guerra y la esclavitud en la creación y formación de las instituciones fundamentales de lo que ahora llamamos “la economía”. De hecho los orígenes importan. La violencia puede que sea invisible, pero permanece inscrita en la lógica misma de nuestro sentido común económico, en la propia naturaleza aparentemente evidente de instituciones que simplemente no podrían existir fuera del monopolio de la violencia – pero también, la amenaza sistemática de violencia – mantenida por el estado contemporáneo.


Permítanme comenzar con la institución de la esclavitud, que para mí juega un papel clave. A lo largo de la historia, la esclavitud ha sido vista como una consecuencia de la guerra. En ciertas ocasiones los esclavos son en realidad prisioneros de guerra, pero en otras no es así, pero invariablemente la guerra, casi sin excepción, es vista como el fundamento y la justificación de la esclavitud.  Al rendirse, lo que uno hace es entregar su vida; el vencedor tiene el derecho a matarnos, y en muchos casos lo hará. Si decide no hacerlo, uno literalmente le debe la vida; una deuda concebida como absoluta, infinita, irredimible.  En teoría el vencedor puede lograr de uno lo que quiera, y todas las deudas – obligaciones – que uno tiene con otros (sus amigos, familia, antiguas alianzas políticas), o que otros tienen con uno, se consideran como absolutamente ignoradas. La deuda con el nuevo amo, con tu propietario, es lo único que ahora existe.


De este tipo de lógica se derivan dos conclusiones muy interesantes, pero que al mismo tiempo se pueden considerar como diametralmente opuestas. Primero, como todos saben, la compra y venta de esclavos es otra típica – quizás fundamental – característica de la esclavitud. En este caso, la deuda absoluta se transforma (en otro contexto, el del mercado) en algo ya no absoluto. De hecho, se puede cuantificar. Es más, hay buenas razones para creer que fue exactamente esta operación la que hizo posible el surgimiento de la forma contemporánea del dinero. Lo que los antropólogos solían llamar “dinero primitivo”, el tipo que uno encuentra en sociedades sin estado (por ejemplo, las plumas de pájaro en las islas Salomón, el wampum de los iroqueses), antes que para comprar y vender mercadería, se usaba más para concertar bodas, arreglar disputas entre familias, y jugar con otros tipos de relaciones entre personas. Por ejemplo, si la esclavitud es deuda, entonces la deuda puede llevar a la esclavitud. Un campesino babilónico puede haber pagado una cantidad conveniente en plata a sus suegros para oficializar el matrimonio, pero ella de ninguna manera le pertenecía a él. Él no podía comprar o vender a la madre de sus niños. Pero la situación cambiaba completamente si el sacaba un préstamo. Si el entraba en mora, sus acreedores podían, primero, llevarse a sus ovejas y muebles, después, su casa, tierras y huertos, y finalmente, a su esposa, niños e incluso a el mismo, convirtiéndolos en esclavos por deuda hasta que el asunto sea arreglado (lo que naturalmente, pues sus recursos disminuían, se hacía cada vez más difícil).  Es la deuda lo que nos hace posible imaginar al dinero en su sentido contemporáneo, y por lo tanto, también crear lo que ahora nos gusta llamar el mercado:  una plaza donde todo se puede comprar y vender, porque todos los objetos son (como los esclavos) separados de sus antiguas relaciones sociales y existen solo en relación al dinero.


Pero al mismo tiempo la lógica de la deuda como conquista puede, como dije, llevarnos por otro camino. Los reyes, a lo largo de la historia, eran muy ambivalentes en cuanto la lógica de la deuda amenazaba con salirse fuera de control. Esto no implica que eran hostiles al mercado. Al contrario: normalmente lo apoyaban, por la simple razón de que para los gobiernos resulta inconveniente exigir todo lo que necesitan (sedas, ruedas para carros de guerra, alimentos exóticos, lápiz lázuli) de sus súbditos.  Es mucho más fácil fomentar los mercados y luego comprarlos allí. Los mercados antiguos solían seguir en muchos casos a los ejércitos o séquitos reales, o se formaban cerca de palacios, o en los márgenes de los puestos militares. Esto ayuda en cierto modo a explicar el comportamiento algo extraño de las cortes reales:  después de todo, dado que los reyes controlaban las minas de oro y plata, ¿cual era exactamente el propósito de estampar fragmentos de esos metales con la cara de uno, entregarlos a la población civil, y después demandar su devolución a través de impuestos?  Solo tiene sentido si la recaudación de impuestos era en realidad una manera de forzar a todos a adquirir monedas, facilitando así el surgimiento de los mercados, ya que su existencia era conveniente. Sin embargo, para nuestros propósitos actuales, la pregunta más importante es: ¿cómo se justificaban estos impuestos? ¿Por que los adeudaban los súbditos? ¿Que deuda estaban saldando al pagarlos?  Aquí regresamos otra vez al derecho de conquista.  (En realidad, en el mundo antiguo, los ciudadanos libres – sea en Mesopotamia, Grecia o Roma – a menudo no tenían que pagar impuestos directos solo por esta razón, pero obviamente aquí estoy simplificando el asunto). Si los reyes afirmaban tener el poder sobre la vida y muerte de sus súbditos, por derecho de conquista, entonces las deudas de sus súbditos eran, además, fundamentalmente infinitas: y también, por lo menos en ese contexto, las relaciones entre cada uno de ellos, lo que se debían entre ellos, no tenía importancia.  Lo único que existía era su relación al rey. Esto a su vez explica por que los reyes y emperadores siempre intentaban regular el poder que los amos tenían sobre los esclavos, y los acreedores sobre los deudores.  Lo mínimo que hacían era siempre insistir, si tenían el poder, era que aquellos prisioneros cuyas vidas ya habían sido perdonadas no podían ser matados por sus amos. De hecho solo los gobernantes podían tener el poder arbitrario sobre la vida y la muerte.  La más importante y suprema de las deudas que se podía tener era aquella con el estado:  era de verdad la única ilimitada, exigible de manera absoluta, cósmica.


