Rafa Rius
Todo grupo de afinidad, como toda religión, tiene sus ortodoxias y sus ortodoxos. Todo colectivo conserva en su seno personas convencidas de estar en posesión de alguna suerte de verdad revelada. Temerosas de que la menor duda acerca de sus creencias pueda llevarlas a patalear en el abismo, al desastre y el caos, defienden en toda ocasión y ante quien sea, la veracidad incorruptible de sus dogmas, unos dogmas que, además, nunca reconocerán como tales.
Todo grupo de afinidad, como toda religión, tiene sus ortodoxias y sus ortodoxos. Todo colectivo conserva en su seno personas convencidas de estar en posesión de alguna suerte de verdad revelada. Temerosas de que la menor duda acerca de sus creencias pueda llevarlas a patalear en el abismo, al desastre y el caos, defienden en toda ocasión y ante quien sea, la veracidad incorruptible de sus dogmas, unos dogmas que, además, nunca reconocerán como tales.









