
Capi Vidal
El
siglo XX queda muy atrás, con sus fallidas promesas emancipatorias y
paralela consolidación de un sistema alienante; inmersos ya en un siglo
XXI, que ofrece motivos para la desesperanza, ya que una mayoría parece
seducida por un sistema que convierte a las personas en meros
consumidores, pero también para mostrarse optimistas, ya que proliferan
movimientos críticos que adoptan medios libertarios en búsqueda de esa
necesaria liberación.
El
sistema capitalista ofrece, de manera obvia, una ilusión de progreso.
Así, una mayoría de seres humanos, convertidos en meros consumidores, se
resignan ante un estado de las cosas que parece inamovible, ya que se
muestra determinista en esa visión de un supuesto progreso basado en la
acumulación. Ello, a pesar de hablar de un sistema basado en la
explotación de los más y en la esquilmación de recursos planetarios, con
la grave consecuencia de la indigencia de gran parte de la población y
la devastación del medio ambiente. Si verdaderamente creemos en la
supervivencia de la humanidad, en un cambio de rumbo de la civilización,
hay que cuestionarse qué es lo que nos convierte en simples actores
pasivos dentro de este estado de las cosas y de esa visión de la
historia. Hay quien sostiene que esa colonización de las conciencias,
por parte del capitalismo, se basa fundamentalmente en el deseo de esa
obsesión por el consumo, basada en una supuesta mejora de nuestro nivel
de vida, que el sistema asigna y determina. Se trata de una colonización
evidentemente profunda, pero no por ello deja de ser susceptible a una
liberación y a un cambio de lo que deseamos: el deseo de tener, que nos
encadena a un sistema de dominación y explotación, debe ser sustituido
por un deseo de libertad, de ser libres, basado en el apoyo mutuo y en
el reconocimiento del otro.