Esto lo enfatizo por que esta lógica todavía esta con nosotros. Cuando hablamos de una “sociedad” (la francesa, la jamaiquina) en realidad estamos hablando de gente organizada bajo un solo estado nación. Ese es, por lo menos, el modelo tácito. Las “Sociedades” son en verdad estados, la lógica de los estados es la conquista, la lógica de la conquista es fundamentalmente idéntica a aquella de la esclavitud.  Es verdad que desde el punto de vista de los defensores del estado esto es transformado en una noción de una más benévola “deuda social”. Pero aquí nos encontramos con un pequeño cuento, una especie de mito. Todos nosotros hemos nacido con una deuda infinita con la sociedad que nos crió, alimentó y vistió, con aquellos muchos años ha desaparecidos que inventaron nuestros lenguajes y tradiciones, que hicieron posible nuestra existencia. En la antigüedad creíamos que ésta se la debíamos a los dioses (se la pagaba con el sacrificio, o el sacrificio era en verdad solo el pago de intereses – la cancelación final se la hacía con la muerte). Más tarde la deuda fue adoptada por el estado, en si una institución divina, con los sacrificios sustituidos por los impuestos, y la deuda de la vida por el servicio militar. El dinero es simplemente la forma concreta de esta deuda social, la manera en que es manejada. A los seguidores de Keynes les gusta esta lógica. Y también a algunas variedades de socialistas, de social demócratas, incluso cripto-fascistas como Auguste Comte (quien fue, que yo sepa, el primero que acuñó la frase “deuda social”). Pero esta lógica también se puede detectar en gran parte de nuestro sentido común: considere por ejemplo la frase “pagar nuestra deuda con la sociedad”, o “Yo sentía que le debía algo a mi país”, o “Yo quería devolverle algo”. En tales casos, los derechos y obligaciones comunes, los compromisos mutuos – las relaciones que la gente realmente libre puede establecer entre cada uno – tienden a ser incluidos dentro de una concepción particular de la “sociedad”, una donde todos somos iguales solo como deudores absolutos ante la (ahora invisible) presencia del rey, quien representa a la madre de uno, y por extensión, a la humanidad.


Lo que estoy sugiriendo, entonces, es que aunque las demandas del impersonal mercado, y de la “sociedad”, a menudo aparecen juntas – y definitivamente han tendido a conquistar más terreno de numerosas formas – ambas a la larga son construidas sobre una lógica de la violencia muy parecida. Pero esta tampoco es una mera cuestión de orígenes históricos, que puede ser hecha a un lado por ser insignificante, ya que sin la amenaza constante de la fuerza, el estado - y el mercado - no podrían existir.

Entonces, ¿Cuál es la alternativa?


Hacia una historia del dinero virtual


Aquí regreso a mi hipótesis original: que el dinero cuando primero apareció, no era la cosa fría, metálica, impersonal de la actualidad. Era una medida, una abstracción, pero también una especie de relación (de deuda y obligación) entre seres humanos. Es importante recordar que a lo largo de la historia es el dinero mercancía el que siempre ha sido asociado directamente con la violencia. Como dijo cierto historiador, “el metal precioso es un accesorio de la guerra, no del comercio pacífico.”(*1)


La razón es simple. El dinero mercancía, especialmente en forma de oro y plata, se puede distinguir del dinero crédito sobre todo por que se lo puede robar, una característica muy particular. Como un lingote de oro o plata es un objeto sin pedigrí, a lo largo de gran parte de la historia los metales preciosos han desempeñado el mismo papel que el maletín repleto de billetes del vendedor de drogas contemporáneo. Eso es, un objeto sin pasado alguno que puede ser cambiado por otros objetos de valor en casi cualquier lugar, sin que se hagan preguntas. Así, uno puede ver los últimos 5,000 años de historia humana como la historia de una especie de alternación. Los sistemas de crédito parecen surgir, y hacerse dominantes, en periodos de relativa paz social, a lo largo de redes de confianza. Surgen como creaciones del estado, o como instituciones transnacionales - que es el caso en la mayoría de los periodos - mientras que, en los periodos caracterizados por saqueos generalizados, son remplazados por metales preciosos. Sin duda alguna, los sistemas de préstamos rapaces han existido en toda la historia, pero han tenido efectos más dañinos en aquellos tiempos en que el dinero era más fácil de convertir en efectivo.


Por eso, como punto de partida para cualquier intento de discernir los grandes ritmos que definen el actual momento histórico, propongo el siguiente esquema para la historia de Eurasia, de acuerdo a la alternación entre periodos de dinero virtual y metal:
 

I.      Los Primeros Imperios Agrícolas (3500-800 AC). Forma dominante de dinero:
 Dinero crédito virtual

La mejor evidencia que tenemos sobre los orígenes del dinero se remonta a la antigua Mesopotamia, pero no existe alguna razón particular para creer que las cosas eran radicalmente diferentes en el Egipto de los Faraones, la China de la Edad de Bronce, o el Valle del Indus. La economía de Mesopotamia estaba dominada por grandes instituciones públicas (los Templos y Palacios) cuya administradores burocráticos efectivamente creaban moneda de cuenta al establecer una equivalencia fija entre la plata y la cebada, que era el cultivo principal. Las deudas eran calculadas en plata, pero esta rara vez era utilizada en las transacciones. Para esto se utilizaba la cebada, o cualquier otra cosa que en el momento estaba a la mano y era aceptable. Las deudas grandes eran registradas en tablas cuneiformes que se guardaban como garantías por ambas partes de la transacción.


No hay duda de que existían mercados. Los precios de ciertas mercancías que no eran producidas dentro de las propiedades de los Templos o Palacios, y que por lo tanto no estaban sujetas a las lista de precios oficiales, tendían a fluctuar de acuerdo a los caprichosos cambios de la oferta y la demanda. Pero la mayoría de las transacciones que se realizaban a diario, en particular aquellas que no se llevaban a cabo entre completos extraños, parecen haberse hecho a crédito. Las “mozas de cerveza”, o las propietarias de posadas, servían cerveza y alquilaban cuartos; fiándoles a sus clientes, los que pagaban el saldo total cuando venía la cosecha. Los comerciantes probablemente mantenían listas de clientes confiables a los cuales podían fiar, como sucede en la actualidad en los pequeños mercados del África o Asia Central. El hábito de cobrar con interés también nació en Sumeria – mientras en Egipto, por ejemplo, permaneció desconocido. Las tasas de interés, fijadas en el 20 por ciento, se mantuvieron estables por 2000 años. (Esto no es evidencia de regulación  o control estatal del mercado: en esta etapa eran instituciones como estas las que hacían posibles la existencia de los mercados). Sin embargo, esto produjo serios problemas sociales. Especialmente en los años de mala cosecha, los campesinos se endeudaban desesperadamente con los ricos, y debían entregar sus haciendas y, por último, a sus familiares, los que pasaban a ser esclavos por endeudamiento. Poco a poco esta situación parece haber conducido a una crisis social, una en que el pueblo, antes que tomar parte en un levantamiento popular, abandonaba completamente las ciudades y tierras habitadas, para convertirse en “bandidos” y asaltantes semi-nómadas. Pronto se volvió una tradición para cada nuevo soberano hacer borrón y cuenta nueva, cancelando todas las deudas, y declarando una amnistía general o “libertad”, para que todos los peones cautivos puedan regresar a sus familias. (Es importante recordar que la primera palabra en cualquier idioma que apareció equivalente a “libertad” fue la amarga del sumeriano, que literalmente significa “regreso a la madre”).  Los profetas bíblicos instituyeron una costumbre similar, la del Jubileo, en la cual después de siete años todas las deudas eran canceladas. Este es el ancestro directo de de la noción de la “redención” del Nuevo Testamento. Como el economista Michael Hudson ha indicado, parece una de las grandes desgracias de la historia que la institución de prestar dinero con interés se diseminó desde Mesopotamia, pero en gran parte sin los dispositivos que controlaban sus excesos.


II.      Era Axial (800 AC – 600 AC). Forma dominante de dinero: Monedas y metales preciosos


Esta fue la era en que nació la acuñación, al igual que las mayores religiones del mundo en la China, India y el Medio Oriente.(*2) Desde el periodo de los Reinos Combatientes en la China, de la fragmentación de la India y la carnicería y esclavización masiva que acompañó la expansión (y más tarde, la disolución) del Imperio Romano, esta fue una era de creatividad impresionante alrededor del mundo, pero también de una violencia igualmente impactante. La acuñación, que permitió el uso corriente del oro y plata como medios de intercambio, también hicieron posibles la creación de mercados, en el sentido más impersonal del término, que ahora es el más conocido. Los metales preciosos eran también mucho más apropiados para una era en que las guerras eran muy comunes, porque – algo obvio- eran más fáciles de robar. La acuñación definitivamente no fue inventada para facilitar el comercio (los fenicios, que eran magníficos comerciantes, estaban entre los últimos que la adoptaron). Parece haber sido inventada por primera vez para pagarles a los soldados, siendo probablemente los gobernantes de Lidia, en la Asia Menor, los primeros en hacerlo, al pagarles así a sus mercenarios griegos. Cartago, otra gran nación comerciante, comenzó a acuñar monedas bien tarde, y entonces solo, y explícitamente, para pagarles a sus soldados extranjeros.


Durante toda la antigüedad uno puede seguir hablando de lo que Geoffrey Ingham ha llamado el “complejo militar-acuñador”.(*3) Que hubiera sido mejor que lo llamara el “establecimiento militar - acuñador - esclavista” ya que la difusión de nuevas tecnologías militares (los hoplitas griegos, las legiones romanas) estuvo muy ligada a la captura y comercio de esclavos. La otra fuente principal de esclavos era la deuda: ahora que los estados ya no cancelaban las deudas periódicamente, aquellos que no tenían la suerte de ser ciudadanos de las más grandes ciudades-estado – las cuales eran generalmente protegidas de los prestamistas depredadores – eran presa fácil. Los sistemas de crédito del Cercano Oriente no se desmoronaron debido a la competencia comercial; fueron destruidos por los ejércitos de Alejandro Magno – ejércitos que requerían media tonelada de lingotes de plata por día para pagar salarios. Estos lingotes eran generalmente producidos por esclavos en las minas. Las campañas militares a su vez garantizaban un flujo continuo de nuevos esclavos. Los sistemas impositivos imperiales, como se explicó antes, fueron en gran parte diseñados para obligar a sus súbditos a crear mercados, para que los soldados (y por supuesto, también funcionarios del gobierno) pudieran usar los lingotes para comprar lo que quisieran. Los mercados impersonales que solían aparecer entre las sociedades, o a los márgenes de las operaciones militares, ahora comenzaron a hacerse común en toda la sociedad.


Por más trivial que sean sus orígenes, la creación de nuevos medios de intercambio – la acuñación apareció casi simultáneamente en Grecia, India y China – parece haber tenido profundos efectos intelectuales. Algunos incluso han ido más lejos, al sostener que la filosofía griega en si fue posible gracias a las innovaciones conceptuales introducidas por la acuñación. Sin embargo, el hecho más sorprendente es la aparición de las religiones que se convertirían en las mayores del mundo moderno (el judaísmo profético, el cristianismo, el budismo, el jainismo, el confucianismo, el taoísmo y, eventualmente, el Islam), en casi exactamente los mismos lugares, y al mismo tiempo en que uno observa la temprana expansión de la acuñación. Aunque los vínculos precisos todavía no han sido explorados completamente, de ciertas formas esas religiones parecen haber surgido como una reacción directa a la lógica del mercado.  Para expresarlo mas bien crudamente: si uno simplemente relega un determinado espacio social a la egoísta adquisición de cosas materiales, es casi seguro que pronto alguien vendrá a tomar posesión de otro espacio desde el cual predicar que, desde el punto de vista de los valores fundamentales, las cosas materiales no tienen importancia, y que el egoísmo – o incluso el yo – es una ilusión.


III.      La Edad Media (600 DC – 1500 DC). El retorno del dinero crédito virtual


Si la Era Axial estuvo marcada por la aparición de los ideales complementarios de los mercados y las religiones universales del mundo, la Edad Media fue el periodo en que esas dos instituciones empezaron a fusionarse. Las religiones comenzaron a tomarse los sistemas de mercado.(*4) Todo, desde el comercio internacional hasta la organización de ferias locales, cada vez más pasó a desarrollarse a través de redes sociales definidas y reguladas por las autoridades religiosas. Esto permitió, a su vez, el regreso por toda Eurasia de varias formas de dinero crédito virtual.


En Europa, donde todo esto se llevó a cabo bajo la protección del cristianismo, la acuñación se hizo presente de una forma esporádica y desigual. Después del año 800 DC, los precios eran calculados en gran parte de acuerdo a una antigua moneda carolingia que ya no existía (por entonces se la llamaba “dinero imaginario”), pero el comercio común diario se desarrollaba de otras maneras. Una forma común, por ejemplo, era el uso de “palos de cuentas”, pedazos de madera marcados que se partían en dos para mantener un récord de las deudas, guardando el prestamista una mitad y el deudor la otra. Tales palos de cuenta fueron de uso común hasta bien avanzado el siglo 16. Las transacciones más grandes se realizaban usando letras de cambio, las que se liquidaban en las grandes ferias de comercio. La Iglesia, mientras tanto, suministraba un marco legal, haciendo cumplir controles estrictos sobre el préstamo de dinero a interés y prohibiciones contra la esclavitud por deuda.


El verdadero centro nervioso de la economía medieval, sin embargo, era el Océano Índico, el cual, junto con las rutas de las caravanas en Asia Central, conectaba a las grandes civilizaciones de India, China y el Medio Oriente. Aquí el comercio se realizaba dentro de las estructuras del Islam, que además de proveer un marco legal favorable a las actividades mercantiles (al mismo tiempo que prohibía absolutamente el préstamo de dinero con interés), permitió relaciones pacíficas entre los mercaderes de una considerable parte del mundo, haciendo posible la creación de una variedad de instrumentos sofisticados de crédito. De hecho, en esto Europa Occidental, como en muchas otras cosas, se había quedado atrás: la mayoría de las innovaciones financieras que llegaron a Italia y Francia en los siglos 11 y 12 ya eran de uso común en Egipto o Iraq desde los siglos 8 y 9. La palabra “cheque”, por ejemplo, es derivada del árabe sakk, y apareció en el inglés recién alrededor del año 1220 AD.


El caso de China es incluso más complicado: la Edad Media se abrió ahí con la rápida expansión del budismo, el cual, aunque no estaba en la posición de promulgar leyes o regular el comercio, rápidamente actuó contra los usureros locales estableciendo en sus propios templos las primeras casas de empeño de todo el mundo, para darles a los campesinos pobres una alternativa a la del usurero. Sin embargo, pronto el estado se volvió a imponer, como es común en China. Pero al hacer esto no solo reguló las tasas de interés e intentó abolir la esclavitud por deuda, sino que también abandonó completamente el uso de metales preciosos al inventar el dinero papel. Todo esto fue acompañado - otra vez - por el desarrollo de una variedad de instrumentos financieros complejos.


Aún así, no sería correcto decir que este periodo no estuvo también marcado por la matanza y el saqueo (en particular durante las grandes invasiones nómadas) o que la acuñación no era, en muchos lugares y épocas, un importante medio de intercambio. Pero lo que realmente caracteriza al periodo parece ser un movimiento en otra dirección. Durante la mayor parte del periodo medieval la moneda se desvinculo considerablemente de las instituciones coercitivas. A los cambistas, en otras palabras, se los invitó a que regresen a los templos, donde podían ser monitoreados. Esto llevó a un florecimiento de las instituciones que requerían de un mayor grado de confianza social.


IV.      La Era de los Imperios Europeos (1500-1971). El retorno de los metales preciosos


Con la llegada de los grandes imperios europeos – primero los ibéricos, después los del Atlántico Norte – el mundo experimentó una reversión a la esclavización masiva, al saqueo y a las guerras de destrucción, junto con el consecuente y rápido regreso del oro y plata como la forma principal de dinero. Los historiadores probablemente terminarán demostrando que los orígenes de estas transformaciones fueron más complicados de lo que normalmente asumimos. Parte de esto ya estaba comenzando a ocurrir incluso antes de la conquista del Nuevo Mundo. Uno de los principales factores en el regreso de los metales preciosos, por ejemplo, fue la aparición de movimientos populares durante la temprana dinastía Ming, en los siglos 15 y 16, que al final obligaron al gobierno a abandonar no solo el dinero papel, si no también cualquier intento por imponer su propia moneda. Esto condujo a la reversión del vasto mercado chino a un estándar basado en la plata sin acuñar. Dado que los impuestos fueron gradualmente denominados en plata, pronto la China adoptó una política casi oficial de traer al país cuanta plata sea posible, para mantener los impuestos bajos y evitar nuevas revueltas populares. El súbito aumento en la demanda de plata afectó a todo el mundo. La mayor parte de los metales preciosos saqueados por los conquistadores y posteriormente extraídos por los españoles de las minas de Méjico y Potosí (a costa de una casi inimaginable pérdida de vidas humanas) terminaron en China. Esos vínculos globales que eventualmente se desarrollaron a lo largo y ancho de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico han sido por supuesto documentados en gran detalle. Lo importante es que la disolución del vínculo entre el dinero y las instituciones religiosas, y su posterior vinculación con instituciones coactivas (en especial el estado), fue aquí acompañado de una reversión ideológica al “metalismo”.(*5)  

En este contexto, el crédito era en general un asunto que le concernía a gobiernos cuyo funcionamiento dependía en gran parte del financiamiento de déficits, una forma de crédito que, a su vez, fue inventada para financiar guerras cada vez más caras. A nivel internacional el imperio Británico mantuvo firmemente el patrón oro durante el siglo 19 y principios del 20, y grandes batallas políticas se pelearon en los EEUU sobre el patrón a adoptar en el futuro, si debía ser basado en el oro o la plata.


Este fue también, evidentemente, el período del surgimiento del capitalismo, de la revolución industrial, de la democracia representativa, etcétera. Yo no busco quitarles su importancia, si no proveer un marco para comprender eventos tan bien conocidos en un contexto menos familiar. Así se hace más fácil, por ejemplo, detectar los vínculos entre la guerra, el capitalismo y la esclavitud. A lo largo de la historia, la institución del trabajo asalariado, por ejemplo, ha surgido de aquella de la esclavitud (los primeros contratos de trabajo en la historia, desde Grecia hasta las ciudades-estados de Malaya, eran en realidad para alquiler de esclavos), y también ha tendido a estar estrechamente vinculada a varias formas de esclavitud por deuda – tal como sucede en la actualidad. Hablamos de tales instituciones usando el lenguaje de la libertad. Pero en la mayor parte de la historia, lo que nosotros consideramos la libertad económica ha estado fundamentada en una lógica considerada como la mismísima esencia de la esclavitud.

V.      Era actual (de 1971 al presente). El imperio de la deuda


Se puede decir que la era actual empezó el 15 de Agosto de 1971, cuando Richard Nixon, entonces presidente de los EEUU, suspendió oficialmente la convertibilidad del dólar al oro, creando efectivamente los regímenes de libre flotación de la actualidad. En todo caso, hemos regresado a la era del dinero virtual, en la que en las compras realizadas por el consumidor en países ricos, rara vez interviene siquiera el papel moneda, y las economías nacionales se mueven en gran parte gracias al crédito de consumo. Es en este contexto que podemos hablar de la “financialización” del capital, en donde la especulación en divisas e instrumentos financieros se convierte en una entidad en si misma sin ningún vínculo inmediato con la producción o incluso el comercio. Este es por supuesto el sector que ahora ha entrado en crisis.

Por ahora, muy poco se puede decir con alguna certitud de la presente era. Treinta o cuarenta años no es nada frente a los extensos periodos con los que hemos trabajado. Es claro que este periodo recién ha empezado, pero este análisis, a pesar de su crudeza, por lo menos nos permite hacer algunas propuestas bien informadas.


A lo largo de la historia, como hemos visto, las eras de dinero crédito virtual también han involucrado la creación de alguna especie de institución con alcance global – la monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos mosaicos, el Sharia y la ley canónica – que ponen ciertos controles sobre las potencialmente catastróficas consecuencias sociales de la deuda. Casi siempre involucran instituciones (las cuales generalmente no coinciden exactamente con el estado, que es normalmente más grande) para la protección de los deudores. Hasta ahora el movimiento ha sido en la dirección opuesta: a partir de la década de 1980, hemos presenciado la creación del primer sistema efectivo de administración planetaria, el cual opera a través del FMI y el Banco Mundial, junto con las corporaciones y otras instituciones financieras, en general para proteger los intereses de los prestamistas. Sin embargo, este aparato rápidamente entró en crisis, primero por el desarrollo acelerado de movimientos sociales mundiales (el movimiento de globalización alternativa), que en efecto destruyeron la autoridad moral de instituciones como el FMI, y dejó a muchas de ellas a un paso de la bancarrota; y actualmente por la crisis bancaria actual y el colapso económico global. Aunque la nueva era del dinero virtual recién ha comenzado, y las consecuencias a largo plazo todavía no están claras, ya nos es posible decir una o dos cosas. La primera, que el movimiento hacia el dinero virtual no es en sí mismo, necesariamente un efecto insidioso del capitalismo. De hecho, puede al final significar exactamente lo opuesto. En la mayor parte de la historia, los sistemas de dinero virtual estuvieron diseñados y regulados para evitar, desde el principio, que algo parecido al capitalismo pudiera surgir en el futuro – al menos, nada como lo que existe en su forma actual, con la mayoría de la población del mundo empujada a una situación que en muchos otros periodos de la historia hubiera sido asemejada a la esclavitud. Segundo, se debe subrayar el papel absolutamente crucial que juega la violencia en la definición de los mismos términos que usamos para imaginarnos a la “sociedad” y los “mercados – de hecho, en muchas de nuestras más elementales ideas de libertad. Un mundo que no esté completamente dominado por la violencia rápidamente desarrollaría otras instituciones. Por último, al pensar sobre la deuda fuera de los muy estrechos marcos intelectuales del estado y los mercados, se nos abren alternativas realmente emocionantes. Por ejemplo, podríamos preguntarnos si, en una sociedad en que aquella base de violencia ha sido arrancada, ¿Exactamente que deudas existirían entre hombres y mujeres libres? ¿Qué clase de promesas deberían hacerse los unos a los otros, a que deberían comprometerse?


Esperemos que todos, algún día, lleguemos a un punto en que podremos empezar a hacernos tales preguntas. En tiempos como estos, uno nunca sabe.

David Graeber es un antropólogo y anarquista, actualmente catedrático del Goldsmiths College de la Universidad de Londres.

Este artículo apareció por primera vez en inglés en la revista Mute, edición número 12 del año 2009, y ha sido traducido por Carlos Icaza Estrada.


Notas

(1)Geoffrey W. Gardiner. “The Primacy of Trade Debts in the Development of Money”. en Randall Wray (ed.). Credit and State Theories of Money: The Contributions of A. Mitchell Innes.
Cheltenham: Elgar, 2004. P.134.


(2)La “Era Axial” fue un término inventado por Karl Jaspers para describir el relativamente corto periodo entre los años 800 AC y 200 DC, en el cual creía que casi todas las principales corrientes filosóficas que conocemos aparecieron simultáneamente, en China, India y el Mediterráneo Oriental. Aquí lo uso de acuerdo al significado más comprensivo que Lewis Mumford le dio al término, como un periodo en el que nacieron todas las religiones ahora existentes, aproximadamente desde el tiempo de Zoroastro al de Mahoma.

(3)Una alusión a la famosa frase del General Dwight Eisenhower acerca de la influencia del “military-industrial complex” (N. del T.).


(4)Aquí la mayor parte de lo que generalmente se llama la “Época Oscura” la incluyo en el período anterior, caracterizado por el militarismo predatorio y la consecuente importancia de los metales preciosos: después de todo, las incursiones vikingas, y el cobro a Inglaterra del famoso danegeld [tributo vikingo – N. del T.] en los años 800, pueden ser vistos como unas de las últimas manifestaciones de una era en la cual el militarismo predatorio iba mano a mano con la acumulación de montones de oro y plata.


(5)El mito de las teorías del dinero basadas en el trueque y las mercancías fue por supuesto desarrollado en este periodo

sábado, 25 de octubre de 2014

Cómo la banca crea el dinero


Chema (SOV-CNT, Ferrol)

Cualquier moneda de curso legal puede existir de tres formas: 1) en efectivo —billetes y monedas— 2) en reservas en el banco central —reservas que mantiene la banca comercial en los bancos centrales— y 3) dinero bancario —cuentas corrientes y depósitos en los bancos, creados mayoritariamente cuando los bancos conceden préstamos, créditos o compran deuda pública de los estados—. Seguimos los artículos "Where does Money come from? A guide to the UK monetary and banking system" de Josh Ryan-Collins, Tony Greenham, Richard Werner y Andrew Jackson y el artículo "Money creation in de modern economy" de Michael McLeary, Amar Radia y Ryland Thomas.

Dinero fiduciario

La mayor parte del dinero en la economía moderna es creado por la banca comercial cuando hace préstamos (alrededor de un 97%). Hay que tener en cuenta también que, en la actualidad, el dinero es fiduciario, es decir, que únicamente está respaldado por la autoridad que lo emite (antiguamente el rey, ahora el estado o los bancos centrales) y no por los bienes y servicios por los que se puede intercambiar. El billete de 10 euros en tu cartera o los 400 euros de dinero digital que puedas tener en tu cuenta corriente no están respaldados por ningún bien real y tampoco los puedes cambiar por oro o plata.

La creación del dinero difiere de lo que la gente común acostumbra a entender. Los bancos no actúan simplemente como intermediarios entre los ahorradores y los inversores, siendo la diferencia entre el interés que los bancos pagan a los ahorradores y el interés que cargan a los prestatarios lo que se llama diferencial de tipo de interés o margen. Tampoco únicamente convierten la base monetaria o dinero de alta potencia —efectivo en manos del público y reservas en los bancos centrales— en oferta monetaria —M4 en su sentido más amplio— a través de multiplicador monetario para crear préstamos y depósitos. Esto último es denominado banca de reserva fraccionaria y consiste en que el sistema bancario puede prestar unas cantidades muy superiores al efectivo y reservas que tiene en los bancos centrales.

Así por ejemplo, al comienzo de la actual crisis los bancos en Inglaterra por cada 100 libras que prestaban tenían en efectivo y en reservas en el banco de Inglaterra 1,25 libras. Esto se debe a que los bancos operan dentro de un sistema electrónico de compensación que hace que todos los días se cancelen un montón de operaciones de trasvase de dinero entre ellos, pudiéndose arriesgar a tener sólo en las reservas de los bancos centrales una pequeña proporción del dinero que prestan.

Mientras en la antigua Babilonia se usaban tablillas de arcilla para llevar una contabilidad de los préstamos concedidos y deudas pendientes de pago, en Europa se usaron durante muchos siglos para registrar las deudas varillas hechas de madera de avellano. Cuando el comprador se endeudaba al aceptar bienes y servicios de un vendedor que automáticamente se convertía en acreedor, a los palos se les hacía una muesca para indicar la cantidad de deuda que se había contraído y se rompían en dos, asegurándose que ambas partes coincidían a la altura de la muesca y que no se podían falsificar. Este tipo de contabilidad se utilizó en Inglaterra hasta 1826. Hoy se pueden ver estos palos en el museo Británico.

La usura y el negocio

Después de la revolución gloriosa inglesa de 1688 y bajo el reinado de Guillermo III, se pusieron en práctica leyes muy beneficiosas para los bancos y que permitían la práctica de los préstamos con intereses, visto antes como usura. Debido a las bancarrotas anteriores como consecuencia de las elevadas deudas contraídas por los reyes en las guerras y a la relativa asiduidad de las mismas, el parlamento, en connivencia con los acreedores del estado, principalmente prestamistas de la city londinense abogaron por la creación de un gran banco privado con privilegios públicos —el Banco de Inglaterra, creado en 1694— y la cesión de una milla cuadrada en el centro de Londres que opera como un estado soberano dentro de otro estado (la city londinense). De esta manera el estado Inglés empezó a pedir préstamos con interés por primera vez en su historia a una entidad privada y como aval de su devolución se comprometía a que una parte de sus impuestos fueran a pagar los intereses y el principal de la deuda. Así el sistema de crédito privado reemplazó el anterior sistema público de emisión de dinero en forma de palos de avellano emitidos por el Tesoro. Para simbolizar este hecho, estos palos fueron enterrados en los cimientos del banco de Inglaterra. Era la primera vez en la historia que los impuestos se convertían en la herramienta del estado para devolver sus deudas a los prestamistas privados.

Desde el momento que un banco hace un préstamo, simultáneamente está creando un depósito a nombre del prestatario y por consiguiente está creando la oferta monetaria (M4 en su sentido más amplio). Así pues, la realidad de cómo se crea el dinero difiere de lo que dicen la mayoría de los libros de texto en materia económica.

Dinero creado de la nada

En realidad la mayor parte del dinero en circulación se está creando de la nada por parte del sistema bancario cada vez que un ciudadano acude a cualquier sucursal a pedir financiación. Simplemente el banco lo que hace es un apunte contable en el activo de su balance por el importe del préstamo y otro en el pasivo por el importe del depósito que se crea. Eso sí, el banco pedirá avales y garantías por el dinero que está prestando y que se ejecutarán en el caso de que el cliente no pague. Así el prestatario tendrá que devolver con su trabajo, en caso de que lo tenga, un dinero que la banca privada crea de la nada simplemente porque la legislación le confiere esa autoridad y si no paga, la entidad financiera le embargará un bien que sí tiene un valor real en el mercado.

Del mismo modo que la realidad de cómo se crea el dinero difiere, en muchos casos, de cómo nos lo están contando, la relación entre las reservas de los bancos centrales y los préstamos de la banca comercial se produce de manera inversa a lo que dicen muchos de los libros especializados en economía. La banca comercial primero decide, en función del tipo de interés fijado por los bancos centrales (en la zona euro los tipos los fija el BCE) y las oportunidades de negocio que hay, cuánto dinero van a inyectar en la economía. Con este tipo de decisiones crean la contraparte de los préstamos, que como se dijo antes son los depósitos y éstos últimos son los que determinan cuánto dinero la banca comercial va a mantener como reserva en los bancos centrales de las diferentes zonas económicas para atender a la retirada de dinero por parte del público, hacer pagos a otros bancos o cumplir los ratios de liquidez que la legislación al efecto impone.

La descripción de la creación del dinero contrasta con la noción de que los bancos solo pueden prestar dinero que ya está creado. Los depósitos bancarios —entiéndanse englobados dentro de ellos las cuentas corrientes que todos o la mayoría de nosotros tenemos en cualquier banco o caja de ahorros— en realidad son un pasivo para el banco que indica la cantidad de dinero que éste debe a los titulares de los mismos. En otras palabras, es una deuda que estos tienen con sus clientes y no un activo que pudieras prestar, como en realidad hacen y además aplicando la reserva fraccionaria, y por lo tanto prestando mucho más que el depósito que fue creado con la concesión del préstamo correspondiente.

Otra falacia es que los bancos pueden prestar a sus clientes el dinero que tienen en reserva en el BCE. Este tipo de reservas solo pueden prestarse en el mercado interbancario, ya que el común de los mortales no tiene acceso a las reservas depositadas en las cuentas de los bancos centrales.

Creación y destrucción del dinero vía prestamos

Así como mediante la concesión de préstamos se crea dinero, la cancelación de estos préstamos lo destruye. Veamos un ejemplo: Si mañana Manolo Pérez va a su banco habitual y pide un préstamo hipotecario para comprar lo que va a ser su vivienda habitual, el banco al concederle el dinero, está creando un depósito en el otro lado de su balance por la misma cantidad y que se cancelará cuando Manolo Pérez devuelva el préstamo. Esta es la forma más habitual de creación y destrucción de dinero, pero no la única. La creación de depósitos o su destrucción también ocurre cada vez que el sector bancario compra o vende instrumentos de deuda pública o privada.

La banca comercial con frecuencia compra deuda pública como parte de una cartera de inversión diversificada y de gran liquidez que puede vender con relativa facilidad para conseguir dinero del Banco Central en caso de que sus clientes quieran hacer retiradas masivas y simultáneas de dinero metálico.

Aunque la banca comercial crea la mayor parte del dinero en circulación (aproximadamente un 97% como se apuntó antes), no lo puede hacer de manera ilimitada. El precio de los préstamos es el tipo de interés y determina en gran medida la cantidad de dinero que las economías domésticas y las empresas van a pedir prestado y lo fijan los bancos centrales de las diferentes zonas económicas.

[Tomado del periódico CNT # 414, agosto-septiembre 2014; accesible en http://cnt.es/sites/default/files/Peri%C3%B3dico%20CNT%20414%20-%20Septiembre%202014.pdf.]

domingo, 4 de mayo de 2014

La verdad sale a la luz: el dinero es deuda reconocida para provecho de la banca


D. Graeber

En los años de 1930, se dice que Henry Ford comentó que era una buena cosa que la mayoría de los estadounidenses no supiesen cómo trabajaba realmente la banca, porque si lo entendieran, “habría una revolución antes de mañana por la mañana”.

A comienzos de marzo pasado, algo extraordinario sucedió. El Banco de Inglaterra reveló ese secreto. En un artículo titulado "Money Creation in the Modern Economy" [http://www.bankofengland.co.uk/publications/Documents/quarterlybulletin/2014/qb14q102.pdf], co-escrito por tres economistas de la Dirección de Análisis Monetario del Banco, se declaró abiertamente que las suposiciones más comunes sobre cómo funciona la banca son simplemente erradas, y que las posiciones heterodoxas - comúnmente asociadas con grupos como Occupy Wall Street - son correctas. Al hacerlo, han arrojado toda la base teórica de la austeridad por la ventana.

Para tener idea de lo radical que es la nueva posición del Banco, considérese el punto de vista convencional, que sigue siendo la base de todo debate "respetable" en la política pública: La gente pone su dinero en los bancos, y entonces los bancos prestan el dinero a interés, ya sea a los consumidores, o para los empresarios que deseen invertir en algún negocio rentable; se tiene por seguro que el sistema de reserva fraccionaria no permite que los bancos presten mucho más de lo que tienen en reserva, y si los ahorros no son suficientes, entonces los bancos privados pueden tratar de pedir más dinero prestado del banco central.

El banco central puede imprimir tanto dinero como desee. Pero también se cuida de no imprimir demasiado. De hecho, a menudo se nos dijo que esta es la razón de existir de los bancos centrales independientes. Si los gobiernos pueden imprimir dinero a voluntad, seguramente imprimirían demasiado, y la inflación resultante llevaría la economía al caos. Instituciones como el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal de EE.UU se crearon para regular cuidadosamente la oferta de dinero evitando la inflación. Es por esto que se les prohíbe financiar directamente al gobierno, por ejemplo mediante la compra de bonos del tesoro, o financiar la actividad económica privada que el Gobierno solamente puede gravar.

Es esta concepción la que nos permite seguir hablando de dinero como si se tratara de un recurso limitado, como la bauxita o el petróleo, y poder decir “no hay suficiente dinero” para financiar programas sociales, hablar de la inmoralidad de la deuda pública o del gasto público “desplazado” al sector privado (el "crowding out" de los “expertos”). Lo que el Banco de Inglaterra admitió esta semana es que nada de esto es realmente verdadero. Citando al resumen inicial del artículo: “En lugar de los bancos recibir depósitos cuando los hogares ahorran y luego prestarlos, los préstamos bancarios crean depósitos” … “En tiempos normales, el banco central no fija la cantidad de dinero en circulación, ni es el dinero del banco central ‘multiplicado’ en más préstamos y depósitos”.

En otras palabras, todo lo que sabemos, no es que sea incorrecto: es justo al revés. Cuando los bancos dan préstamos, crean dinero. Esto es porque el dinero en realidad sólo es un reconocimiento de deuda. El papel del banco central es presidir un orden jurídico que otorga efectivamente a los bancos el derecho exclusivo de crear pagarés de un cierto tipo, que el gobierno va a reconocer de curso legal por su disposición a aceptar el pago de impuestos. Realmente no hay límite en la cantidad de dinero que los bancos puedan crear, a condición de que puedan encontrar a alguien dispuesto a pedirlo prestado. Ellos nunca se quedan atrapados, por la sencilla razón de que los prestatarios, en general, toman el dinero y lo ponen debajo de sus colchones, o en última instancia, cualquier dinero de préstamos bancarios sencillamente terminará en algún otro banco. Así que para el sistema bancario en su conjunto, todos los préstamos simplemente se convierte en otro depósito. Lo que es más, en la medida en que los bancos necesitan adquirir fondos del banco central, pueden pedir prestado tanto como quieran, todo esto lo que realmente hace es establecer la tasa de interés, el costo del dinero, no su cantidad. Desde el principio de la recesión, los bancos centrales de Estados Unidos y Gran Bretaña han reducido ese costo a casi nada. De hecho, con la “flexibilización cuantitativa” han estado bombeando de manera efectiva tanto dinero como han podido en los bancos, sin producir efectos inflacionarios.

Lo que esto significa es que el límite real de la cantidad de dinero en circulación no es lo que el banco central está dispuesto a prestar, sino la cantidad que el gobierno, las empresas y los ciudadanos comunes, están dispuestos a pedir prestado. El gasto público es el principal motor de todo esto (y el documento no admite, si se lee con atención, que el banco central financia al gobierno después de todo). Así que no hay duda sobre el gasto público “desplazando” ("crowding out") la inversión privada, porque es exactamente lo contrario.

¿Por qué el Banco de Inglaterra de pronto admite todo esto? Bien, una razón posible es por ser obviamente cierto. El trabajo del Banco es gestionar el sistema, y en los últimos tiempos, el sistema no ha estado funcionando especialmente bien. Es posible que se decidiera que mantener la fantasiosa versión de la teoría económica oficial, que ha demostrado ser muy conveniente para los ricos, es simplemente un lujo que ya no puede permitirse.

Pero políticamente, esto está tomando un riesgo enorme. Basta pensar en lo que podría suceder si los titulares de hipotecas se dieran cuenta de que el dinero que el banco les prestó no es, en realidad, las alcancías de toda la vida de algunos ahorristas pensionados, sino algo que el banco sólo creó gracias a estar en posesión de una varita mágica que nosotros, el público, hemos dejado en sus manos.

Históricamente, el Banco de Inglaterra ha tendido a ser un referente, replanteando aparentes posiciones radicales que en última instancia se convierten en nuevas ortodoxias. Si eso es lo que está pasando aquí, puede ser que pronto estemos en condiciones de saber si Henry Ford tenía razón.

[Original en inglés publicado por el diario The Guardian, 18/3/14, http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/mar/18/truth-money-iou-bank-of-england-austerity; traducido por la redacción de El Libertario.]


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